Ensayos psicoanalíticos

El duelo o la construcción de la ausencia

Cristina Rosas de Salas
Cristina Rosas de Salas

Duelo: región atroz donde ya no tengo miedo

Roland Barthes, 17 de noviembre 

Después de Introducción del narcisismo donde Freud (1914) había analizado, entre otros temas, la relación del yo con los objetos investidos en 1917 [1915] publica Duelo y melancolía.

Textos de gran interés por lo que implican las constelaciones depresivas que suponen y que, curiosamente, no aparecen en nuestro consultado:  Diccionario de Psicoanálisis de Laplanche y Pontalis.

En dicho texto describe “el cataclismo interior” que ocasiona la pérdida del objeto investido y el esforzado trabajo de elaboración que se produce en el proceso normal de duelo. También se detiene en losmatices que acontecen en lo que enuncia como duelo patológico y hace una cuidadosa diferenciación de los avatares de lo que denominamos “construcción de la ausencia “. Su punto de partida es el vínculo que se tenía con lo perdido.

Se descata la importancia clínica de diferenciar constelacionesdepresivas ante la pérdida y se propone que Duelo, duelo patológico y melancolía, con sus singularidades, anoticiande posibles fallas en la constitución de la categoría de la ausencia y por lo tanto del logro de la contingencia del objeto.

Constelaciones depresivas: el duelo patológico  

En esta ocasión me detendré en   la idea de duelo patológico que ya había sido enunciado por Freud (1909)   en uno de sus más destacados historiales “A propósito de un caso de neurosis obsesivas. (El hombre de las ratas) el que a modo de material clínico servirá de soporte al desarrollo del tema. 

Allí dice Freud:

Pero él pone en duda que todas sus mociones malas sean de ese origen (se refiere a la sexualidad infantil) …consigno todavía que la enfermedad se ha acrecentado enormemente desde la muerte de su padre, y yo le doy la razón en tanto reconozco al duelo por el padre como la principal fuente de la intensidad de aquella. El duelo ha hallado en la enfermedad una expresión patológica, por así decir. Mientras que un duelo normal transcurre en uno o dos años, uno patológico como el suyo es de duración ilimitada. (Freud, S. p.147)

La cita destaca la relación entre acrecentamiento de la enfermedad y duelo.

J. Laplanche (1988) señala que lo distintivo en esta figura de la depresión es que el sujeto  ha perdido “realmente” y se hace él mismo responsable de ésta pérdida; se considera el autor de la pérdida. ” El duelo patológico transforma el “tú me has abandonado” del duelo, en un “yo soy responsable de tu pérdida”, “por mi culpa tú me has abandonado” o inclusive “yo te he destruido”, (pp. 290-310).    

Dicha responsabilidad surge de la ambivalencia de los afectos hacia el objeto perdido que, en el Hombre de las ratas, Freud relaciona con el vínculo ambivalente hacia el padre. Así el tema de la deuda recorre todo el historial y permite observar como la cuestión humana del parricidio se expresa en el caso singular y entorpece el proceso normal de duelo.

Una de las líneas interpretativas que sigue Freud   en el análisis de la ambivalencia es la de la masturbación. Dice: el esfuerzo hacia el quehacer onanista emergió en él en su 21 año, poco después de la muerte de su padre. Quedaba muy avergonzado tras cada satisfacción y pronto volvió a abjurar de ellas. (Freud, S. p.160)

 Un poco más adelante Freud agrega:   … no puedo menos que poner de relieve, como el rasgo común, la prohibición y el sobreponerse a un mandamiento.

En este punto resulta interesante el aporte de R. Avenburg (2000) cuando al analizar el historial aporta la perspectiva del amor o de la añoranza por el padre. Propone analizar la posición de goce masoquista que se revela por ejemplo, en el extraño gesto que Freud percibe en su analizado al relatar la tortura con las ratas y que rápidamente aparece en la transferencia.

