Desmentida. Efectos en la clínica
Febrero 2022 - ISSN 2796-9576
Ensayos psicoanalíticos

La desmentida: su lugar en el duelo y en la cultura

Agustina Toso
Agustina Toso
Marcelo Grigoravicius
Marcelo Grigoravicius

El presente trabajo se propone analizar el mecanismo de defensa de la desmentida como un primer momento en el trabajo de duelo en el que se pone en tela de juicio la realidad. Se comenzará por un recorrido por el concepto de desmentida en Psicoanálisis y se lo diferenciará de otros mecanismos de defensa. Asimismo, se abordará el lugar de la desmentida en la época actual situando el lugar para las pérdidas en el presente contexto sociohistórico. 

La realidad desgarrada

La relación del duelo con la realidad merece un análisis pormenorizado, debido a que se trata de un vínculo más complejo de lo que se suele considerar. Freud le otorga al examen de realidad un lugar preponderante en el inicio del duelo afirmando:

El examen de realidad ha mostrado que el objeto ya no existe más, y de él emana ahora la exhortación de quitar toda la libido de sus enlaces con ese objeto. A ello se opone una comprensible renuencia; universalmente se observa que el hombre no abandona de buen grado una posición libidinal, ni aún cuando el sustituto ya asoma. La renuencia puede alcanzar tal intensidad que produzca un extrañamiento de la realidad y una retención del objeto por vía de una psicosis alucinatoria de deseo. Lo normal es que prevalezca el acatamiento de la realidad. Pero la orden que esta imparte no puede cumplirse enseguida (Freud, 1917, p. 242)

¿Cómo comprender esta afirmación? Si es tomado a la ligera podría llevarnos a la confusión de considerar que la realidad objetiva tendría un poder soberano sobre la realidad psíquica y que el alejamiento de la realidad sería un signo patológico. Este extravío se acercaría a una concepción psiquiátrica que toma al criterio de realidad como un índice diagnóstico; pero esa no es la postura del psicoanálisis. La utilización de los términos “normal” y “patológico” en relación a la realidad podría suponer que el acatamiento de la realidad sería la “normalidad” y el extrañamiento lo “patológico”. Puede decirse que el mérito del psicoanálisis resulta en acentuar la importancia de la realidad psíquica en una imbricación con la realidad objetiva, y más aún en ese momento tan especial como es la pérdida de un ser querido.

Es por ello que Freud advierte que esto no puede realizarse enseguida, que debe hacerse pieza por pieza, que requiere un tiempo. Ahora bien ¿cómo se mide ese tiempo? ¿en meses? ¿en años? ¿qué es lo que dificulta ese reconocimiento? Podemos afirmar que anoticiarse de la muerte de un ser querido no se corresponde con un reconocimiento de su ausencia definitiva. El examen de realidad que nos recuerda Freud es el dispositivo por medio del cual el aparato psíquico diferencia una percepción de una representación, pues bien, ¿cómo se percibe una ausencia?

En el duelo, la desaparición del objeto de amor en la realidad, no es condición suficiente para que se pierda subjetivamente. Dicha realidad puede ser no ser reconocida por el sujeto en un primer momento, sin que ello implique en sí una patología: existen numerosas experiencias relatadas donde se cree ver al ser querido por un instante en una multitud, escuchar su voz, o las llaves en la cerradura. Siguiendo el modelo de la vivencia de satisfacción primitiva, la ausencia del objeto no es percibida en un primer momento, sino que se alucina su presencia, aunque sea por un breve instante. Solo en un segundo momento el aparato se encuentra en condiciones para reconocer la ausencia del objeto, que involucra siempre un atravesamiento por el dolor.

La realidad se torna extraña para quien está en duelo, en ese punto el extrañamiento de la realidad es la regla. El doliente se encuentra con una realidad que deja de darle pruebas evidentes. En los primeros momentos del duelo existe una especie de desgarro, una rotura, un rasgado de la realidad, la realidad está puesta a prueba (Allouch, 1996).

Esta es una muestra más de que la realidad “externa” no tiene existencia independientemente de la experiencia subjetiva. El conflicto entre el yo y la realidad fue abordado por Freud en numerosas ocasiones, lo que lo ha llevado a afirmar que la realidad siempre está mediatizada por un acto psíquico.

