Intersecciones

Cuidar a los que cuidan en tiempos de covid-19. Experiencia de trabajo grupal en una institución mixta, geriátrica y de rehabilitación - Intersecciones en Salud Mental

Alejandro Bègue
Alejandro Bègue
Claudia Borensztejn
Claudia Borensztejn
Florencia Fernández
Florencia Fernández
Gabriel Finquelievich
Gabriel Finquelievich
Laura Orsi
Laura Orsi
María Cristina Fernández
María Cristina Fernández
Olga Cartaña
Olga Cartaña
Rosalía Alvarez
Rosalía Alvarez
Sonia Sandleris
Sonia Sandleris
Vivian Secco
Vivian Secco

“En tiempos de incertidumbre y desesperanza, es imprescindible gestar proyectos colectivos desde donde planificar la esperanza junto a otros.” Pichón Rivière.

El virus de lo extranjero, lo extranjero del virus. Juego de palabras que nos invitó a sumar algunas reflexiones al relato de la experiencia realizada por la APA entre los meses de abril y agosto del 2020: cuidar a los que cuidan.

El COVID, irrumpió de pronto en nuestras vidas transformando lo familiar en extraño y ajeno, generando angustia y presentificando la muerte. La fuerza del Covid fractura la relación con el otro. Devela lo real del desamparo y del desvalimiento. Pero también revela la duplicidad de la relación intersubjetiva: el otro como peligro y/o amenaza y el otro como oportunidad para crear lazos. Oportunidad para intentar aproximarnos y reconocer al extranjero que nos habita. Hay un extranjero en cada uno de nosotros, no siempre le damos un lugar en nuestro pensamiento, en nuestros ojos, en nuestra escucha. Kristeva dice “cómo pensar al otro, al diferente, al inmigrante, si no nos reconocemos como extranjeros a nosotros mismos” ¿No reconocer al extranjero que nos habita sería vivirlo como un virus?

Lo grupal, ante una situación disruptiva, aloja la angustia tanto generada por el covid, como la angustia que este despierta al encontrarse cada uno con su propio extranjero. Posibilita la integración de lo extraño, regulando el interjuego entre proximidad y distancia.

En distintos momentos de la experiencia que vamos a relatar lo extranjero estuvo presente, lo familiar se fue transformando en extraño, lo común en ajeno, el lugar de trabajo, la propia casa, era por momentos desconocido y conocido al mismo tiempo. Esto provocaba angustia que se iba poniendo de manifiesto desde la singularidad de cada uno frente a estas situaciones compartidas. Se moviliza así el virus de lo extranjero, existente en cada uno.

Entrando en la experiencia ...

Contexto

El nuevo virus, la pandemia, la cuarentena, la virtualización de nuestra práctica y el miedo ante la incertidumbre, fueron elementos fundamentales que nos atravesaron a todos. En la Argentina un sector importante del país padeció una larga cuarentena obligatoria. La orden de protegerse del virus tuvo un efecto paradojal en los trabajadores de la salud, quienes no pudiendo aislarse, debieron recurrir a protocolos muy estrictos de seguridad e higiene, para poder realizar su indispensable tarea, al tiempo que quedaban permanentemente expuestos al contagio y al consiguiente riesgo de muerte. La asistencia a los trabajadores de salud fue imprescindible. Éstos se vieron repentinamente sometidos a una situación disruptiva, que les generaba enormes temores y angustias. El mundo afectivo y laboral que habitaban, cambió de manera contundente y vertiginosa, y se agudizaron las dificultades en las relaciones humanas. Lo cotidiano, lo habitual, se volvió extraño

Nos planteamos acompañar y contener las angustias surgidas, generando un espacio desde la semejanza, la confianza y la esperanza, con el fin de crear y/o recuperar la deteriorada integridad de los vínculos afectivos entre los compañeros de trabajo, arrasada de diferentes formas por esta catástrofe humanitaria. Pensamos en el potencial del espacio grupal, para generar nuevas miradas, observaciones y reflexiones que permitieran alivianar este presente, e investir y estructurar un futuro posible. El grupo, genera una zona, un espacio intermedio transicional, que favorece la metabolización de las vivencias potencialmente traumáticas, a partir del reflexionar sobre ello y explicitarlas. Entendemos la reflexión, como el trabajo psíquico que remite a la propia subjetividad y al grupo como un espacio donde los otros funcionan como sostén y posibilidad de intercambio.
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Metodología

