Transformaciones del Pensamiento: entusiasmo-fanatismo

Ideas de Bion

Beatriz E. Miramón, APA, Ana Terán de Corniglio, APA, Eduardo Marín, APA

Filósofos, científicos, psicoanalistas, etc. se han preguntado sobre el fanatismo, su significado y sobretodo la presencia crónica y sistemática en el desarrollo de la humanidad.

El contacto con este tema nos promueve, también a nosotros, interrogantes tales como: ¿la tendencia fanática constituye un núcleo básico humano, conforma una estructura, se trata de una función atinente a la especie?, ¿qué necesidad sostiene su base, constituye una función en ocasiones necesaria como vemos en la adolescencia; su presencia incluye enfermedad, inteligencia, patología, etc.?

Intentaremos aproximar alguna respuesta a la problemática.

En 1734 Voltaire describe la iconografía del fanático. Es personificado como un joven, vestido de sacerdote, con los pelos enrizados y teniendo en la mano un libro y en la otra un cuchillo ensangrentado. En otros dibujos, aparece como ciego o ciega, con una venda en los ojos, armándose con una antorcha tomada del altar y excitando a hombres para llevar por todas partes el incendio y la muerte. El fondo del cuadro muestra elementos de suplicio y tortura.

El fanatismo, así representado, parece mostrarnos su sentido al menos en dos direcciones: el libro en manos de un sacerdote como expresión simbólica del conocimiento por inspiración divina, la curiosidad y la defensa apasionada de la idea. Al mismo tiempo, esta inspiración divina puede conducir a un camino ciego, cruel e irracional, excitando adeptos, sin miramiento por el suplicio y la tortura. El fin justifica los medios; se trata de mantener el dogma.

El mito de Cibeles da cuenta del fenómeno fanático. Cibeles, diosa de la fertilidad, probablemente madre de Zeus, es la gran madre. Su poder se extiende sobre la naturaleza. Atis, su hijo y amante, se castró en el curso de una escena orgiástica, provocando con su ejemplo la automutilación en los espectadores.

Ovidio se castra después de haber desobedecido a su madre, siéndole infiel con una ninfa. Luego de su mutilación, Cibeles lo quiso mantener ligado para siempre y le otorga el lugar de guardián de su templo. Uno de los días destinados a la ceremonia, el gran sacerdote sangraba sus brazos y presentaba su sangre como una ofrenda recordando el rito mutilatorio. Los clérigos de categoría inferior, excitados por el frenesí, en un rapto de exaltación e insensibilizados ante el dolor, también se acuchillaban con navajas para salpicar el altar. Así, la excitación religiosa se iba extendiendo paulatinamente entre la multitud de espectadores.

Etimológicamente, fanático, remonta su origen al latín fanaticus perteneciente al templo, servidor del templo, inspirado, exaltado, frenético. Quien se cree inspirado por la divinidad, iluminado por el espíritu divino. Animado contra una religión, doctrina, persona de fe
intratable y de fervor ciego, intolerante, sectario, exaltado. (Diccionario Pêtite Robert).

El diccionario de Mitología Griega y Romana G. Pierre plantea que originalmente la palabra fanatismo se usó como sinónimo de entusiasmo. ” Fanaticus” fue un título honorífico, significaba servidor o bienhechor de un templo. A partir del siglo XVIII se separan las significaciones. El fanatismo será definido como adherencia ciega y exaltada a un ideal devenido de dios y, por lo tanto, inmune al error y al mal.

En tanto que entusiasmo se define por gran interés, celo, exaltación, admiración fervorosa, derivado del griego enthousiasmós, “inspiración divina, éxtasis”. Una persona entusiasta es caracterizada por ser admirador, devoto, incondicional que favorece un empeño o causa. En ambos casos se trataría de una adherencia o fidelidad a un ideal.

Esta descripción nos recuerda historias de personajes trascendentes de la humanidad tales como Galileo, Freud, Newton, entre muchos otros. También pensamos en la tenacidad de la Santa Inquisición que juzgó a Galileo por la tesis heliocéntrica que proponía una idea nueva que atacaba el consenso y el dogma religioso vigente. Galileo, aún renunciando públicamente a sus teorías, seguía sosteniendo “que la tierra se mueve alrededor del sol”.

Pero entonces… ¿qué es el fanatismo?

Podemos observar determinadas manifestaciones especiales que se definen como fanáticas y que pueden manifestarse tanto en lo individual como en lo grupal o social. Así se describen conductas intolerantes, inmodificables, rígidas, de una fijeza casi inamovible, aisladas y aislantes. No susceptibles de entrar en crisis por el cuestionamiento del juicio de realidad. Seres humanos en general, aun grandes mentes privilegiadas, como artistas, filósofos, músicos, etc., albergan en su mente características de tipo fanático. El fanatismo tiene la particularidad de no ser registrado por su usuario.

Abordaremos el tema desde el punto de vista teórico de W. Bion. Al referirse a la idea nueva, al fanatismo y a la curiosidad fanática dice: “La curiosidad que debería estimular el descubrimiento de lo desconocido, estimula la necesidad de eliminar defensivamente, la idea mesiánica desconocida, o persona o movimiento” (Bion, 1996, pág. 342-43).