La desmentida en Psicoanálisis

Para Freud una de las ocasiones paradigmáticas donde estalla el conflicto entre el yo y la realidad se sitúa durante el apogeo de la fase fálica en la actitud del niño ante la percepción de la “ausencia” de pene en la mujer (1994/1925a). Allí, la realidad objetiva que no coincide con la teoría sexual infantil “todos tienen”, se torna intolerable debido al complejo de castración. En ese momento, la realidad es modificada en pos de la realidad psíquica: el niño insiste en ver ahí un pene, donde la realidad muestra lo contrario.

En textos posteriores, Freud (1994/1927, 1994/1940a) vuelve a indagar el tema del conflicto entre el yo y la realidad, analizando el fenómeno del fetichismo, y allí va a postular un mecanismo específico que es la Verleugnung traducida al español como desmentida o renegación. Resulta interesante que en este texto Freud realiza una analogía entre la actitud del niño ante la ausencia de pene en la mujer y la actitud ante la muerte de un ser querido, ambas como realidades displacenteras para el yo; entonces, ¿qué nos aporta el concepto de desmentida a la comprensión del proceso de duelo?

El concepto de desmentida en Freud puede rastrearse generalmente asociado al complejo de castración, y suele pensarse como el mecanismo específico de la perversión. Muchas veces se difunde que a cada entidad nosológica le corresponde un mecanismo de defensa específico, pero esto no es tan evidente en la obra freudiana. La desmentida no es un mecanismo exclusivo de la perversión y Freud no duda en extenderlo a otros cuadros:

el yo (...) con harta frecuencia da en la situación de defenderse de una admonición del mundo exterior sentida como penosa, lo cual acontece mediante la desmentida de las percepciones que anotician de ese reclamo de la realidad objetiva.  Tales desmentidas sobrevienen asaz a menudo, no sólo en los fetichistas; y toda vez que tenemos oportunidad de estudiarlas se revelan como unas medidas que se toman a medias, unos intentos incompletos de desasirse de la realidad objetiva (Freud, 1994/1940a, p. 205).

Si en un principio Freud estudia la desmentida en relación al complejo de castración, luego extiende su utilización, más allá del campo de las perversiones, frente a una realidad que resulte displacentera para el yo.

Tal es así que Freud postula dicho mecanismo para comprender la actitud de dos pacientes frente a la muerte de un ser querido:

Por el análisis de dos jóvenes averigüé que ambos no se habían dado por enterados, en su segundo y su décimo año de vida, respectivamente, de la muerte de su padre; la habían “escotomizado” ... a pesar de lo cual ninguno había desarrollado una psicosis. Vale decir que en su caso el yo había desmentido un fragmento sin duda sustantivo de la realidad como hace el yo del fetichista (Freud, 1994/1927, pág. 150). 

Este no-reconocimiento de la dolorosa realidad de la muerte resulta ser una actitud esperable en los primeros momentos del duelo. La operatoria de la desmentida trae consigo una escisión del yo. Su utilización no implica un desconocimiento total de la realidad, sino un reconocimiento y a la vez un no-reconocimiento. Esta característica la diferencia de otros mecanismos de defensa, como se desarrollará más adelante.

Ana María Fernández (1999) propone ampliar dicho concepto y repensar la tradicional insistencia del psicoanálisis de situar al falo materno y la desmentida de su ausencia como el origen de las creencias. La concepción clásica implicaría naturalizar la diferencia sexual como esencialmente insoportable y el sexo femenino como deficitario; invisibilizando así la dimensión política de la sexuación. Además, se ofrecería una narrativa exclusivamente psicológica para explicar complejos procesos entramados con otras narrativas, por ejemplo, sociales, históricas y culturales.

Por lo tanto, la diferencia sexual experimentada como insoportable y la concepción del sexo femenino como deficitario son significaciones colectivas construidas en el imaginario social que condicionan la subjetividad. Las relaciones de poder y las jerarquías sociales anteceden al “descubrimiento del niño” en la fase fálica.