Se organizaron:

A) Grupos de reflexión coordinados por psicoanalistas de APA. Los grupos eran abiertos, a todos aquellos profesionales que quisieran y pudieran concurrir en el horario estipulado, y heterogéneos, no sólo por las diferentes disciplinas (enfermeros, terapeutas ocupacionales, kinesiólogos, médicos, psicólogos, asistentes sociales, integrantes del departamento de recursos humanos) sino también en cuanto a la posición jerárquica que cumplían en la institución (coordinadores, colaboradores, directivos médicos). Los encuentros fueron semanales, de una hora de duración. La cantidad de integrantes en cada grupo oscilaba entre 4 y 8 personas.

B) Grupo de coordinadores (Equipo APA). Los coordinadores formalizaron un espacio de reflexión, junto a la presidenta de APA, estas reuniones fueron semanales, durando habitualmente 2 horas y media.

C) Comunicaciones periódicas entre directivos. Entre la Presidenta de APA y los directivos de la institución solicitante, para comentar los temas que surgían en los grupos y en la dirección.

D) Encuentros en la reunión dominical del equipo APA con los directivos.

Objetivo “cuidar a los que cuidan”

A) En los grupos de reflexión nuestra finalidad fue generar un espacio confiable, donde pudieran compartir lo que les pasaba, escuchando y sintiéndose escuchados. Propusimos el espacio grupal, como modelo de contención para que en el futuro, ellos mismos puedan procurarse su propia red de comunicación en su cotidianeidad laboral, evitando el aislamiento emocional. Consideramos que el sostén y mantenimiento de los vínculos proveen inmunidad psíquica y constituyen una verdadera usina de recursos para la prevención del burnout.

B) En el grupo de psicoanalistas de APA el fin era compartir la experiencia y aunar criterios de trabajo. Pensamos que, de esta manera nosotros mismos nos constituimos en una red de comunicación y contención. Nos ayudaba al sostén de la tarea, a reflexionar y pensar sobre lo que estaba sucediendo en cada grupo y en los diferentes niveles de la institución. Al no trabajar aisladamente, nosotros también nos estábamos proveyendo la inmunidad necesaria para enfrentar esta difícil situación. En esta red de sostén es de destacar la función de la presidente de la institución, no participante en los grupos y a la vez, nexo entre ambas instituciones. Esta presencia introduce la figura de un tercero que permite otra visión, posibilitando así una toma de distancia, necesaria para la elaboración de la tarea. De esta manera se evita el riesgo de quedar atrapado en la red, ya que simultáneamente somos protagonistas y espectadores, de estas nuevas realidades que nos envuelven y nos implican.

Relato de la experiencia

Se organizaron 9 grupos de reflexión. Cada grupo fue diferente en su dinámica y en su proceso.

De un día para el otro, todo cambió, tanto el trabajo de cada uno dentro de la institución, como afuera, en su vida personal y familiar. En los comienzos, había diferencias entre los grupos en relación a cómo cada uno de ellos vivenciaban las modificaciones en el lugar de trabajo. En un extremo, estaban los que se sentían protegidos por la institución, diciendo “a nosotros esto nunca nos va a pasar, el COVID no va a entrar, la institución nos cuida” y en el otro, los que se sentían agobiados por los cambios que tenían que incorporar. “Llego a mi casa y me siguen llegando WhatsApp con los nuevos protocolos, no termino de acomodarme a uno, que ya llega otro”.

Escuchábamos un doble discurso, desde los niveles superiores, donde para cuidarlos se les exigía y presionaba

Es de destacar, si bien todos teníamos experiencia en grupos, era la primera vez que atendíamos un grupo virtualmente. Los integrantes compartían el espacio físico y por lo tanto estaban todos con barbijo y a veces, hasta con anteojos. Un esfuerzo se sumaba a nuestro trabajo: poder entender lo que decían, estar atentos a todas las otras formas de expresión: miradas, gestos, posturas. A veces era difícil reconocerlos, asociar nombres con caras, identificar al que estaba hablando, a lo que nos fuimos acostumbrando con el tiempo. Lo que parecía una uniformidad al principio, fue diferenciándose. Se resaltaron así las singularidades al mismo tiempo que se rescataban las producciones grupales.

La temática de inicio, giraba alrededor del temor a contagiarse o contagiar a sus pacientes ancianos o bien, a los que por estar en rehabilitación, eran extremadamente vulnerables. También temían contagiar a sus familias.

