Una siniestra y silenciosa forma de femicidio

Por Gabriela Hirschl

El diario The New York Times publicó el 10 de Mayo, un artículo de Nicholas Kristof, que sostiene que la mayor amenaza para el extremismo no son los drones que disparan misiles sino las chicas que leen libros, porque no hay fuerza más poderosa de transformación social. ¡Que claro argumento! Es que está comprobado que por cada año de educación primaria desciende la natalidad y en consecuencia disminuye la pobreza.

El femicidio silencioso

¿Acaso entonces el mantener a la mujer en la ignorancia y el analfabetismo extremo no es “asesinar” su potencialidad transformadora? ¿Prohibirle acceder a una educación que no sea solo “adoctrinamiento” no es condenarla definitivamente a la pobreza? ¿Qué clase de sociedad o cultura promovería eso? La discriminación de la mujer, en ese sentido, sigue siendo moneda corriente, y no es casual emparentar el término a lo económico ya que tiene trascendencia directa en la estructura social y económica de un país. Esto lo entendió muy bien el Premio Nobel de la Paz, Muhammad Yunus cuando ideó el proyecto de otorgar microcréditos a mujeres, ya que así lograba obtener un efecto sobre toda la familia y un cambio en la sociedad toda.

En éstos días, hechos dramáticos acontecen en Nigeria, con el horror al que un grupo denominado Boko Haram somete a niñas por el solo hecho de concurrir a estudiar. Amenazan convertirlas en “bienes de intercambio”, meros objetos, vendidas como esclavas, destinándolas a satisfacer a hombres; dudosa denominación que muchas pancartas han expuesto: “Real men don’t buy girls!”1

Nigeria está a la vuelta de la esquina, no estamos libres de “trata de personas” ¿Cuál es la diferencia? Claramente aquí es ilegal y eso no está en cuestión.

Pero aún hoy (aunque cada vez menos) la mujer es considerada como inspiradora del pecado, definitivamente peligrosa, la responsable de lo enigmático, oculto e incomprensible. De este modo el femicidio, cometido por el colectivo social, obedece a mantener bajo control lo “otro”, lo diferente. Lo implícito en éste accionar es que desresponsabiliza al hombre y que parapetándose tras diferentes posiciones políticas, religiosas, culturales sabemos que no es otra cosa que el prejuicio una vez más, la dificultad para el reconocimiento de la otredad. Subyace asi la más primitiva lucha de poder y dominio.

¿Acaso no hay otra manera de construir una identidad sin sacrificar a la mujer? ¿Co-construyendo con ella?

En un mundo interconectado por la inmediatez de la información que facilita la web, no es posible desentenderse.

El psicoanálisis no puede estar ajeno, sus herramientas nos permiten desenmascarar que hay detrás de hechos como éste.

El femicidio no es solo el asesinato de una mujer, podemos definirlo también como su asesinato simbólico, que se produce al impedir que las mujeres tengan acceso a la educación y poder convertirse entonces en agentes y sujetos de sus propias vidas.

¡No hagamos silencio del femicidio! Comencemos por nosotros mismos: recuerdo a Mariam Alizade que al pensar en el próximo milenio decía:

Quizás la mujer del tercer milenio quiera ser pensada por el psicoanálisis como persona en su totalidad, no en las márgenes del pensamiento como “lo distinto y enigmático” sino como un ser par en el complejo concierto humano. Esta propuesta derivará en innovadoras teorizaciones que ubicarán al enigma en su carácter de “universal de existencia” y lo liberarán de los ecos de una fantasmática sociocultural2


1 “los verdaderos hombres no compran mujeres.”
Mariam Alizade “Enigma de Mujer / Enigma de la Creación”. Revista Imago Agenda. El enigma femenino. Nº 81, julio 2004.