Intimidad: una lectura psicoanalítica posible

Jorge Eduardo Catelli, APA

¿Quién no podría corroborar por su propia experiencia que en las creaciones y urdimbres del genio de los sueños suelen manifestarse una profundidad e intimidad del ánimo, una delicadeza de la sensación, una claridad en las intuiciones, una finura de observación, una justeza en el chiste, tales que modestamente admitiríamos no poseerlas como propiedad constante en la vida de vigilia?”

Sigmund. Freud (1900a)

“La conciencia moral […] se manifiesta para nosotros tanto más exigente cuanto más afinada, tanto más cruel cuanto menos la ofendemos, tanto más puntillosa cuanto es en la intimidad misma de nuestros impulsos y nuestros deseos que la forzamos por nuestra abstención en los actos a ir a buscarnos.”

J. Lacan (1960),

Algunas ideas introductorias

El sufrimiento nos amenaza por tres lados” según Freud (1930 a [1929]), desde el propio cuerpo, del mundo exterior y de las relaciones con otros seres humanos. El primero, el del propio cuerpo, condenado a la decadencia y a la aniquilación, no puede prescindir si quiera, de los signos de alarma que representan el dolor y la angustia; el segundo, el del mundo exterior, es aquél capaz de encarnizarse en nosotros con fuerzas destructoras omnipotentes e implacables. Es el último, el que es planteado por Freud como: “[…] el sufrimiento [que] quizá nos sea más doloroso que cualquier otro”. (p. 77)

Tempranamente en su obra, Freud (1900a) plantea que entiende el desprendimiento de afecto como un “Proceso centrífugo dirigido hacia el interior del cuerpo y análogo a los procesos de inervación motriz y secretoria” (p. 465). En el intento de evitar el sufrimiento, el aparato psíquico tiende a la represión del representante pulsional que se puede manifestar como repudio, negación, o desmentida de la realidad exterior o del propio cuerpo, así como también sofocando los afectos. Siguiendo a Freud, todo itinerario de pensamiento es susceptible de afecto (affektfähig 1), (Freud, (1950a [1895], p. 429) en este sentido, la sofocación del afecto es consecuencia de la inhibición que los opuestos se provocan unos a otros y que la censura ejerce contra las aspiraciones sofocadas 2 por ella.

Este aparato psíquico refractario al estímulo (tanto pulsional como externo) regido al comienzo por el principio de inercia, es incapaz de tolerar el aumento de cantidad: funciona de un modo narcisista, refractario y reflejo, vale decir, intentando despojarse de la excitación y de este modo, del objeto, al estilo del modelo que describe Freud en 1900.(Freud, 1900a, pp.530-42) Aquel primer modelo del aparato psíquico, mostraba un aparato saturado, en el que todo estímulo sería refractado, en la medida que carecía de toda capacidad para contenerlo, al estilo del sistema reflejo, que es el utilizado ahí (Cf. supra) para desarrollar el aparato psíquico.

Considero, siguiendo las ideas de Freud, que el intento – siempre fallido – de eludir la existencia perturbadora del cuerpo y lo insoportable de la realidad, logra también, por represión, la anestesia sexual: la sexualidad es considerada como cuerpo extraño, siempre en su aspecto traumático, aquello que pulsa y de lo que el sujeto se defiende con intensidad, expulsándolo.

El dolor psíquico provocado por la pérdida del objeto asume el modelo del dolor corporal, que asimismo reconduce al desvalimiento psíquico: aquella mentada Hilflosigkeit que da cuenta del estado de desamparo e inermidad inicial, que fundamenta una intimidad constitutiva de sostén del sujeto por parte de un otro 3 y se actualiza una y otra vez (Catelli, 2014). Este objeto perdido, en muchos casos, no es más que una mera apariencia de objeto, que encubre a una parte del yo. Su pérdida entonces, se expresa como una hemorragia interna (Freud, (1950a [1887-1902]), p. 245) por la que se fuga la libido, y que el sujeto pena; me refiero a la melancolía.

De la intimidad y de la intimidad del análisis4

Para los griegos, lo más íntimo era ese espacio del que nos ocupamos los analistas: la psique, el alma. (Kluge, pp. 445-6) No es el mismo decurso que conlleva a la las tradiciones diversas entre la del espíritu y la del alma, siendo la primera una más activa, en tanto la segunda, pasiva, como una muestra caótica, similar a aquella diosa de la antigüedad, que se constituye aún sin palabras, en la primera infancia, tal como Freud avizora con precisión en 1900a, en relación con esos pensamientos “librados a sí mismos, […] [que constituyen] un tesoro de recuerdos infantiles sustraídos desde el comienzo al Prcc. [y que] pasa a ser la condición previa de la represión.” (p.593) Hay algo previo a todo discurso que permanece en un interior superlativo – definición por excelencia de la intimidad– que se contrapone al espectáculo y, sin embargo, cada noche compone la más cotidiana de las alucinaciones: el sueño.

