Número Extraordinario: A cien años de La organización genital infantil de Freud. ¿Cómo el psicoanálisis dialoga con las teorías de género?
Junio 2023 - ISSN 2796-9576
Textos breves

A cien años de la organización genital infantil: Diálogo entre psicoanálisis y las teorías de género

Liliana Pérez
Liliana Pérez

Lo que me maravilla cuando leo a Freud, cuando lo comprendo, es su fuerza, su locura, su fuerza loca y genial de querer explicar la fuente íntima que nos anima a nosotros Los humanos. El placer de leer a Freud es descubrir que, más allá de las palabras, de quien habla es de nosotros.

Juan David Nasio

Lo inefable es en realidad infancia. La experiencia es el mysterion que todo hombre instituye por el hecho de tener una infancia…., es el voto que compromete al hombre con la palabra y con la verdad.

Así como la infancia destina el lenguaje a la verdad, así el lenguaje constituye la verdad como destino de la experiencia.

Giorgio Agamben (Infancia e Historia)

 En busca de esa infancia que habla en nosotros, existen al menos dos preguntas que me sugiere el título de esta publicación: El primero sería ¿cómo leer a Freud después de cien años?, y el otro, ¿bajo qué parámetros dialogar con las teorías de género?

En lo que sigue, intento arrimar una respuesta posible para la segunda interrogación. Pensar un diálogo entre el psicoanálisis y las teorías de género nos permite encontrar algunas coincidencias y divergencias. La primera coincidencia es que la posición sexuada del humano no es algo natural sino algo que se va construyendo. Freud lo advirtió tempranamente con su concepto de pulsión, a diferencia del instinto para los animales. Un punto compartido podría ser que ambas concepciones se interesan en el sufrimiento humano, el padecimiento entre los sexos, las disidencias identitarias, pero partiendo de epistemologías divergentes en lo que hace a los fundamentos de cada una, la práctica discursiva en que se estructuran y la finalidad a la que arriban.

En la actualidad, las llamadas trans-sexualidades son admitidas por legislaciones que organizan prácticas y costumbres que van cambiando en cada momento de la historia. Para el humano, el sexo no es solo una anatomía, es principalmente, una realidad discursiva, un producto de los discursos que ordenan los lazos sociales. Nos aclara Colette Soler: “porque el niño no es un hombre, contrariamente al pequeño tigre, que ya es un tigre”. Somos seres habitados por el lenguaje que nos llega de los otros (Otro), y esa es la materia, la palabra, con la que cuenta el psicoanálisis. 

Podemos formular que el único diálogo posible entre el psicoanálisis y cualquier otra teoría por la que esté interpelado, será servirse de las categorías descubiertas por Freud, base de nuestra praxis y fundamento de las lecturas que podamos hacer frente a cualquier fenómeno social.  Eso no significa que no sea pertinente avanzar sobre ellas o interrogar las oscuridades que nos plantean, pero desmentirlas es desviar el psicoanálisis hacia prácticas que tienen otra finalidad.

En este sentido, ¿cuál es la finalidad del psicoanálisis? Una respuesta parcial: develar el inconsciente. Podemos discutir qué significa esto, pero sin este planteo, se degrada el campo abierto por Freud. Afirmar que el develamiento del inconsciente está ligado originariamente a la práctica de Freud es una premisa fundamental, pues así descubrió que los síntomas que aquejaban a sus pacientes hablaban, eran mensajes a descifrar, sus cuerpos tenían algo que decir y postuló que el psicoanálisis puede elaborar un saber sobre el cuerpo del ser hablante.

La mayoría de los síntomas que son objeto del psicoanálisis remiten al cuerpo hablante y no solo en la histeria, también en las anorexias, en las obsesiones, en las perversiones.

En los tiempos que corren, encontramos que el cuerpo es objeto de estudio en diversos campos del saber y sus prácticas correspondientes. Pero el psicoanálisis es una praxis que trata el cuerpo vía la palabra, considerando que en ese decir se cifra algo del inconsciente que no está dicho. Escuchar esa revelación es nuestra tarea y el legado que Freud nos dejó. Descubrió que el cuerpo está determinado por el inconsciente como lenguaje. “Ello habla”, el inconsciente tiene la clave y se trata de escucharlo. En la medida en que hay un imposible de decir, ombligo del sueño, es que eso habla.

