Textos breves

El virus de lo extranjero

María del Carmen Cayupan de Garfinkel
María del Carmen Cayupan de Garfinkel
Teresa Popiloff
Teresa Popiloff

Diremos, para comenzar, que nos encontramos ante un título inquietante. “El virus de lo extranjero” ¿Dónde reside lo inquietante en el virus o en lo extranjero?

¿Es el virus un extranjero o es el extranjero un virus?

Lo extranjero entendido como sustantivo, nos remite a quien viene de afuera y en tanto adjetivo, a lo extraño, a lo ajeno. ¿Y el virus, a qué remite?

Utilizando palabras de Franco “Bifo” Berardi diríamos que el virus está actuando como un agente recodificador universal; es decir, como condición para interpretar todo lo que acontece en el mundo; las cosas, las acciones, las relaciones. Pareciera que el capitalismo diera lugar a la potencia de lo viral como clave de lo social. Potencia de lo viral que nos expone a la contaminación sistemática del medio ambiente, al estrés de la competencia económica, a la hiperestimulación electrónica, entre otras manifestaciones. Lo viral no pertenece sólo al virus.

Como señala Baudrillard, J. en La transparencia del mal:

“Ya no estamos en el crecimiento, estamos en la excrecencia. Estamos en la sociedad de la proliferación, de lo que sigue creciendo sin poder ser medido por sus propios fines” (Baudrillard, J,1990, pag.37)

Lo social se ha vuelto viral. La interconectividad, la información, las imágenes, la economía, se reproducen en forma exponencial, virulenta, violenta; en pocas palabras, en forma viral.

Para algunos autores como el filósofo Horvat, S. “El nuevo coronavirus ya ha afectado a la economía global, pero no detendrá la circulación y la acumulación de capital. En todo caso, pronto nacerá una forma más peligrosa de capitalismo, que contará con un mayor control y una mayor purificación de las poblaciones.” 

He allí otra manifestación de la virulencia de lo viral y de su peligrosidad.

En cuanto al virus como fenómeno de lo extraño, de lo extranjero, tal como el título lo propone, conlleva otro problema. Entendido como un intruso ¿dónde se lo ubica? ¿proviniendo del afuera, del exterior? y ¿respecto de qué interior? ¿El propio? ¿Un interior supuestamente no contaminado, preservado, puro?

Tranquiliza pensarlo así y suponer que los dispositivos de prevención serían eficaces para proteger ese supuesto interior; interior del sujeto tanto como interior de lo social.

“Determinar, de antemano, qué es lo propio y qué es lo ajeno, asignar sus lugares como inintercambiables, permite suturar aquello que, de lo contrario, podría venir a dislocarlos.” (Tortorelli, M. A., 2002).

El título, “el virus de lo extranjero” pone en evidencia la relación, en tanto no relación, de nuestra cultura occidental con el mal, la muerte, la angustia, la tristeza, la enfermedad, la vejez, es decir, en pocas palabras, con lo otro, con la alteridad. Escotomizada, la alteridad, se pretende ocultar como no siendo parte de la vida. Se la concibe entonces como extranjera, como impropia.

Toda alteridad es vivida como perturbación del orden preexistente. Se generan sistemas de control con el objetivo de la prevención. Se pagan seguros de vida, se aseguran las propiedades. Los sistemas sanitarios transmiten pautas de salud preventiva que se esfuerzan por prevenir toda alteridad, sosteniendo la ilusión (y destacamos ilusión) de que es posible levantar una barrera que dejaría pasar sólo lo asimilable, bloqueando esa interferencia de lo otro que supuestamente dañaría, alterando, el modo en que el mundo es vivido. Hasta se construyen muros para ello.

¿Podemos ser acaso un niño-burbuja, rodeado de todo el espacio médico dentro de una escafandra, “protegido de todos los contagios por el espacio inmunitario artificial”? Baudrillard, J., 1990, p. 67) ¿Pero acaso la exposición al afuera es evitable? ¿No somos en tanto expuestos? ¿Existe acaso un cuerpo que no esté sujeto a alteraciones, que no se halle él mismo expuesto?

¿Existe acaso la posibilidad de un mundo vivible sin alteridad, sin deficiencia, sin discontinuidades, sin detenciones, sin interrupciones?

“Cansada de procesar señales demasiado complejas, deprimida después de la excesiva sobreexcitación, humillada por la impotencia de sus decisiones frente a la omnipotencia del autómata tecnofinanciero, la mente ha disminuido la tensión. No es que la mente haya decidido algo: es la caída repentina de la tensión que decide por todos. Psicodeflación”. (Berardi, F., 2020, op. cit.)

