Intimidades. Un sueño y sus enigmas

Liliana Polaco, APA

En el intento de bordear el tema de la intimidad tan mencionado en la literatura, la estética, la filosofía, el arte, también el psicoanálisis nos convoca a soslayar algunas ideas.

Estamos en una época donde hay una creencia en una mirada omnipresente que pretende verlo todo, donde se pierde una opacidad o un lugar en sombras propios de un sujeto.

¿Es acaso la presencia de las redes sociales, los avances tecnológicos, la ilusión de un posible universo ordenado y clasificado en manuales o enciclopedias o es el uso y abuso que hacemos de ellas?

Eric Sadin dice “a finales del 90 vivimos la era del acceso… a un corpus de textos sonidos, imágenes. Esa era no ha cesado de amplificarse… estamos en otra era de digitalización de la vida.” (1)

Afirmaciones fuertes que nos convocan a cada uno de nosotros en las distintas disciplinas y áreas de trabajo. El psicoanálisis trabaja sobre sobre la singularidad de la persona que nos consulta, nos dice sus sueños, sus dificultades o sea nos permite renovar nuestra apuesta al deseo y sus rodeos.

La invención freudiana ya tomada por el romanticismo delimita un no saber sobre la sexualidad, el enigma del amor y de la relación al Otro. Enigmas que nos confrontan con que el sujeto reprime lo sexual ya que la pulsión carece de un objeto dado de antemano.

Si acordamos que no hay un saber sobre lo sexual, el sujeto reprime que frente a la sexualidad cada uno de nosotros tiene que arreglárselas como pueda.

Quizás por eso la humanidad ha inventado el Kama Sutra para paliar la falta de ese saber.

En cambio, el arte abre un espacio como mediador de esa imposibilidad al poner en escena ficciones u otras imágenes como las radiografías (ver video en esta publicación) que muestran un límite, que hay algo que no se puede ver: el secreto del amor y el deseo. Según Wajcman hay imágenes que revelan el malestar del amor y del goce.

El término intimidad, no es de la teoría psicoanalítica; quizás el término que tiene más relación es “extimidad” (2) acuñado por Lacan. Se trata de un neologismo que expresa la manera en que el psicoanálisis complejiza las relaciones entre lo interno y lo externo.

Así dice “lo más íntimo es en lo que estoy constreñido en no poder reconocer más que por fuera”.

Lacan se refiere también a ese peculiar espacio entre un analista y un analizante donde se instala la transferencia. Así la persona del analista ocupa un lugar éxtimo que permite el despliegue de lo más desconocido de cada analizante. Es lo otro de mi dónde estoy concernido sin saberlo.

En el video que realizamos con Alicia Killner (ver en esta publicación) dijimos que el psicoanálisis crea una “intimidad artificial”, transferencia mediante, por lo cual accedemos a eso íntimo y desconocido llamado inconsciente. Ese espacio exterior interior que se expresa en las diferentes formaciones del inconsciente. Elegí subrayar algunas de estas cuestiones en un sueño mencionado por Freud, Lacan y otros analistas.

Pensamos que todo sueño es una envoltura que recubre o disfraza el núcleo duro de la estructura del inconsciente que pulsa e insiste en ser escuchado, siempre con un límite que nos topa con lo imposible de decir.

Voy a hacer algunas puntuaciones en referencia a un enigmático sueño comentado por una analizante de Freud, quien lo escuchó en una conferencia: “Padre no ves que estoy ardiendo?”

-“Las condiciones previas a este sueño son las siguientes: un padre asistió noche y día a un hijo mortalmente enfermo. Fallecido el chico se retiró a descansar a otra habitación, dejó una puerta abierta, a fin de poder ver desde su dormitorio la habitación donde yacía el cuerpo de su hijo, rodeado de velones (…) Un anciano a quien le encargó vigilar se sentó próximo al cadáver, murmurando oraciones (…) Luego de dormir el padre sueña: Padre no ves que estoy ardiendo?

Su hijo está de pie junto a su cama, le toma el brazo, y le susurra este reproche: “¿Padre, no ves que me abraso?”, el padre despierta observa un fuerte resplandor que viene de la habitación vecina, se precipita hasta allí y encuentra al anciano guardián adormecido, y la mortaja y un brazo del cadáver querido, quemados por una vela que le había caído encima encendida”.