Al trabajar con una población de alto riesgo, los profesionales sentían un elevado nivel de angustia, al que se le sumaba la discriminación social por estar expuestos al virus, en algunos casos. En los comienzos también aparecieron en los grupos sentimientos de vulnerabilidad, desamparo e incertidumbre. Se trabajó en cómo aceptar, comprender, tolerar, metabolizar todas las situaciones inéditas que se daban día a día. La angustia de los pacientes internados también aumentaba por lo desconocido propio de la cuarentena, ya que habían perdido el encuentro con sus familiares y el encuentro a través de los sentidos con los profesionales que los atendían, debido a la distancia social y sensorial que las barreras protectoras imponían. ¿Cómo reemplazar el lenguaje habitual a cara descubierta? La posibilidad de ver los gestos, escuchar bien, acercarse, tocarse, darse un beso, habían desaparecido entre profesional y paciente. Al perderse este contacto, los pacientes comenzaron a saludarse con un beso entre ellos. Fue entonces necesario también, poner barbijos a los pacientes.

El trabajo de los profesionales se fue sobrecargando. La organización y reorganización constante no fue sólo en relación a las tareas a realizar, sino también en función de la complejización de los protocolos, que implicaban una elevada minuciosidad en los nuevos procedimientos, trayendo como consecuencia una amenaza enorme, ya que cualquier error en los mismos echaba por tierra tanto esfuerzo. En un momento, el virus comenzó a circular en la institución, y se hizo presente la escena temida.

Comenzó a surgir claramente para nosotros el entrecruzamiento de tres tipos de temas: a) el del coronavirus con todo lo que ello exigía, b) una problemática institucional que preexistía a la pandemia, se agudizaba y c) problemas personales, que surgían veladamente en las comunicaciones. Estos tres niveles temáticos dieron lugar a una reflexión que dio forma al encuadre de trabajo. Una temporalidad que no estaría dada por los tiempos de la pandemia, sino por los tiempos de elaboración de la misma, sin tocar los otros dos niveles detectados, el intrainstitucional y el personal. El marco temporal nos resultó importante para anclar un eje en medio de la pérdida de ritmos habituales en cuarentena.

En el plano institucional, escuchábamos que, los niveles de exigencia, control, limitaciones y fallas en la comunicación por ausencia de información y por la forma de transmitirla aumentaron; con ello las tensiones, la falta de tiempo y las presiones que sentían por parte de sus superiores. En el personal percibíamos agotamiento, insomnio, sentimientos de culpa, malestar corporal, que iban agudizándose. Aparecía en algunos la fantasía de enfermarse. Algunos manifestaron no sentirse reconocidos por sus superiores en el arduo trabajo que realizaban. Cuanto más difícil se tornaba la situación laboral, más aumentaba la necesidad de aprovechar el espacio grupal, al que vivían como un respiro en medio de una situación agobiante.

El trabajo grupal analítico empezó a rendir sus frutos. La comunicación comenzó a circular más fluidamente entre los compañeros de trabajo, experimentando que de esta forma se cuidaban entre ellos: apoyándose, compartiendo vivencias, sugiriéndose posibles salidas. Trabajamos la posibilidad, de que sus malestares pudieran ser expresados más allá del espacio grupal. Al haber acrecentado la pandemia conflictos preexistentes, en especial los comunicacionales, no solo entre ellos, sino también con sus superiores, se trabajó la manera de transmitirlos. Lo que manifestaban como presiones y exigencias recibidas (“vos acá tenés que funcionar al 100 %, no puede haber errores”) dio lugar a pensar cómo se jugaba en cada uno las propias exigencias, que siempre habían estado presentes, por sentirse pertenecientes a una institución prestigiosa, casi una institución modelo. Lo persecutorio alternaba con el agradecimiento por ser cuidados, de modo que el clima poco a poco fue cambiando, volviéndose más tranquilo y reflexivo. Empezamos a pensar que llegaba el momento de dar un cierre a nuestra intervención; el objetivo para el que fuimos convocados, se estaba cumpliendo. Los integrantes de los grupos contaban ya con herramientas suficientes para funcionar en lo que faltara de la pandemia. Consensuamos con los directivos el fin de la tarea, a pesar de su deseo que continuáramos hasta que el pico del virus bajara. En Argentina ese momento era incierto. Lo que habíamos trabajado ya tenía sus efectos que iban a seguir actuando en cada uno y en la institución, circulara o no el virus.