¿Qué sucede entonces cuando nuestros dispositivos de prevención se manifiestan en su cruda realidad, incapaces de frenar la llegada de lo otro, de lo que irremediablemente llega?

En una época en la que prima la idea y el mandato de ser productor de uno mismo, “sé tú mismo”, toda alteridad aparece como una amenaza, como obstáculo a la producción y a la producción de uno mismo (subrayamos tanto la idea de producción como la de uno mismo).

Los reforzamientos del individualismo, del egocentrismo, la autosuficiencia, la autorreferencia hacen cada vez más complicado el trabajo de estar con otros, el ser modificados por el otro, volviendo cada vez más difícil, a veces casi imposible, el trabajo que lo vincular implica. Reforzamiento que constituiría acaso otra forma de la virulencia.

“El sujeto del tecnopatriarcado neoliberal que la Covid-19 fabrica no tiene piel, es intocable, no tiene manos. No intercambia bienes físicos, ni toca monedas, paga con tarjeta de crédito. No tiene labios, no tiene lengua. No habla en directo, deja un mensaje de voz. No se reúne ni se colectiviza. Es radicalmente individuo.” (Preciado, P.,2020)

Si intentamos radicalizar la cuestión podríamos llegar a pensar, que la apertura a lo otro, en tanto exposición es inevitable, y esto implicaría estar dispuestos a cuestionar la ilusión de la propiedad del sí mismo que se pretende sin otredad alguna ( sea la propiedad de un sujeto o de la sociedad misma).

Con el pretexto de buscar inmunidad intentamos una profilaxis extrema que nos lleva al encierro alejándonos así del contacto con el otro, con lo otro. La piel como superficie de exposición sufre y se repliega.

La paradoja es que, en la búsqueda de reforzar el sistema inmunológico tanto del individuo como de lo social, en el esfuerzo por evitar la venida de lo otro, no sólo nos debilitamos, sino que se facilita el refuerzo de lo virulento como reproducción excrecente de lo mismo.

Lo peor que podría sucedernos es volvernos francamente inmunes a la alteridad.

Bibliografía

Berardi,F.: (2020) El virus como metáfora y como agente material. En ¡STOP! COVID-19: ¿Volver a la normalidad? Ediciones El Psicoanalítico. Bs. As. Argentina. Recuperado en http://lobosuelto.com/wp-content/uploads/2020/05/stop-covid19-volver-a-la-normalidad.pdf
Berardi,F.: (2020) Crónica de la psicodeflación #1. Caja negra editores. Recuperado en https://cajanegraeditora.com.ar/blog/cronica-de-la-psicodeflacion/Original en Nero editions / Fuente: sangrre.com.ar
Horvat, S, en Crónica de la psicodeflación #1, https://cajanegraeditora.com.ar/blog/cronica-de-la-psicodeflacion/).
Nancy, J.L.: (2020) El intruso. Amorrortu Editores .Madrid España
Preciado, P.: (2020) Aprendiendo del virus. Diario El país. Recuperado en https://elpais.com/elpais/2020/03/27/opinion/1585316952_026489.html. Madrid, España
Tortorelli, M.A.: (2002) Lo Arribante, Lo Por-venir. Exposición presentada en ApdeBA. “Fertilización Asistida y Adopción”. Buenos Aires, Argentina.

Autoras

Teresa Nora Popiloff. Miembro titular de la A.P.A

María del Carmen Cayupan de Garfinkel. Miembro adherente de la A.P.A

Descriptores: ALTERIDAD / PREVENCION

Palabras clave: EXTRANJERO / INTRUSO / VIRUS

Directora: Mirta Goldstein de Vainstoc

Secretario: Jorge Catelli

Colaboradores: Claudia Amburgo

José Fischbein

María Amado de Zaffore

Los descriptores han sido adjudicados mediante el uso del Tesauro de Psicoanálisis  de la Asociación Psicoanalítica Argentina

Presidenta: Dra. María Gabriela Goldstein

Vice-Presidente: Dr. Eduardo Safdie

Secretario: Dr. Adolfo Benjamín

Secretaria Científica: Lic. Cristina Rosas de Salas

Tesorero: Dr. S. Guillermo Bruschtein

Vocales: Dr. Carlos Federico Weisse, Dra. Leonor Marta Valenti de Greif, Lic. Mario Cóccaro, Dr. Néstor Alberto Barbon, Psic. Patricia Latosinski, Lic. Roxana Meygide de Schargorodsky, Lic. Susana Stella Gorris.