“En cambio no resulta en nada indiferente que el trueque de la rata por el pene en el cuento del capitán diera por resultado una situación de comercio per anun, que dentro de la referencia a padre y amada no podía menos que parecerle particularmente repugnante “(Freud p 168)

Segunda sesión “Aquí se interrumpe, se pone de pie y me ruega dispensarlo de la pintura de los detalles. …Freud le dice “Le aseguro que yo mismo no tengo inclinación alguna a la crueldad…Y entre paréntesis aclara que ya le había explicado el concepto de resistencia.

Intervención muy citada pero que el mismo Freud corrige poniendo en claro la inutilidad de calmar al analizado por sus temores obsesivos 

El duelo patológico como situación limítrofe

A Green (1995) se ocupa del duelo patológico sobre todo por su interés en la investigación en los límites de las neurosis puntualmente relacionados con los traumas tempranos, los registros psíquicos tempranos, sus modos de retorno y sus posibilidades de acceso a la palabra. 

Su topología de “doble frontera “que incluye, además de la intrapsíquica, la intersubjetiva,hace posible analizar lo que implica el logro de la categoría de la ausencia en tanto es la que   permite la contingencia del objeto y la aceptación de la renuncia a cambio del deseo. Dice “la represión se hace consecuencia del renunciamiento a la destrucción a fin de no poner en peligro ni la organización deseante del sujeto ni su relación con el objeto del deseo “(Green A p 136).

El Historial del Hombre de las ratas es un buen material para pensar con A Green que en el duelo patológico:

“Ya no estamos en un universo de ausencia, inferido por la falta que se deduce del deseo inconsciente que corrige este defecto; estamos en el sufrimiento de una pérdida demasiado presente, pero el que sufre no puede saber ni de qué sufre ni qué lo hace sufrir. Cuanto más aparece el sufrimiento como exceso de presencia interna causada por la ausencia del objeto perdido, lo cual se manifiesta por el dolor psíquico, menos conoce el Yo la naturaleza de este sufrimiento (el odio que le subyace) y la del objeto que lo causa. (Green A.pp. 80-93)

El exceso de presenciaindica quese sostiene el vínculo con un objeto siempre presente,Inolvidable en el odio y en el amor y con el que se mantiene la querella y la culpa consiguiente. 

Así en el duelo patológico y la melancolía, aun con diferencias, se sigue “teniendo” el objeto a pesar de su pérdida o mejor dicho porque su pérdida ya aconteció. En la melancolía, a diferencia del duelo patológico, la identificación con el objeto perdido marca la diferencia y   el riesgo del pasaje al acto siempre está presente.Si bien no es motivo de este trabajo se hacer notar la complejidadque implica este desenlace en tanto sobre el análisis de las identificaciones aún hay mucho por investigar.

Si se toma como referencia la tópica de doble frontera puede decirse que el duelo patológico bascula   en la frontera entre mundo interno y mundo externo, y compromete a ambos.

“Frio, noche, invierno. Estoy en donde hace calor y sin embargo solo. Y comprendo que será preciso que me acostumbre naturalmente en esta soledad, a actuar en ella, a trabajar en ella, acompañado, pegado por “la presencia de la ausencia “(Barthes R.   p. 80). (Las cursivas son del autor)    

La vertiente narcisista en el duelo patológico  

Llegado este punto del desarrollo del tema surgen varias preguntas:  1) porque Freud toma este historial para hablar de duelo patológico. 2) porque en el Hombre de la Ratas la muerte del padre desencadena un duelo patológico, se hace más intensa la ambivalencia y recrudecen los síntomas. 3) la relación del duelo con la neurosis.

“Cuando mama vivía (es decir toda mi vida pasada), estaba yo en la neurosis por miedo a perderla. Ahora (ahí está lo que el duelo me enseña), este duelo es por así decir el único punto de mí que no es neurótico: Como si mama por un último don, se hubiera llevado lejos de mí la mala parte, la neurosis “(Barthes R. mayo 1978)

 Las preguntas antes mencionadas permitenintroducir la cuestión de la dimensión narcisista que toda perdida conlleva y seconjetura que la misma sehace evidente en el obsesivo por lo que laidea de duelo patológico puede puntuarse en todo historial.