En este sentido, elucidar críticamente el concepto de desmentida implica revisarlo y ajustarlo a los límites del Psicoanálisis. Desmentir implica:

entender las condiciones por las cuales el sujeto de deseo -término teórico, no las personas- puede construir creencias que desmientan la realidad. (...) hace inteligibles las condiciones de la subjetividad por las cuales el sujeto de deseo -en tanto tal- puede construir creencias que desmientan una realidad insoportable (p. 147)

La desmentida se constituye entonces como una modalidad defensiva ante una realidad siniestra, produciendo una escisión del yo. En los inicios de los avatares del duelo, la desmentida conlleva a una convivencia entre el reconocimiento y el no-reconocimiento de la ausencia. Estas dos vertientes conviven en el doliente de manera simultánea.

En el campo clínico, estas dos vertientes pueden observarse cuando por un lado existen expresiones de dolor, como por ejemplo las publicaciones en las redes sociales; y al mismo tiempo existen modalidades evasivas que “adormecen” el dolor, como las conductas maníacas, impulsivas, de consumo o acting-outs. En ocasiones, puede observarse cierta “fetichización” de algunos objetos pertenecientes al difunto, que cobran ese valor tan singular que recuerda la presencia al mismo tiempo que la ausencia.

Delimitación conceptual entre Verleugnung (desmentida), Verwerfung (repudio), Verneinung (negación) y Verdrängung (represión)

Resulta indispensable realizar un deslinde de conceptos en la obra de Freud que suelen confundirse o yuxtaponerse produciendo extravíos teóricos y clínicos. No obstante, debe mencionarse que el propio Freud muchas veces suele confundir o utilizar como sinónimos o como intercambiables algunos términos en el contexto de sus descubrimientos. A esta situación contribuyen los deslizamientos de las traducciones de los vocablos alemanes al español.

Es necesario diferenciar a la Verleugnung (desmentida) del mecanismo de la Verwerfung (repudio). Este último tradicionalmente fue traducido al español como Repudio/Desestima/Forclusión/Preclusión sumando confusión a su utilización.

El vocablo Verwerfung (repudio) alude a un rechazo, a una exclusión, a una repulsión. Supone un rechazo absoluto de una percepción externa y por tanto se impide el acceso al aparato psíquico; se desestima su tramitación psíquica, del mismo modo que se desestima un elemento probatorio en un proceso judicial. Por tanto, se trata de un mecanismo de defensa característico de las psicosis. Un claro ejemplo en la obra freudiana es la cita en el historial del “Hombre de los lobos” (1994/1918) donde afirma que el paciente “rechazó” la percepción de la diferencia sexual anatómica. En este punto Freud subraya las diferencias con el mecanismo de la Verdrängung (represión), ya que no hay aquí retorno desde lo inconsciente, sino que lo rechazado retorna de forma alucinatoria, por ejemplo, en la alucinación del dedo cortado del célebre paciente ruso.

Debe notarse, asimismo, que al igual que la Verleugnung (desmentida), aquí el conflicto se da entre el yo y la realidad; pero a diferencia de aquella, en la Verwerfung (repudio) no se produce una escisión del yo, en la cual conviven un reconocimiento y un no-reconocimiento de la realidad; por el contrario, aquí opera una exclusión, un rechazo absoluto de la percepción. Podemos decir que si predomina este mecanismo frente a una pérdida, se está mucho más cerca de la “psicosis alucinatoria de deseo” como aquella paciente de Freud (1994/1917) que acuna un leño frente a la muerte de su hijo; aquí no hay lugar para la ausencia. Puede decirse que esa persona no está en condiciones psíquicas de enfrentar una pérdida. La posibilidad de perder es un logro simbólico del aparato psíquico.

Otro de los términos que suelen confundirse con el de Verleugnung (desmentida), es el de Verneinung que fue traducido al español por negación o por denegación. Este mecanismo es muy diferente al de la desmentida, ya que se encuentra en el terreno de la represión. Muchas veces se confunde el término psicoanalítico con el lenguaje coloquial, por ejemplo, en la expresión “negación de la realidad”. Sin embargo, en el texto “La negación” (1994/1925b) Freud deja muy en claro que se trata de un fenómeno que ocurre cuando lo reprimido está a punto de entrar en la consciencia, pero todavía no puede reconocerse como propio. En ese punto, ese elemento que había sido desplazado al inconsciente, se presenta en el discurso de la persona, pero de manera negativa, se rechaza el contenido al mismo tiempo que se lo enuncia. Los clásicos ejemplos de negación son: “no vaya a creer que estoy hablando de mi madre”, es decir, esta negación es la marca de un contenido que estaba bajo represión pero que ya ha iniciado el camino a ser reconocido por el yo.