Hace ya varias décadas, en nuestro medio psicoanalítico local, Ángel Garma advertía en una interpretación tipo simbólica, (Garma, 1978) de la importancia de la ‘empleada doméstica‘ en el discurso de nuestros pacientes: un ser ajeno al sujeto, a su familia, a la casa misma, que sin embargo se encuentra allí, en la intimidad del hogar, trabajando y colaborando con los quehaceres domésticos, hurgando en las pequeñas y hasta más mínimas mugres, a las que normalmente ningún otro ser ajeno al hogar tendría acceso, tarea para la cual es convocada, en donde un elemento externo, pasa a tener una proximidad con ‘el interior superlativo‘ para encontrar aquello que ningún otro tiene a su alcance. Es el analista en su presencia moebiusiana, que reúne, sin solución de continuidad, un interior, con una ajenidad de ese mundo externo: la extimidad. (Miller, 2010, p.13) Es “el drama del sujeto tal como lo muestra la experiencia analítica, que es no lograr estar plenamente en su casa, […] [y] ¿cuál es pues ese otro con el cual estoy más ligado que conmigo mismo, puesto que en el seno más asentido de mi identidad conmigo mismo es él quien me agita?” (Miller, 2010 p. 25).

¿Cómo dar cuenta de lo íntimo de cada uno? Tal vez el pudor y la vergüenza –‘diques anímicos’, según son señalados por Freud en 1905d (p. 173) – funcionen como delimitaciones frente a aquello que ha de quedar preservado: una dimensión que se diferencia de lo reprimido y que queda conducido a un territorio que podemos reconocer como íntimo.

Dos dimensiones desde una perspectiva psicoanalítica

Pienso en dos dimensiones respecto de la intimidad: una en un sentido más lato, de uso cotidiano, respecto de aquello que quedaría reservado al ámbito del sujeto, sus usos y presencias que no son públicos, sino preservado de la mostración a un otro. Habría otra dimensión, que escribiría con mayúscula, que articula un aspecto de la escisión del sujeto, la posibilidad de mirarse a sí mismo, conscientemente y otra, a la vez, que lo escinde en su dimensión inconsciente y lo transforma en un ’ajeno a sí mismo’, con un aspecto que en sus producciones fallidas, sintomáticas y oníricas, en tanto producciones del inconsciente, que lo sorprende mostrando una desnudez desconocida por sí mismo, que revela algo más, a aquél que sepa escuchar (Catelli y Zaefferer, 2013).

En el primer nivel de la intimidad, como concepto más laxo, sitúo la tendencia a considerar, por ejemplo, en la época actual, la exposición en las redes sociales, como modos de hacer público algo de lo íntimo. ¿Es posible oponer lo íntimo a lo público? ¿O será tal vez que lo que se muestra en ese espectáculo de la virtualidad, sea tan sólo un modo de hacerse visible? ¿Se expone allí algo de lo verdaderamente íntimo o son tan sólo modos de ‘espectacularización, regidos por la necesidad de hacerse visible, como modo de existir?

A pesar de querer espiar la intimidad del otro, aquella inquietante intimidad nos intimida: la ausencia de ciertos diques anímicos provoca una emergencia defensiva que exacerba la represión y sus deformados productos. Es también “el maharajá que se aburre” e intenta quitar un último velo bajo la piel de su víctima, creyendo que hay uno último. Hay una sorpresa para analista y analizante en una intimidad que se revela, y que podemos ubicar en un artificio borromeo que produce intersección entre el campo de la transferencia, lo éxtimo y lo inconsciente y encuentra su nudo en das Ding.

Algunas conclusiones

Quien en un principio fue protector y asistente ajeno frente al desvalimiento inicial, se vuelve amenazador, perseguidor, portador de la amenaza de muerte: el semejante, aquél con quien pueden encontrarse puntos de contacto, similitudes y apaciguamiento, se transforma en ese prójimo desconocido y peligroso.

Esta habrá de ser la intimidad de un escenario psíquico que muestra un particular modo del lazo social, que se actualiza en la escena transferencial, escena de esa intimidad por excelencia, en que emerge el sujeto, que se da en una subjetividad y surge, para sorpresa del yo consciente, algo inesperado, que vuelve a hacerse presente, ahí donde el analista habrá de ser un posible Virgilio que conduzca al sujeto por sus infiernos más íntimos, del mismo modo en que nos advierte La Eneida y Freud: “Flectere si nequeo superos, Acheronta movebo” (1900 a, p. 2).

