Los fanáticos

Jaime M. Lutenberg APA

Sabemos que cualquiera de nosotros somos capaces de tener momentos de apasionamientos fanáticos que pueden ser transitorios y no traernos mayores problemas, sino que, al contrario, favorecen la posibilidad de que nos conectemos con personas afines a nuestros “leves fanatismos transitorios”.

A estos fanatismos los podemos llamar “fanatismos disfrutables y no dañinos”, ya que no son perturbadores de nuestras relaciones con el resto de las personas.

Pero existe otro tipo de fanatismo que sí tiene diferentes consecuencias perjudiciales para la propia persona “fanática” y para el resto de los seres humanos; incluyendo a su familia y amigos.

Estos perjuicios derivados de una personalidad fanática, pueden ser de muy diferente magnitud; y van desde una sencilla discusión con un contrincante; como son las “pequeñas peleas entre amigos que son “fans” de distintos equipos de futbol; a las diferentes guerras que se generan entre los pueblos. Estos últimos “fanatismos bélicos”, pueden incluir el proyecto de dar lugar al exterminio total del pueblo considerado como “enemigo”.

La historia de la humanidad, en todas las épocas y culturas, ha dado muchas muestras de estos diferentes estilos de fanatismos genocidas.

En la actualidad podemos apreciar que muchos exterminios colectivos que se producen en diferentes partes del mundo, son planificados por un “dictador” que gobierna y a la vez somete a su pueblo, en base a consignas fanáticas por él concebidas e impuestas a su pueblo.

Dichos gobiernos pueden estar encabezados por civiles, militares o miembros de la iglesia. En este último caso, se trata de lo que se denomina “teocracias”.

Las teocracias están sustentadas por un fanatismo muy particular, ya que los dictámenes gubernamentales de las teocracias, son inapelables, pues “expresan la voluntad de dios”.

Pero, ¿a que llamamos generalmente fanatismo?

Entiendo que el fanatismo es una de las formas posibles del pensamiento humano, que consiste en una cerrada e inapelable exageración, de una forma parcial de pensar y entender el sentido que tiene la vida humana. El fanático “cerrado” tiene una modo típico de pensar, que está conformado por una “inflexible exageración” de aquellos ideales que él considera válidos; acompañado por un “desprecio inapelable” por las ideas que se opones a las suyas.

La lingüística, la sociología, el psicoanálisis, la psiquiatría, la antropología, el periodismo y la historia de las religiones, nos ofrecen valiosas deducciones que nos pueden ayudar a comprender el surgimiento de los líderes fanáticos en el curso de la historia de la humanidad.

Como psicoanalista, entiendo que existen muchas diferencias en lo que atañe al uso que hace un fanático de la “capacidad de pensar”, respecto a la “capacidad de pensar” de una persona no fanática. Tenemos que tener en cuenta que el pensamiento fanático, puede corresponder “sólo” a una parte del pensamiento total de un individuo.

También hay que considerar que esta “división de una personalidad” que estoy planteando, puede ser “patológica” o “no patológica”; como el “habitual olvido” de que los seres humanos somos “mortales”. Se trata de afortunados “olvidos”, que diariamente nos ayudan a vivir mejor.

Considero que, en muchas ocasiones -transitoriamente- el pensamiento fanático puede ser usado como un “escudo defensivo” que nos facilita la posibilidad de salir del paso de situaciones difíciles de resolver de otro modo. La clave es que sea un fanatismo benigno, parcial y transitorio.

Los entrenadores de la mayoría de los deportistas, conocen muy bien cuál es el grado de “fanatismo no patológico”, que resulta operativo para alimentar la esperanza del jugador.

Pero el “fanático cerrado” le agrega una dimensión “todopoderosa” a sus ideas fanáticas. Ello hace suponer, a estos “fanáticos patológicos”, que son “superiores” al del resto de los mortales.

Entiendo que también resulta importante diferenciar las consecuencias individuales y sociales de las diferentes formas de “fanatismos”. Las derivaciones de los fanatismos deportivos, políticos, económicos y religiosos, son diferentes a las formas de fanatismo basado en las diferencias de clases, de raza, del color de piel, del lugar de nacimiento, etc.

Todas estas variables del pensamiento fanático, se pueden investigar mediante el análisis lingüístico de los contenidos de los discursos y los textos de la propaganda que proponen los líderes de los diferentes fanatismos. Por lo general, se trata de “selectas” frases fanáticas, que invitan a la población, a cumplir sumisamente, los objetivos trazados por los líderes fanáticos.

Entiendo que el pensamiento fanático se va gestando en la temprana infancia, durante los primeros años de vida. Esta potencialidad, de que la mente humana se deforme precozmente haca el lado del fanatismo, es muy bien conocida por los líderes políticos; quienes tratan de imponer sus ideas fanáticas en las escuelas que albergan a los niños antes de que inicien su escolaridad, es decir, niños que tienen menos de 6 años. En varios países del mundo, estas iniciativas educacionales pre- escolares, han dado lugar a severas discusiones entre el poder ejecutivo que intentaba imponerlas, y el poder legislativo y judicial, que trata de anularlas.

Además del problema del “fanatismo profesional”, vale la pena mencionar también, la gravedad de los otros tipos de fanatismo, en particular, el complejo conjunto de distorsiones del pensamiento que se presentan ante el “fanatismo religioso”.