Por tanto, esta negación es el indicador de la represión, de la censura, y de ninguna manera de la desmentida de un elemento de la realidad. Se trata de un rechazo de un contenido inconsciente, donde el conflicto está dado entre el yo y el ello, muy diferente del rechazo de la realidad que se produce en la Verleugnung (desmentida) y la Verwerfung (repudio) donde el conflicto, aunque con consecuencias diversas, se da entre el yo y la realidad.

Laplanche y Pontalis (2012) nos informan que los deslizamientos de traducción también ocurrieron en el famoso libro de Anna Freud “El yo y los mecanismos de defensa” donde se ha traducido por negación el término alemán Verleugnung (desmentida) y que de allí se arrastró la confusión entre los términos en español de desmentida y negación.
La diferencia en el terreno en que se da el conflicto psíquico es lo que diferencia también a la Verleugnung (desmentida) de la Verdrängung (represión), mecanismo de defensa por excelencia de la neurosis. En esta última el conflicto se da entre el yo y el ello, donde el yo rechaza una representación ligada a la pulsión; y no entre el yo y la percepción de una realidad insoportable como en el caso de la Verleugnung (desmentida). Asimismo, recordemos que con la Verleugnung (desmentida) se produce una escisión del yo donde conviven el reconocimiento con el no-reconocimiento, fenómeno que no sucede en la Verdrängung (represión) donde lo que se produce es el retorno de lo reprimido.

Desmentida, hipermodernidad y duelo

El uso de la desmentida frente a las situaciones de pérdida se complementa muy bien con el discurso capitalista y los valores culturales de la hipermodernidad que fomentan la cultura del bienestar y el no-dolor.

Sostiene Han (2017) que los tiempos en los que existía el otro se han ido: el otro como amigo, como misterio y como deseo; como contrapartida, se abre paso a lo igual y se expulsa lo distinto. Se desmiente la pérdida, toda forma de vulneración y conmoción produciendo un fenómeno de exaltación narcisista, que puede llevar a conductas maníacas e impulsivas. Así es como el yo se convierte en empresario de sí mismo, se produce, representa y ofrece como mercancía; compensando desde lo imaginario, carencias simbólicas.

Las relaciones son reemplazadas por conexiones y una de las consecuencias es la desaparición de los rituales (Han, 2020). Entregarse a un ritual implica al menos por un instante olvidarse de sí mismo. Los rituales generan una “comunidad sin comunicación mientras que lo que predomina hoy es una comunicación sin comunidad” (p. 6). Estabilizan la vida gracias a su repetición, son una praxis simbólica. La comunidad se impone a sí misma el duelo ante la experiencia de la pérdida:

La ceremonia funeraria se aplica como un barniz sobre la piel, protegiéndola y aislándola así de las atroces quemaduras del duelo que causa la muerte de un amado. Donde no se celebran rituales como dispositivos protectores, la vida está totalmente desprotegida. (p. 15)

Para Han (2020) la declinación de lo simbólico y de los rituales se fomentan mutuamente. Los rituales generan una comunidad de resonancia, un ritmo común, al que le es inherente la dimensión de lo distinto. Sin esa resonancia uno se queda aislado sobre sí mismo y la depresión surge cuando la resonancia en el otro es cero. Según este autor, los «me gusta», los amigos y los seguidores amplifican el eco del yo, no constituyen ningún campo de resonancia. El doliente entonces, queda desprotegido, sin recursos simbólicos para la tramitación de las pérdidas.