En la actualidad y desde hace tiempo, existe la necesidad de hacer pública una cuestión relativa a la problemática de la identidad sexual. Las personas en esta situación tienen representación social, política e ideológica. Estas iniciativas de asociación suelen extenderse y constituir nuevos lazos sociales. Así es que lo sexual “se presenta como una incidencia muy importante de una ideología de la ciencia que, en lo social, cultural y político, afecta de manera directa al discurso mismo”. (Salafia: Lapsus Calami 1- La transrelación sexual).

La importancia del discurso de la tecnología de la ciencia en lo que hace al lazo social y la identidad sexual y el grado de desorientación que produce, no evitará nuevas segregaciones y marginalidad.

“Pretender sustituir la diferencia sexual por una diferencia de género es casi pre-freudiano y se torna una importante resistencia al psicoanálisis, en tanto lo inconsciente, el sexo y el deseo son distorsionados desde la lógica discursiva que mantienen”. (N. Ferreyra: Lapsus Calami 1- El deseo, el sexo y lo inconsciente).

En 1973, en ocasión de la apertura de la sesión clínica en Vincennes Lacan propuso: “La clínica consiste en reinterrogar todo aquello que Freud ha dicho”. Advierto ahora que las dos preguntas que me formulé están íntimamente relacionadas, y que conllevan en sí mismas una respuesta posible, ya que leer hoy a Freud es interrogarlo. Interrogarlo significa avanzar en los estudios freudianos, para poder construir lo que nos interpela desde sus escritos. Desde aquí, estamos en condiciones de volver a leer el artículo freudiano de 1923.

Antes de esta fecha, y muy tempranamente en los escritos freudianos el psicoanálisis dio cuenta de la importancia de la sexualidad y de lo infantil en el aparato psíquico y que la naturaleza del humano es pervertida por la palabra. Es el estudio de las neurosis lo que le permitió descubrir que ciertas organizaciones sexuales dominan la vida de todos los sujetos, sean “sanos” o “enfermos”.

El deseo sexual, infantil y reprimido como motor del sueño en La interpretación de los sueños, es también la primera aproximación al objeto de conocimiento que define lo que concierne propiamente al psicoanálisis: el concepto de inconsciente. Por supuesto, en aquel momento hubo detractores frente a este descubrimiento, como sigue habiéndolos en la actualidad dentro del mismo campo psicoanalítico.

Deduzco que las cosas que más molestaron y molestan son el descubrimiento de que no hay un objeto armónico para el encuentro sexual, la contingencia para el objeto de la pulsión sexual, y la imposibilidad de acceder al deseo inconsciente si no es a través de sus rodeos.

En el prólogo a la reedición de 1920 de los Tres ensayos, señala que el tema de la sexualidad en psicoanálisis sigue suscitando antagonismos, provocando que muchos psicoanalistas lo abandonen con el propósito de adoptar otras teorías que reduzcan el papel del factor sexual en la vida psíquica.

La organización genital infantil iba a ser originariamente una nota para Tres ensayos, pero pronto se dio cuenta que merecía una extensión y ubicación en su obra diferentes, ya que en el mismo introduce una novedad y tiene que establecer en qué consiste. Será el punto de partida para desarrollar el complejo de Edipo y la asunción de la sexualidad.

Comienza el artículo de 1923 haciendo una breve reseña de los Tres ensayos, sus intercalaciones, contradicciones (sin desdeñar ninguna) y destaca que la aproximación de la sexualidad infantil a la del adulto no se circunscribe a la emergencia de la elección de objeto. El carácter principal de la organización infantil que la diferencia de la adulta reside en que, para ambos sexos, sólo desempeña su papel un genital, el masculino. Por tanto, la gran novedad es que no hay un primado genital, sino un primado del falo, con lo cual está claro que Freud diferencia pene de falo. La primacía es del falo. El falo no lo tiene nadie, solo marca una diferencia: algunos tienen pene y otros no y esta falta pone en jaque el ser de cada cual. Es muy claro el ejemplo de Juanito que le imaginaba falo a todos los seres animados e inanimados. Comenzando por su madre. Esto no es casual, pues, nos advierte Freud, el horror se produce ante la castración materna.

No se trata entonces de una madurez genital a la que hay que llegar, sino de una primacía fálica, una premisa lógica, una exigencia de derecho. Se trata de un silogismo: todos tienen pene, pero si al menos uno no lo tiene, en consecuencia, hay angustia de castración. La organización genital es una organización alrededor de la premisa fálica. Es el falo el que organiza los campos discursivos de la sexualidad. Tiempo después, Lacan le dio relevancia a esta instancia en tanto la carencia proviene de nuestra sujeción al lenguaje.