Bibliografía

  • Catelli, Jorge E. et al. (1997). “Qué padre en las adicciones o acerca de una iniciación imposible”. En El padre y la mujer. Buenos Aires: Atuel.
    • (2009). Duelo o melancolía: acerca de la incorporación oral y la identificación . Inédito.
    • (2014). “Puntualizaciones sobre el narcisismo, cien años después” en Revista de Psicoanálisis, diciembre de 2014, Tomo LXXI, N° 4. Ed. Asociación Psicoanalítica Argentina.
  • Catelli, J y Zaefferer,T(2013). El dolor a partir de la constitución melancólica del aparato psíquico. Revista de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica Argentina, marzo de 2013, Tomo LXX, N° 1, Ed. Asociación Psicoanalítica Argentina.
    • , (2016d). El prójimo y el semejante: de la constitución del aparato psíquico y los destinos de la pulsión, (inédito), presentado en el X Congreso Argentino de Psicoanálisis.
    • (2016). Intimidades, de la emergencia del sujeto. Presentado en el LIV Symposium y el XLIV Congreso de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica Argentina, el 19.12.16 2016. (Trabajo inédito).
  • Freud, Sigmund (1900a [1899]). La interpretación de los sueños. Tomos IV y V. Buenos Aires: Amorrortu Editores.
    • (1905d). Tres ensayos de teoría sexual. Tomo VII. Buenos Aires: Amorrortu Editores. (pp. 109 – 222).
    • (1915c). Pulsiones y destinos de pulsión. Tomo XIV. Buenos Aires: Amorrortu Editores. (pp. 105 – 134).
    • (1923b). El yo y el ello. Tomo XIX. Buenos Aires: Amorrortu Editores. (pp. 1 – 66).
    • (1930a [1929]). El malestar en la cultura. Tomo XXI. Buenos Aires: Amorrortu Editores. (pp. 57 – 140).
    • (1939a [1934-38]). Moisés y la religión monoteísta. Tomo XXIII. Buenos Aires: Amorrortu Editores. (pp. 1 – 132).
    • (1950a [1887-1902]). Manuscrito G. Melancolía. Tomo I. Buenos Aires: Amorrortu Editores. (pp. 239 – 245).
    • (1950a [1887-1902]). Manuscrito N [Anotaciones III]. Tomo I. Buenos Aires: Amorrortu Editores. (pp. 296 – 298).
    • (1950a [1895]). Proyecto de psicología. Tomo I. Buenos Aires: Amorrortu Editores. (pp. 323 – 436).
  • Garma, Ángel (1978) La realidad y la fantasia del hombre contemporâneo. Revista de Psicoanálisis, T XXXV, Nº 1. (pp. 1035-42).
  • Kluge, Friedrich, (1883) Etymologisches Wörterbuch der deutschen Sprache. Berlin. Aufl. De Gruyter. (2002).
  • Lacan, Jacques (1957). El Seminario, Libro V, Las formaciones del inconsciente, Buenos Aires, Paidós, 2014.
    • (1988). Libro 7, La ética del psicoanálisis . Buenos Aires: Paidós.
  • Miller, Jacques-Alain (2010). Extimidad. Buenos Aires: Paidós.
  • Winocur, J. O., Onetto, Stella; Carrica, Alicia y Buchner, Celia, (1989). “La identificación y su discriminación de la incorporación y la introyección” en Revista de Psicoanálisis, Tomo XLVI, nº 5.

Referencias

  1. N. del A.: literalmente apto para el afecto.
  2. En el original podemos encontrar el término “unterdrücken”, “sofocar”, un “colocar bajo presión”. Señalo este término, con particular interés, por la diferencia que puede encontrarse respecto de la acción de verdrängen, ‘reprimir’, que recaería sobre las representaciones, a diferencia de aquél otro, que recaería sobre los “afectos”. Así establecido, la represión de las representaciones, sería el modo de evitar que aquellos afectos se susciten.
  3. Me refiero al Nebenmensch, en tanto término que utiliza Freud y que adquiere dimensiones como ‘otro’, en tanto ‘prójimo’ o ‘semejante’. (Cf. Žižek, Santner y Reinhard, p. 125)
  4. Algunas de las ideas presentadas en este apartado, se desarrollan en otro trabajo aún inédito (Cf. Bibliografía)