Tal ha sido la situación al enfrentar la pandemia por el COVID 19 con la suspensión de los rituales funerarios. Sin embargo, emergieron otras vías de tramitación. Se ha observado el uso de redes sociales para hacer públicas las pérdidas y expresar el dolor. Tal es así, que se han conocido experiencias en servicios de salud mental en los cuales se han implementado sitios virtuales conmemorativos para familiares que no pudieron despedirse presencialmente de su ser querido. Asimismo, se generaron grupos en aplicaciones de mensajería instantánea en los cuales, ante la pérdida, se compartieron recuerdos, experiencias, anécdotas, imágenes, entre otros. De esta manera, estas experiencias operaron al modo de los encuentros de los velorios tradicionales. ¿Podría pensarse que si bien hay una pérdida de los rituales funerarios tradicionales; ¿a su vez, emergen nuevos ritos? ¿Podría pensarse a la tecnología como un medio capaz de funcionar como ritual resonando en lo comunitario? ¿Es posible hablar de “velorios virtuales”?

Estas experiencias parecen evidenciar un cambio que se viene gestando incluso desde antes de la pandemia. En otro trabajo (Grigoravicius, Naszewski, Toso, Espejón y Ferrario, 2018) se ha analizado el modo en que la tecnología oficia como obstaculizador o facilitador en la elaboración de las pérdidas. Respecto a la obstaculización, se trataría de un detenimiento en los primeros momentos del duelo donde aparece la desmentida; y cuyo objetivo sería evitar el encuentro con el dolor. Como facilitador, la tecnología se convierte en herramienta que hace posible nuevos ritos funerarios y el avance en los distintos momentos que el duelo implica.

Conclusiones

La desmentida es escasamente considerada como un mecanismo de defensa inherente al proceso de duelo; incluso muchas veces, se la confunde terminológicamente con otros mecanismos. No obstante, en los primeros momentos del duelo la desmentida ocupa un lugar específico; que no implica per se una reacción patológica. Su uso resulta una operación bastante generalizada del aparato psíquico ante la dolorosa realidad de la muerte de un ser querido. Se produce una escisión en el yo entre dos tendencias opuestas: reconocer y no-reconocer la pérdida. De modo que la realidad del doliente se vuelve extraña y deja de reconocerse como un dato objetivo.

Esta escisión se articula magistralmente con los ideales y mandatos de bienestar y satisfacción garantizada que promueve la hipermodernidad. Nuestra cultura y el discurso capitalista ofrecen un sinfín de objetos de consumo que favorecen la obturación de la ausencia, mediante el cortocircuito de la satisfacción pulsional. De modo que se observa una incompatibilidad entre la temporalidad express de la cultura y la temporalidad singular del sujeto doliente. Las consecuencias de tal exigencia conllevan a realizar el duelo a solas y en silencio, como si fuera una especie de condena. Se trata de una cultura que convierte el dolor en estigma, favoreciendo la desmentida. Esto conlleva un detenimiento en el primer momento del duelo donde predomina dicho mecanismo; se trata de un momento histórico que obstaculiza la elaboración de las pérdidas.

Muchas veces se piensa al duelo como un proceso eminentemente intrapsíquico, cuando en verdad resulta ineludible estimar la importancia que adquiere la trama vincular del doliente para la elaboración. Debe considerarse entonces el valor que adquieren aquí los rituales, que forman parte de la vertiente pública y social que necesariamente implica un duelo.

Ante la inequívoca declinación de los rituales funerarios tradicionales, junto a la universalidad humana de otorgar sentido a lo inexplicable ¿podrían pensarse nuevas modalidades rituales que contribuyan a la simbolización? Se observa una extendida utilización de las redes sociales, en las cuales se realizan publicaciones de materiales audiovisuales o textos tendientes a expresar el dolor por una pérdida y también hacer público un recuerdo. Asimismo, se observa la extendida práctica del tatuaje, en la cual el doliente inscribe una marca en su piel en referencia del ser querido perdido, su nombre, su rostro o un dibujo que lo representa. Estos fenómenos funcionan como una respuesta singular ante una sociedad en la que predomina el uso de la desmentida, una sociedad que deja de brindar soportes simbólicos comunitarios, y que a la vez deja en evidencia la insistencia universal de la subjetividad de inscribir, de simbolizar un suceso fuera del sentido.

Autores

Marcelo Grigoravicius   

Dr. en Psicología, Universidad de Buenos Aires. Magister en el uso indebido de drogas, Universidad de Buenos Aires. Docente e investigador de la Facultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires y en la Facultad de Ciencias Psicológicas de la Universidad Kennedy. Director de las investigaciones.

