Textos breves

Comentario Sobre La Verdad Desde La Perspectiva De Lacan

Leonardo Peskin
Leonardo Peskin

Introducción

En 2016 escribí un artículo, en esta misma publicación, sobre el estatuto de la verdad en el psicoanálisis desde una perspectiva general, en esta oportunidad me voy a centrar en Lacan, intentando bosquejar este complejo tema.

Cuando se investiga en la verdad en la obra de Lacan se dibuja un recorrido extenso y con muchas derivaciones. Vemos desfilar diversas influencias; la de Freud es central, pero se agregan filósofos y otros pensadores. Algunos de ellos son: Descartes, Heidegger, Hegel, Kant, Levi-Strauss, Spinoza y otros. Asimismo, apreciamos una sucesión de enfoques que refieren la verdad a diferentes conceptos a lo largo de la teoría, como: la Cosa (Das Ding), el Ser (Das Sein), el Inconsciente, el Deseo, el Objeto de la pulsión, lo Real, el Objeto a, el Sujeto del inconsciente, el Fantasma, etcétera.

Al comienzo aparece la verdad con relación al Ser, con cierta impronta existencialista. Luego, cuestionada esta propuesta del Ser, dado que de lo que se trata es de la carencia en ser como sujeto, cambia radicalmente la referencia. Se enfatiza entonces el objeto perdido del deseo freudiano, la Cosa, que sigue conservando un carácter de inasible, aunque por vía del deseo se expresa al frustrarse la demanda en el análisis.

Por supuesto, la verdad a la que se va refiriendo es la que atañe al psicoanálisis. Y quizá, más específicamente a la que atañe al sujeto desde la perspectiva psicoanalítica. Es en definitiva la verdad involucrada en el padecimiento subjetivo, sea como el dolor de existir y el sentido de los actos en la vida corriente, o cuando irrumpe la patología. También en manifestaciones presubjetivas o “parasubjetivas” en la clínica de borde, como la psicosomática, los pasajes al acto, etc., que van desde la temprana infancia hasta cualquier momento de la vida.

Suele haber muchos aforismos acerca de la verdad en el pensamiento de Lacan; por decir algunos mencionaré: la verdad es a medio decir, “¿si digo miento, digo la verdad?”, la verdad como un lugar en los discursos, la verdad tiene estructura de ficción, la verdad remite a lo real, la angustia es lo que no engaña, etc. Estas múltiples expresiones nos muestran lo inasible de la verdad en una sola versión. Al mismo tiempo observamos que en los distintos momentos teóricos se va deslizando metonímicamente a lo largo de la obra.

Probablemente acontece lo mismo con varios conceptos; en forma alegórica, podemos proponer el conjunto de conceptos como una constelación, como un sistema planetario o la interacción de las partículas elementales de cualquier materia, donde vemos equilibrios, desequilibrios y transformaciones. Siempre sujetos a la lógica de atracciones y rechazos, creando campos de fuerza lógicos según el valor relativo de cada concepto en interacción.

Irrupción del objeto a

En el seminario 10 (La angustia) es donde aparece la angustia como indicador vivencial de la cercanía con la verdad. Dice Lacan: “la angustia no engaña”. Por lo tanto, expresa la verdad de lo real que pasa a ser el objeto a. Esto me llevó a escribir un artículo que titulé “La angustia rostro imaginario de o real”. Lacan inventa el objeto a, objeto teórico que no es objetivable y va cambiando según los bordes desde donde se defina (Imaginario, Simbólico o Real). Los tres circunscriben al objeto a y permiten alguna definición de la pulsión parcial en juego. En principio por su carácter real se lo define negativamente por lo que no es, ya que no es imaginario ni simbólico. Por lo tanto, la verdad referida a este objeto lógico (objeto a) se caracteriza según el registro desde donde se enfoque y en qué momento del desarrollo teórico nos encontremos. Es una ausencia que se nomina como objeto a y se hace operar con relación a todo lo que es presencia produciendo efectos.