Se trata de problemas que aumentan su complejidad, cuando se despliegan en contextos sociales y culturales en los cuales el pensamiento religioso ha adquirido una dimensión “fundamentalista”, que lleva a que los excesos fanáticos generen, en esa sociedad, un pensamiento colectivo muy cerrado, incuestionable e impenetrable; como ocurre en las “teocracias” de todas las épocas de la historia.

Actualmente existen en diversos estados de Asia y África, diferentes formas de teocracias.

En todas las referidas teocracias, el nombre de la máxima autoridad religiosa gobernante y el nombre del dios al que el máximo sacerdote representa, adquiere características sobresalientes en el lenguaje que habla toda la población local.

Debido a ello, podemos ver que la vida cotidiana y el lenguaje cotidiano propio de dichas culturas teocráticas fanáticas, transita por los senderos de la permanente “repetición” de las consignas y conceptos permitidos por las respectivas autoridades teocráticas; sin dar lugar a la menor desviación conceptual que pretenda “crear y editar”, nuevas consignas de pensamiento y de vida, en la población afectada.

La cotidianeidad de una cultura fanática, solo acepta la repetición conceptual de los pensamientos legitimados por las autoridades y las rígidas lógicas de vida instituidas desde el fanatismo teocrático; no cuestionable por toda persona que desee seguir vivo en el medio social fanático que habita.

De este modo, una cultura dominada por el fanatismo de cualquier índole, da lugar a muchas perturbaciones de la evolución mental y social de los pueblos.

Veamos un problema típico de la intimidad familiar de cualquier sociedad “normal”.

Es habitual que el desarrollo natural de la evolución de un adolescente de cualquier lugar del mundo, transite por diferentes “actos de rebeldía adolescente”; que no siempre son tolerados por sus padres. Una de las razones de dicha intolerancia, que tanto perturba la relación entre padres e hijos, suele ser el “autoritarismo parental fanático”; que lleva a que los padres de hijos adolescentes, intenten “corregir”, antes de “comprender” e intentar “reconocer y discriminar”, el sentido que tiene, para el desarrollo de la personalidad de un adolescente, dichos actos de “desobediencia benigna” a las reglas instituidas por la sociedad, su familia y sus padres.

Me parece útil denominar “autoritarismo parental fanático” a la pretensión de los padres de los niños y los adolescentes, que esperan que el amor filial se exprese como “obediencia sumisa” a los caprichos, miedos, mitos, afinidades y limitaciones parentales. En las “familias aglutinadas” o “familias simbióticas”, estos problemas suelen ser más frecuentes que en otros tipos de familias.

Entiendo que el “autoritarismo parental fanático”, es la estructura familiar que facilita que eternamente, se transmitan entre sus miembros, muchos problemas que se van reiterando casi sin cambios, a través de los años, de generación en generación. Se trata de fijas y rígidas formas de vida cotidiana, que los “abuelos” han trasladado desde su país de origen, al país y la ciudad al que han emigrado. Pero estos estilos de vida pertenecientes a su comunidad de origen, eran -a veces- sólo válidos para una sociedad de hace muchos años atrás. Con la frase “las cosas son así en mi familia desde que nací”, suelen justificar esta cerrazón autoritaria paternal, que configura una forma habitual y compleja de “fanatismo parental de la vida cotidiana”.

Dicho fanatismo parental transforma, paradojalmente, a los “actos de cordura”, que son propios de la rebeldía adolescente evolutiva” en “actos adolescentes de locura rebelde”.

Uno de los peligros que trae la perturbación de la evolución del adolescente, derivadas del “fanático autoritarismo parental”, es el que se genere en el adolescente, un “congelamiento mental” de su potencial evolución, como una forma de eludir el problema familiar que no puede resolver. En la adolescencia se expresa como un “sentimiento de parálisis”, que se le presentan a los adolescentes justo en los momentos que tienen que tomar una decisión simple o importante. Ello devela que dicho adolescente no puede usar eficazmente su capacidad de pensar para decidir lo que más le conviene hacer. Se trata de un problema que puede ser transitorio o, puede ocurrir, que se transforme en una cuestión que no pueda resolver en el futuro.

En esas circunstancias, su pensamiento puede quedar cerrado a todo aprendizaje novedoso y transformarse en una persona que, en lugar de cambiar a través de las enseñanzas que le ofrece su capacidad de aprender de su experiencia, tome para su crecimiento mental, modelos de personalidad con los que no concuerda, de acuerdo con sus afinidades afectivas; pero que corresponden a lo que los ideales de lo que él “socialmente debe ser”.

Así se genera -paulatinamente- una “pseudo personalidad” que, cuando persiste en el adulto, transforma a ese individuo en una persona que puede ser convencido por líderes fanáticos que fácilmente despiertan su incondicional admiración; pues le muestran un tipo de personalidad que él admira. Es decir, se convierte en un potencial “seguidor fanático” de líderes fanáticos.

Suelen ser personas que ante el menor riesgo pueden sentir diversas “crisis de pánico” que los paraliza y los aparta de sus actividades cotidianas. Estas crisis de pánico, expresan su temor inconsciente a cambiar y a evolucionar; a pesar de que conscientemente sienten una muy buena disposición a evolucionar. Para muchas personas enfermas de “fanatismo”, cambiar es un cambio de “apariencia”, no un cambio en sus “raíces”, aquellas que sustentan reales cambios.