Agustina Toso

Doctoranda en Estudios y Políticas de Género en Universidad Nacional Tres de Febrero. Magister en Psicoanálisis. Profesora e investigadora en la Facultad de Ciencias Psicológicas de dicha universidad y en el Instituto Superior de Formación Docente y Técnica N°49. Realiza actividades clínicas en el Centro de Salud Mental N°3 Dr. Arturo Ameghino, Buenos Aires. Autora del libro El cuerpo como objeto de consumo (2020) y de otros artículos de psicoanálisis.

Referencias bibliográficas

Allouch, J. (1996). Erótica del duelo en tiempos de la muerte seca. El cuenco de plata.
Fernández, A. (1999). Instituciones estalladas. Buenos Aires: Eudeba
Freud, S. (1994/1917). Duelo y melancolía. En J. Strachey (Ed.), J.L. Etcheverry & L. Wolfson (Trads.), Obras completas (vol. XIV, págs. 235-255). Amorrortu Editores.
Freud, S. (1994/1918). De la historia de una neurosis infantil. En J. Strachey (Ed.), J.L. Etcheverry & L. Wolfson (Trads.), Obras completas (vol. XVII, págs. 1-112). Amorrortu Editores.
Freud, S. (1994/1925a). Algunas consecuencias psíquicas de la diferencia sexual anatómica. En J. Strachey (Ed.), J.L. Etcheverry & L. Wolfson (Trads.), Obras completas (vol. XIX, págs. 259-276). Amorrortu Editores.
Freud, S. (1994/1925b). La negación. En J. Strachey (Ed.), J.L. Etcheverry & L. Wolfson (Trads.), Obras completas (vol. XIX, págs. 249-257). Amorrortu Editores.
Freud, S. (1994/1927). Fetichismo. En J. Strachey (Ed.), J.L. Etcheverry & L. Wolfson (Trads.), Obras completas (vol. XXI, págs. 141-152). Amorrortu Editores.
Freud, S. (1994/1940a). Esquema del psicoanálisis. En J. Strachey (Ed.), J.L. Etcheverry & L. Wolfson (Trads.), Obras completas (vol. XXIII, págs. 133-209). Amorrortu Editores.
Grigoravicius, M; Naszewski, M.; Toso, M. A.; Espejón, N. M.; Ferrario, N. (2018). El duelo des-actualizado. En Trimboli, A.; Grande, E.; Raggi, S.; Fantin, J. C.; Fridman, P. y Bertrán, G. (comps.). “Psicosis actuales. Locura y alienación”. (pp. 251-253). Buenos Aires: Asociación Argentina de Salud Mental.
Grigoravicius, M. & Toso, A. (2020). Aislamiento, privación y angustia. El sigma. Disponible en: https://www.elsigma.com/columnas/aislamiento-privacion-y-angustia/13771
Han, B. (2017). La expulsión de lo distinto. Barcelona: Herder
Han, B. (2020). La desaparición de los rituales. Barcelona: Herder
Laplanche, J. y Pontalis, J. B. (2012). Diccionario de psicoanálisis. Buenos Aires: Paidós.

DESCRIPTORES:

DESMENTIDA / DUELO / REALIDAD / REPUDIO / NEGACION / RITOS / MECANISMOS DE DEFENSA

PALABRAS CLAVES:

RITO FUNERARIO / REDES SOCIALES

Directora: Mirta Goldstein de Vainstoc

Secretario: Jorge Catelli

Colaboradores: Claudia Amburgo

José Fischbein

María Amado de Zaffore

ISSN: 2796-9576

Los descriptores han sido adjudicados mediante el uso del Tesauro de Psicoanálisis  de la Asociación Psicoanalítica Argentina

Presidenta: Dra. María Gabriela Goldstein

Vice-Presidente: Dr. Eduardo Safdie

Secretario: Dr. Adolfo Benjamín

Secretaria Científica: Lic. Cristina Rosas de Salas

Tesorero: Dr. S. Guillermo Bruschtein

Vocales: Dr. Carlos Federico Weisse, Dra. Leonor Marta Valenti de Greif, Lic. Mario Cóccaro, Dr. Néstor Alberto Barbon, Psic. Patricia Latosinski, Lic. Roxana Meygide de Schargorodsky, Lic. Susana Stella Gorris.