Un concepto clave para iluminar el tema que nos ocupa es el de “cambio catastrófico” (nota 1).

W. Bion alude en sus escritos a la situación de calamidad psíquica, a la que se somete una mente cuando cambia, varía, crece y se desarrolla, llamándola “cambio catastrófico”. En este “cambio”, se atraviesa un “hiato” o “cesura”, una zona donde trascurren múltiples e importantes transformaciones (zona trans) (Nota 2:). Si se produce el “atravesamiento de la cesura”, habrá lugar para el aprendizaje y/o el insight.

Llamará invariante, no al aspecto que no cambia de la transformación, sino
a lo que permite reconocer en el producto final de esta correspondencia, el continum, con el original aún no transformado. (Sor y Gazzano, 1992). (Nota 3).

Según Darío Sor, ante la imposibilidad de enfrentar un cambio catastrófico se forma una fisura o grieta en la “zona trans” que tiene las características de una escisión. Este proceso va acompañado asimismo, de una identificación proyectiva patológica y masiva del trozo escindido que llevará al camino de la transformación en alucinosis. (Nota 4.). Delirios de distinto tipo y fenómenos alucinatorios dan cuenta de las transformaciones en alucinosis de la parte psicótica de la personalidad.

Observan los autores un fenómeno interesante que denominan “Parte Autista o Fanática de la Personalidad”. Sostienen que cuando la posibilidad de transformación no es aceptada, se produce una gran escisión. Esta va acompañada de un profundo aislamiento de la parte escindida, los fenómenos de la identificación proyectiva no son posibles, por lo tanto las partículas no pueden escapar del sistema quedando fanáticamente encerradas y aisladas.

Las ideas máximas, protegidas por dogmas y ritos que habitan en esta Zona Autista de la mente, pueden aparentar un estado de movimiento que
ciertamente no existe por no haber verdaderas transformaciones, insights y aprendizaje. Los autores plantean la existencia de los elementos (γ) gamma que comandan la “Parte Fanática de la Personalidad”. Se trata de un estado mental con una coherencia reforzada, con desprecio por los hechos, los vértices diferentes de observación y las articulaciones de las ideas. La idea máxima, el dogma, pasa inalterada de una a otra situación, sin proceso, de evolución o cambio.

El elemento gamma (γ), que como decíamos es propio del fanatismo, no tiene futuro ni pasado, sólo presente sin transformación alguna. Es puntual y unívoco. El origen de los mismos puede provenir de: a) contaminación “embriónica” en el útero materno; b) contaminación viral de persona a persona; c) fracaso para expandir el núcleo psicótico; d) exposición reiterada a enunciados gama particularmente en infantes; e) por causas desconocidas.

Las manifestaciones clínicas del fanatismo para Bion expresan algunos rasgos observables en la psicosis (estupidez, arrogancia y curiosidad). Sor y Gazzano agregan los de obstinación – terquedad y la ausencia de crisis.

Podríamos pensar que en la “ceguera fanática” se intenta mantener la idea máxima, el ideal en “estado sólido, concretizado” con la ilusión de conservarlo para sí.

El entusiasmo, en cambio, participa en el devenir de la idea nueva; conservando, no obstante, la capacidad de su ser deviniente y transformacional de los pensamientos sin pensador y del conocimiento.

Como vemos, ambos términos: fanatismo y entusiasmo forman parte de nuestro acervo inconsciente y de las características humanas. Comparten rasgos tales como la dependencia, la adhesión. La diferencia estaría en la capacidad transformacional puesta en juego.

Notas:

  1. “cambio catastrófico”: se trata de un cambio que produce una subversión del orden, acompañado de sentimientos de desastre en los participantes, en el sentido de que es brusco y violento de un modo casi físico. A pesar de la violencia, implica crecimiento mental. Cuando se inhibe, niega, etc., la necesidad de un “cambio catastrófico” deviene “catástrofe mental” que implica deterioro, desmedro, enfermedad
  2. Teoría de las Transformaciones: Al referirse a las transformaciones de la mente reconoce entre otras la transformación en alucinosis o proyectiva y transformación neurótica o de movimiento rígido.
  3. elementos alfa α resultantes de la función alfa sobre las impresiones sensoriales que posibilitan el pensamiento onírico y de vigilia
  4. Elementos Beta β forman una matriz temprana senso-perceptiva. Sus partículas son aptas para ser expulsada a través de la identificación proyectiva.

Bibliografía:

  • W. Bion. Cogitaciones. Promolibro. Valencia. 1996
  • De la Puente, María Paz; Miramón, Beatriz Eugenia, Marín, Eduardo, M.
    Safdie, Rafael Eduardo. Aproximaciones psicoanalíticas a lo fanático. En: Metapsicología y clínica: 100 años después / Symposium de la Asociación Psicoanalítica Argentina, 33; Congreso Interno, 23. — Buenos Aires, 1995.
  • Corniglio Ana, Lacher Gladys. Algunas reflexiones sobre el fanatismo. Rev. Simposio CMW. 2000
  • Sor, Darío y María Rosa Senet de Gazzano. Fanatismo. Buenos Aires, Ed. Ananké, 1992.