Es necesario destacar en estos párrafos que la organización genital infantil se plantea como una organización de preguntas, misterios, fantasías y teorías sexuales, sobre aquello de la sexualidad que no se termina de saber, pero de lo que de alguna manera se goza, como es el caso de las fantasías sexuales al servicio de la masturbación.

La falta de pene es entendida como una castración. Pero, aclara Freud, “solo puede apreciarse rectamente la significatividad del complejo de castración si a la vez se toma en cuenta su génesis en la fase del primado del falo”. Los misterios que nos trae el primado del falo no existen sin la amenaza de una pérdida, o de una privación desde el origen. ¿Acaso no nos dice Freud que el primer objeto que se pierde, das Ding, está en el origen? Represión primaria mediante, serán sus retoños los que aparezcan en este nuevo escenario donde el complejo de castración reedita una pérdida, ahora en términos de tener o no tener, ser o no ser (impostura masculina, mascarada femenina).

Si seguimos el texto, cuando se refiere a la primacía fálica introduce la palabra Verleugnung, que se traduce como renegación o desmentida. Pero Freud indica que se trata de desconocimiento, como una defensa ante la castración diferente del olvido clásicamente asociado a la represión.  Es una defensa del yo ante la percepción de la falta del pene en la madre, en la fase fálica. La Verleugnung establece una escisión yoica en virtud de la cual, una parte del yo acepta la realidad tal cual es, mientras que la otra la rechaza refugiándose para ello en la creación de un objeto fetiche (a la manera de la perversión), gracias al cual el yo puede sostener la creencia en la madre fálica y mantiene la ilusión de una completud narcisista.

¿Acaso la primacía del falo no vendría al lugar de estas creencias, constituyendo un complejo nuclear donde no solo opera la represión sino también la Verleugnung? Un fetiche (el falo) que vela una ausencia, una falta primordial. El fetiche es un sustituto del pene, pero “no es un sustituto de uno cualquiera, sino de uno determinado particular…El fetiche es el sustituto del falo de la madre” (Freud, Fetichismo (1927, O.C. Amorrortu Ed. p. 147). Siendo un sustituto deja de estar en un plano imaginario (amenaza de castración o envidia del pene) para entrar en un plano simbólico; vía que tomará Lacan en sus primeros seminarios: el falo en su dimensión significante.

La noción de escisión del yo en este artículo nos lleva de lleno al terreno del narcisismo y sus perturbaciones. Dice Freud “ahora se le plantea al niño la tarea de habérselas con la referencia de la castración a su propia persona”, no sin haber pasado por el descubrimiento de la castración en el Otro.

El texto concluye con un gran enigma que atraviesa su obra: el de lo femenino, el menosprecio por la mujer, el horror ante la falta de pene. ¿Se lo habrán cortado como castigo?? Todas las especulaciones para mantener intacta a quien más ama: la Madre. Ella todavía lo posee y es la última en caer.

Acaso ¿esto sólo les ocurre a los varones? Ese continente negro que es la sexualidad femenina, ¿no lo es para ambos sexos? ¿Qué quiere una mujer? Esta pregunta que nos deja Freud como un legado interrogativo ¿no es para ambos sexos? ¿No parten del descubrimiento y a la vez desconocimiento de la castración materna todas las vicisitudes de la sexualidad? ¿No agujerea esta pregunta  la envidia del pene en la niña y la amenaza de castración en el varón?[1]

A Freud le servirá este texto para desarrollar luego la teoría del complejo de Edipo y de castración en el varón y en la niña, caminos que no son paralelos ni simétricos. Es verdad que a Freud se le complica el destino de la sexualidad femenina cuando aplica  la lógica silogística del niño, atribuyendo a la maternidad una salida para los enigmas que le presenta lo femenino.[2]

Su asunción se alcanzará más adelante, luego de la latencia; mientras tanto abundarán las teorías sexuales infantiles, pasando por todas las polaridades fantasmales del período pregenital, que dejarán marcas de goce libidinal, trazas indelebles de alguna cifra sexuada a advenir en la llamada adultez.

 A modo de conclusión:

Para Freud, masculinidad y feminidad no son características que definan a un sujeto desde los comienzos de la vida, es decir, no son puntos de partida sino de llegada. Se llega –o no– a ser hombre o mujer, pero no en virtud de una constitución anatómica, sino de los avatares de una historia con otros, de una historia en el campo del lenguaje. Dos tesis esenciales, la ausencia de un objeto predeterminado y adecuado de la pulsión y la existencia de la sexualidad infantil, son los aspectos básicos para justificar tal punto de vista.