El tema de la muerte, del paso del tiempo, la opacidad del otro semejante que el obsesivo cree controlar se ven conmovidas por la perdida. …” 

Se estima que esta dimensión narcisista no siempre se considera en el obsesivo alquedar opacada por la dimensión masoquista del intrincado andamiaje defensivo.

 Sin embargo, la duda que caracteriza al obsesivo no deja de ser, como sostiene S Leclaire (2000 p 47) una duda de si mismo. “La duda es, en último análisis, una duda del amor: amor de si, amor del otro, amor de si por el otro”.

Preocupación de Narciso en el que el otro, como espejo de comparación, es mantenido en el duelo con un exceso de presencia. Así la perdida de hoy resignifica perdidas previas,tempranas, que son las que Fred se empeña en demostrar de diversas maneras.

En una bella descripción Leclaire dice: ¿Entonces qué es un obsesivo? El obsesivo es huidizo y diverso, sólido como una roca y zigzagueante como el mar, presente sin estar ahí, está en todas partes y en ninguna. Participaron ya en su vértigo cuando los arrastra hacia el círculo vicioso de sus dudas, de sus contradicciones, desde su rigidez monolítica hasta la sutileza de sus relativizaciones incesantes. Curiosa fortaleza la de ese castillo almenado cuyos portales abiertos son más infranqueables que las murallas; asombroso dominio cerrado que contiene en sus límites infinitamente extensibles un adentro y un afuera, un castillo interior rodeado de una feroz naturaleza en la que están representados todos los paisajes del mundo, que contiene en su microcosmos todas las verdades como otros tantos elementos estériles. Fortaleza sorprendente que esconde tantas habilidades, temores y angustia. (Leclaire, 2008, p. 50)

 Así   detrás del sofisticado andamiaje defensivo del obsesivo, el masoquismo y el narcisismo seconjugan y la posibilidad de un duelo patológico se torna posible.

Cuestiones de la clínica

Considerar diferencias en las constelaciones depresivas no solo incide en los avatares del proceso sino en la decisión de acciones complementarias como suele ocurrir en la melancolía en la que el suicidio y/o el homicidio son riesgos a tener en cuenta. 

Es esta preocupación, siempre presente, el motivo central para pensar en los matices entre dichas constelaciones depresivas.

Eludir la intervención farmacológica en el duelo normal o decidir acciones complementarias en la melancolía no son datos sin trascendencia.

Néstor Braunstein en un reciente libro y con relación a la critica a las clasificaciones psiquiátricas advierte sobre los riesgos algunas de dichas clasificaciones. Dice con relación al duelo.  “Trastornos de aflicción “(bereavement) considerado como “trastorno depresivo mayor” y por lo tanto… tratado con antidepresivos en lugar de permitir actuar los mecanismos del duelo, lo rituales, la compañía de familiares y amigos solidarios “(p.112)

Construcciones y duelo patológico

En el plano del tratamiento analítico un punto interesante en el historial es el enunciado de la idea y el uso que Freud hace de las construcciones dato que no aparece en el diccionario de Laplanche y Pontalis ni en el tomo XXIV que se utiliza para las referencias. Si aparece mencionado en la Nota introductoria al trabajo “Construcciones en el análisis” en la que Strachey menciona las referencias al tema en el Hombre de los Lobos (1918) y en Sobre la psicogenesis de un caso de homosexualidad femenina (1920).

Esto indica que el modo de retorno y análisis de registros tempranos ya aparece en momentos tempranos de su obra.

Se conjetura que el uso de las construcciones está en relación con su revisión respecto de dejar a la represión como mecanismo defensivo propio de la histeria para señalar que en la neurosis obsesiva se trata de otras defensas y lo comprometido está en relación con los destinos del afecto.

Sera necesario, entonces como dice R. Barthes en su Diario de duelo (que escribe luego de la muerte de su madre) precisar duelo y aflicción?

Se comparte esta idea en tanto la aflicción parece la denominación adecuada para el estado afectivo que acompañe el duelo y su intensidad tendrá valor diagnostico e indicativo de los avatares del trabajo psíquico ante la pérdida.