Efectos de la tarea

• Pudieron dejar de pensar “esto me pasa sólo a mí”. El hablar con sus pares en el lugar de trabajo fue un aprendizaje del manejo de las angustias comunes, reforzando las redes e incrementando la solidaridad.

• La experiencia vivida en el grupo trajo fluidez en la comunicación. Pudieron transmitir su malestar a sus coordinadores. La comunicación comenzó a circular de manera diferente en toda la institución.

• Plantearon el deseo de continuar con el espacio, a la manera de un grupo de autogestión.

• Hubo un cambio en nosotros a partir de atravesar la experiencia. Tuvimos que reelaborar en el trabajo conjunto nuestra forma de ser y estar con el otro en pandemia. Lejos y cerca, detrás de la línea de fuego. Valorar intensamente el trabajo que los trabajadores de salud realizan y poder cuidar a los que cuidan

Reconsideramos los tres niveles de conflictos que describimos en el trabajo realizado:

1) la pandemia, por el que fuimos convocados.

2) los personales que el Covid agudizó. Creemos que uno de los efectos fue la toma de conciencia, en algunos casos, de conflictivas personales también develadas en el trabajo grupal. Algunos de los integrantes de los grupos, a partir de esta experiencia, se animaron a una terapia individual.

3) los intrainstitucionales. Nos quedó claro, lo difícil, exigente y conflictivo que resulta sostener una institución, tan grande, con tantos años de prestigio y con el firme propósito de mantener un nivel de excelencia, más aún en medio de la pandemia en la que tantos geriátricos fueron desalojados y cerrados.

En los últimos tiempos de nuestra intervención surgió entre nosotros la hipótesis con la que trabajamos, que es la de un interjuego entre una “institución amenazada por el Covid”, una” institución posible” y una “institución ideal”, donde todo funcione perfecto a la manera de un yo ideal, exento de toda crítica. Nosotros, realizamos nuestro trabajo en una “institución amenazada por el Covid” y nos abocamos a la aceptación en todos los niveles de una “institución posible”.. Lo que sucedió durante la pandemia funcionó como una lente de aumento de lo que pasaba antes de la pandemia en esa “institución posible”. “Institución posible” e “institución ideal” fue la tensión que sostuvo nuestro trabajo y que reverberaba en las ansiedades que circulaban, entre la paranoia y el agradecimiento.

En síntesis, podríamos decir que el coronavirus determinó un contexto nuevo, develó conflictos preexistentes en la institución, y escenificó lo extranjero, despertado por lo disruptivo de la pandemia.

Nos interesa subrayar el trabajo grupal, pensado psicoanalíticamente, como un lugar privilegiado que pone en juego, los recursos saludables del psiquismo y remite a las potencialidades creativas y curativas existentes en cada sujeto.

"Compartir experiencias y vivencias, y narrarlas es tan necesario para el alma como comer y beber para el cuerpo carnal." Walter Benjamin

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Autores:

Dr. Alejandro Bègue, Lic. Gabriel Finquelievich, Dra. Florencia Fernández, Dra. Laura Orsi, Lic. Rosalía Álvarez, Lic. Sonia Sandleris, Lic. María Cristina Fernández, Lic. Olga Cartaña y Lic. Vivian Secco, coordinados por la ex presidenta de la institución Dra. Claudia Borensztejn, APA

Palabras clave: GRUPOS DE REFLEXION ONLINE / ATENCION SOLIDARIA / INMUNIDAD PSIQUICA

Directora: Mirta Goldstein de Vainstoc

Secretario: Jorge Catelli

Colaboradores: Claudia Amburgo

José Fischbein

María Amado de Zaffore

Los descriptores han sido adjudicados mediante el uso del Tesauro de Psicoanálisis  de la Asociación Psicoanalítica Argentina

Presidenta: Dra. María Gabriela Goldstein

Vice-Presidente: Dr. Eduardo Safdie

Secretario: Dr. Adolfo Benjamín

Secretaria Científica: Lic. Cristina Rosas de Salas

Tesorero: Dr. S. Guillermo Bruschtein

Vocales: Dr. Carlos Federico Weisse, Dra. Leonor Marta Valenti de Greif, Lic. Mario Cóccaro, Dr. Néstor Alberto Barbon, Psic. Patricia Latosinski, Lic. Roxana Meygide de Schargorodsky, Lic. Susana Stella Gorris.