El cuerpo sexuado es anatomía capturada por un orden simbólico. Desde el momento crucial de su encuentro con el deseo de la histérica, Freud se confronta con el hecho de que el cuerpo parlante que somos, es un cuerpo que sufre, ama, desea y goza en franca transgresión con toda ley natural, un cuerpo atravesado por el lenguaje, la estructura que al humanizarlo también lo desnaturaliza.

Desde 1923, con su concepto de “fase fálica”, Freud establece que el falo debe considerarse como verdadero operador de ese corte que produce el sexo. En esa fase fálica el pene aparece como una presencia que bien podría no estar, es decir, una presencia sometida a las leyes de lo simbólico.

El falo es, por ello, una premisa básica para la constitución del sujeto sexuado. Pero “ser el falo”, ser aquello que nulificaría la diferencia –y, por lo tanto, la falta– aparece como la “identidad” imposible. Sin embargo, a falta de serlo, siempre es posible aparentarlo: tal es la función de la “mascarada” femenina, destinada a provocar el deseo del hombre conjurando la amenaza de castración que el encuentro con el otro sexo actualiza. Más difícil que aparentarlo resulta –en el plano imaginario– tenerlo, meta inalcanzable que se confundiría con el acceso a una potencia tal que podría hacer posible un goce no limitado por ley alguna, sea biológica o simbólica.

El sujeto puede intentar autodesignarse en el plano significante, pero la fijación del goce lo determina. La posición sexuada es absolutamente singular e independiente del sexo biológico, del género, y de la elección del objeto, y depende de las marcas y fijaciones que se hayan producido en el encuentro contingente que cada uno haya tenido durante el entramado histórico de su deseo sexual.

 [1] Este será un tema retomado por Lacan al comienzo de su enseñanza, pues la castración se lee en el Otro como lenguaje, nos llega del Otro a través de lalengua.

[2] También Lacan tomará en cuenta este problema aplicando una particular lógica que será la puerta que abra para distinguir una nueva modalidad del goce. Lo femenino y lo masculino remiten a dos goces diferentes y no complementarios en lo sexual, así como a dos posiciones discursivas.

Bibliografía

Agamben G. (1978) Infancia e historia. Buenos Aires: Adriana Hidalgo editora, 2018

Freud, S. (1931) Sobre la sexualidad femenina. Obras Completas. Tomo 21. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu Editores

-       (1938) La escisión del yo en el proceso defensivo. Obras Completas. Tomo 23. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu Editores

-        (1924). El sepultamiento del complejo de Edipo. Obras Completas Tomo 19. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu Editores

-        (1903) Tres Ensayos de teoría sexual Obras Completas. Tomo 7 Buenos Aires, Argentina: Amorrortu Editores

-        (1927) Fetichismo. Obras Completas. Tomo 21. Buenos Aires, Argentina:  Amorrortu Editores

Lacan, J. (1958) La significación del falo. Escritos, Tomo 2. Argentina: Siglo XXI Editores

-       (1972/73) El seminario de Jacques Lacan libro 20 AUN. Buenos Aires, Argentina: Ediciones Paidós

-       (1978) Lacan por Vincennes!! Journal d’Ornicar? 1978/10/22 Nasio D. (1994) El placer de leer a Freud. España: Gedisa Editorial

Salafia A. y Ferreyra N. (2010) El cuerpo y lo sexual. Lapsus calami 1. Buenos Aires: Letra Viva

Soler C. (2013) Lacan, lo inconsciente reinventado. 1ra. Edición. Buenos Aires, Argentina: Amorrortu/editores

Autora

Liliana Pérez, APA

Descriptores: SEXUALIDAD / PSICOANALISIS / TRANSEXUALISMO / IDENTIDAD SEXUAL / CUERPO / DESEO / TEORIAS SEXUALES INFANTILES / FALO / CASTRACION

Directora: Mirta Goldstein de Vainstoc
Secretario: Jorge Catelli
Colaboradores: Claudia Amburgo, José Fischbein, María Amado de Zaffore

ISSN: 2796-9576

ISSN: 2796-9576

Los descriptores han sido adjudicados mediante el uso del Tesauro de Psicoanálisis  de la Asociación Psicoanalítica Argentina

Presidenta: Dra. María Gabriela Goldstein
Vice-Presidente: Dr. Carlos Federico Weisse
Secretario: Dr. Adolfo Benjamín
Secretaria Científica: Lic. Cristina Rosas Salas
Tesorero: Lic. Mario Cóccaro
Vocales: Dra. Leonor Marta Valenti de Greif, Psic. Patricia Latosinski, Lic. Susana Stella Gorris.