“Duelo/ aflicción (Muerte de la Madre)

Proust habla de aflicción, no de duelo (palabra nueva, psicoanalítica que desfigura” (p. 168)

Por su parte Freud indica: “Quien quiera que haya leído mi “Análisis de la fobia de un niño de cinco años” (1909 p) [supra, página 84 y siguiente] me creerá si digo que no es propósito de estas puntualizaciones rebajar con posterioridad la sexualidad infantil, por mí aseverada, reduciéndola al interés sexual de la pubertad. Sólo me propongo dar indicaciones técnicas a los efectos de resolver aquellas formaciones de la fantasía que están destinadas a falsear la imagen del quehacer sexual infantil.

 Así, adelantándose a su trabajo de 1937 señala:

“…apoyado en este y parecidos indicios me atreví a formular una construcción: de niño, a la edad de seis años, él había cometido algún desaguisado sexual entramado con el onanismo, y recibió del padre una sensible reprimenda. Este castigo había puesto fin al onanismo, sí, pero por otra parte dejó como secuela una inquina inextinguible contra su padre y fijó para todos los tiempos su papel como perturbador del goce sexual.(p. 161).

En la sesión del 14 de octubre (tercera sesión) dice Freud por otra parte, este recuerdo, el más temprano, de 31/2años (la hermana tenía 8) armoniza bien con mi construcción. La muerte lo ha tocado de cerca, realmente ha creído que uno muere si se masturba (p. 207).

Resulta destacable que Freud:  1) precise al aprés-coup como mecanismo operante en laresignificación en la pubertad de la sexualidad infantil   y 2) que señale que lo aportado por el analizado responde a una construcción poética de características épicas.  

 “Cuando uno se internaba a mayor profundidad en la interpretación de los sueños del paciente referidos a este asunto, hallaba las más nítidas referencias a una poetización que cabía llamar épica, en las que las concupiscencias sexuales hacia la madre y hermanas, y la muerte prematura de estas hermanas, eran conjugadas con aquel castigo del pequeño héroe por el padre (p. 173).

Destaca también que, como efecto de la construcción aparece en el paciente el recuerdo de una historia familiar: …” he aquí el relato: Cuando él era todavía muy pequeño - la ocasión precisa se pudo obtener, después, por una coincidencia con la enfermedad mortal de su hermana mayor (pág. 183) - debe de haber emprendido algo enojoso, por el cual el padre le pegó y entonces el pilluelo fue presa de una ira terrible e insultaba todavía bajo los golpes del padre. Pero como aún no conocía palabras insultantes, recurrió a todos los nombres de objetos que se le iban ocurriendo, y decía: “eh, tú, lámpara, pañuelo, plato”, etc. El padre sacudido, cesó de pegarle y expresó “Este chico será un gran hombre o un gran criminal”. (p 173):

Ahora bien, su preocupación por la verosimilitud de las construcciones hace que en extenso pie de página (Nro. 39) señale:

Si uno no quiere equivocarse en la apreciación de la realidad objetiva, tiene que acordarse, ante todo, de que los “recuerdos de infancia” de los seres humanos se establecen sólo en una edad posterior [casi siempre, en la pubertad], y que entonces son sometidos a un complejo trabajo de refundición que es enteramente análogo a la formación de zagas de un pueblo sobre su historia primordial. Cabe discernir con nitidez que el ser humano en crecimiento busca, en estas formaciones de la fantasía sobre su primera infancia, borrar la memoria de su quehacer autoerótico, elevando sus huellas mnémicas al estado del amor de objeto: o sea como un genuino historiógrafo procura contemplar el pasado a la luz del presente. (Freud p 162). (Las negritas son mías)

La escena que ofrece al analizado es: muerte (¿de la hermana, duelo de la madre?), onanismo, castigo del padre amado-odiado y una sentencia pronunciada “Este chico será un gran hombre o un gran criminal”. (Freud p. 173).

Freud se encarga de señalar que “la solución” del Hombre de las ratas consiste en “…que él estaba fragmentado, por así decir en tres personalidades; yo diría en una inconsciente y dos preconscientes, entre las cuales podía oscilar su conciencia” (p 193.)