La explicación de este sueño es simple (…) El fuerte resplandor dio sobre los ojos del durmiente a través de la puerta que él había dejado abierta (…) una vela volcada había provocado un incendio cerca del cadáver. Y quizás el padre se fue a dormir con la preocupación de que el viejo guardián no fuera capaz de desempeñar su cometido. (…) El dicho del niño hubo de componerse de dichos pronunciados en vida… Quizás la queja “Me abraso”, fue expresada por el niño en medio de la fiebre que lo llevó a la muerte, y las otras palabras: Padre, ¿no ves? Proceden de otra oportunidad… que fue rica en afectos”. (3)

Propongo pensar en este sueño el “despertar a lo real” (4), desglosando algunos aspectos del sueño.

El soñante se despierta con una frase acorde a su preocupación.

La preocupación estaba antes de dormir, ahora la preocupación dice: ¿padre como puede ser que no veas… no te das cuenta que estoy ardiendo?

Ahí donde el guardián del dormir (función del sueño) fracasó, ahí el soñante se despierta al ver el resplandor que viene de la otra habitación donde su hijo está con el brazo quemado.

¿Sin embargo, el soñante había dejado la puerta entreabierta, tenía ciertas dudas, de quién? ¿Del guardián? ¿De él como sujeto?

La llama al hacerse frase invocante en la escucha de Freud o en nuestra lectura, es un reproche del hijo al padre y sostiene la ilusión de un padre de cuya mirada paterna se espera que vea y proteja.

En el sujeto del sueño se puede inferir que hay un despertar al reproche de un hijo.

Lo que despierta no es la vela caída sino las “palabras separadas del hijo”, (5) algo que quedó de él a partir de su muerte. Si hay reproche hubo un padre a quien reprochar.

El remordimiento que acompaña la muerte de un hijo y la acción de pretender remediar lo imposible de reparar, insta al sujeto a dejar un guardián que evite el incendio preanunciado. Incendio que toca algo de lo intolerable para el sujeto (no haber podido con la enfermedad del niño).

Tal vez los preparativos del soñante para dormir, sabían del reproche, a la manera del saber inconsciente. El dicho del niño “no ves que ardo”, produce en el padre un ver diferente al resplandor de aquello que no se podía ver, pero que se preanunciaba en dejar la puerta abierta.

Sin embargo, hay algo que no se puede ver aun viendo, de esta manera se delimita una imposibilidad y quizás sea uno de los nombres de una “extimidad” que se evidencia en un espacio singular. Espacio de una lectura en transferencia.

El despertar a un reproche quizás evidencia que somos máscaras del deseo.

Mascaradas o ficciones que vehiculizan el deseo y ponen en escena (en otro registro al recién mencionado) lo éxtimo del Otro.

La peculiaridad de este sueño es que su despertar, lo confronta a lo más dramático del encuentro de un sujeto, la muerte de un hijo.

La muerte del hijo descarna lo que el sueño puede encubrir, como si el hijo se hubiera marchado con un secreto, que atribuimos a un padre, el misterio de la vida. Interrogantes que impregnan los encuentros y desencuentros entre padre e hijo siendo este sueño la impronta de ese desencuentro.

Como analistas somos testigos de la emergencia de trozos verdad que nos sorprenden. En el despliegue de una “otra escena” donde retornan los espectros de un pasado en el presente (reproches del hijo al padre, dejar un guardián que evite un incendio temido).

Entre sueños y despertares, entre puertas y ventanas que se cierran y se abren entre miradas siempre sesgadas y palabras nimias escuchadas en una sesión, a la manera de una llama que no se apaga y que vela y devela los misterios del deseo inconsciente indestructible.

Bibliografía

  • S. Freud La interpretación de los Sueños Capítulo VII. (3)
  • S. Freud. Conferencia 31 La descomposición de la enfermedad psíquica.
  • Lacan Seminario XI Los Cuatro Conceptos Fundamentales del Psicoanálisis (4) y (5)
  • Lacan Seminario VII La Etica del Psicoanálisis. (2)
  • Liliana Polaco Comunicación preliminar año 1998
  • Eric Sadin La humanidad Aumentada. (1)
  • Gerard Wajcman: El objeto del siglo
  • Nan Godin Fotógrafa
  • Video de presentación de la revista Apa Online. Poéticas de la intimidad. Alicia Killner y Liliana Polaco.
  • Comunicación personal con Alicia Killner.
  • Comunicación personal con Sara Hassan.