Él está hecho de tres personalidades, una llena de humor, una ascética religiosa, y una viciosa– perversa (p. 217).

Es decir, su “solución” fue ser, al mismo tiempo, un gran hombre y un criminal

También resulta llamativa la cautelosa expresión “me atreví a formular” que aparece en el historial y que es retomada   en su trabajo de 1937   al poner el acento en que la construcción es una labor preliminar que surge de “indicios”.

En esta perspectiva el historial es un claro ejemplo del artesanal acopio de indicios: en el relato, por el significante (rateen), en los actos y en la transferencia   que sirven de apoyatura a la conjetura que aporta al analizado 

Se estima que es con esta perspectiva que puede hablarse de “imaginación clínica “del analista y se propone pensar a las construcciones como productoras de verosimilitud más que como reveladoras de una verdad profunda a ser puesta en evidencia.  De concebirlas como resultado del artesanal ensamblado de “indicios” que permitan analizar el modo singular de posicionarse de este sujeto ante los grandes temas de la sexualidad y la muerte.

 Por esto se considera que cuando se apela a la “necesidad” de la regresión a “lo profundo” se está en el plano de la especulación metapsicológica en tanto, aun en los actos, siempre en la superficie hay un guion, “un grano de verdad”, indicios, que sirven de apoyatura para que nuestras construcciones hechas-dichas en transferencia y producto del campo analítico adquieran unaverosimilitud generadora de convicción.

En este punto el trabajo analítico que Freud hace en el historial es ejemplar.

Por otra parte, la “imaginación clínica” trata de encontrar el punto, los puntos, los detalles, los indicios en que lo singular de la perdida se anuda con lo general de lo humano.

De qué se trata entonces de “¿No suprimir el duelo (la aflicción) (idea estúpida del tiempo que abolirá) sino cambiarlo, transformarlo, hacerlo pasar de un estado estacionario, (estasis, nudos en la garganta, recurrencias repetitivas de lo idéntico) a un estado fluido? (R. Barthes, p 155).

En el duelo patológico la alternativa del análisis, aun en los bordes de las neurosis como parece ser el caso del Hombre de la Ratas, se torna posible en la medida que se considere la idea de que el duelo ha quedado capturado por el entramado neurótico y hunde sus raíces en pérdidas tempranas.

Por otra parte ¿Qué es la pulsión de vida sino un estado fluido? ¿Qué es el análisis sino la posibilidad para que esto ocurra?

Referencias bibliográficas:

Avenburg R. - (2000) Supervisándonos mutuamente con Freud: El caso hombre de las ratas. Revista de la Sociedad Argentina de sicoanálisis, (2): 45-73, 199.

Barthes R. - (2009) Diario de duelo 26 de octubre de 1997. 15 de septiembre de 1978, Siglo veintiuno editores, Argentina.

Braunstein N. - (2013) Clasificar en psiquiatría Cap. 2y4. Siglo veintiuno editores México.

Freud S. -(1909)Hombre de las Ratas.A propósito de un caso de neurosis obsesiva.  Tomo X, Amorrortu editores.

- (1914) Tomo 14 Introducción del narcisismo Amorrortu editores 

- (1917[1915]) Tomo 14 Duelo y Melancolía Amorrortu editores

Green A.– (1995) El trabajo de lo negativo Cap. 5y6 Amorrortu editores

Laplanche J. - (1990) La angustia. Problemáticas 1 Clase de febrero de 1973 Amorrortu editores

LeclaireS. - (2000) Escritos sobre psicoanálisis II. Diabluras (1955-1994 Cap. 1 Sobre la función imaginaria de la duda.Amorrortu editores

Autor/es:

Cristina Rosas de salas, APA

Descriptores: DUELO / TRABAJO DEL DUELO / DUELO PATOLOGICO / MELANCOLIA / CONSTRUCCION

Directora: Mirta Goldstein de Vainstoc

Secretario: Jorge Catelli

Colaboradores: Claudia Amburgo

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Los descriptores han sido adjudicados mediante el uso del Tesauro de Psicoanálisis  de la Asociación Psicoanalítica Argentina

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