El objeto a tiene varias definiciones, por ejemplo, como resto, como plus de goce, como causa de deseo y otras posibles, aunque en la referencia freudiana sería el objeto de la pulsión. Que, si es encauzado, mueve nuestra existencia por vía del deseo, si no encuentra su lugar, lo "reclama" por vía de la angustia, los síntomas, las actuaciones y las inhibiciones. Cada una de esas expresiones encerraría un núcleo de verdad a develar. En definitiva, remite al desarraigo instintivo del humano que se las tiene que arreglar con esa carencia. En torno a esa carencia se desarrollan lo simbólico como organizador del inconsciente y lo imaginario como forjador del narcisismo, construyendo la realidad donde habitamos. Esa realidad tiene umbilicalmente lo real como un agujero que remite a la falta de instinto.

En el seminario siguiente, el 11 (Los cuatro conceptos fundamentales del psicoanálisis), Lacan relanza su enseñanza y enfatiza la relación del sujeto con el objeto a, es decir, con lo real, en tanto logra constituirse desde lo simbólico por vía de su alienación en el significante. La constitución subjetiva implica dos movimientos el de alienación en el significante y el de separación del objeto a. Estos dos movimientos son un continuo que se actualiza permanentemente recorriendo la topología de la banda de Moebius.*

Esta propuesta es complementada por el carácter pulsátil del inconsciente. Si bien creemos observar fenómenos estáticos, el psiquismo está en continuo movimiento. La verdad pasa a ser consecuencia de estas complejas relaciones. Como si dijésemos que la verdad es una consecuencia. Nosotros seremos o no seremos consecuentes con nuestra verdad según respondamos a la que nos determina mediante nuestro deseo y nuestro juicio, basados en un Nombre del Padre. El análisis estará también en perpetuo movimiento, en esa dinámica es que se aproxima o se aleja de la verdad.

En los tratamientos después de algún momento fecundo el analizado tiene que volver a la vida y reacomodarse; estará saliendo de la realidad de la transferencia a la realidad de la vida corriente; en esta realidad estará sumergido en las múltiples variaciones simbólicas e imaginarias que requiere la vida.

Cuando nos analizamos intentamos darle ese hálito de verdad, de algún momento del análisis, una oportunidad de que se reacomode nuestra subjetividad. Con la esperanza de que nos aproximemos a poder ser consecuentes con nuestro deseo, para no tener que arrepentirnos de haber sido cobardes y haber retrocedido neuróticamente.

Ya vamos viendo que con un poco de verdad sería suficiente, pero esa verdad debe ser la genuina. Para que sea genuina no tiene que ser ninguna de todas esas verdades que nos pueden engañar. No se trata de una verdad jurídica de esas que se solicitan al testigo, o la que plantea lo que es verdadero o falso en una construcción lógica; tampoco es la verdad genérica ya ligada a lo real, como la que asignamos a la muerte o a los enigmas de la sexualidad. Se trataría de aquella verdad que nos determina, sería el efecto que produce en nosotros como sujetos ese trasfondo de real que queda crónicamente instalado como causa de nuestro deseo. A ese “trozo” de real que Lacan inventó y denomino como objeto a. Ese “trozo” de percepción, resto sensorial freudiano, que marca como residuo traumático o de inscripción que en el mejor de los casos opera como causa de deseo apoyándose en la fantasía. Observemos la incidencia temporal; la verdad no es siempre la misma, aunque se origine en una misma fuente que es la repetición, lo que insiste sin poder ser del todo inscripto.

Voy a ilustrar lo que considero un “pintoresco” ejemplo del tema de la verdad ligada a la causa develada por fuera de ciertas interpretaciones encubridoras. Me refiero a cuando Lacan utiliza un experimento de Piaget. Sintetizo de un modo extremo el ejemplo. Se trata de niños que tienen que transmitir información acerca de qué hace que el agua fluya cuando una canilla se abre. La razón que Piaget cree deducir es que los niños no comprenden que el agua no sale cuando no se acciona el grifo. La respuesta de los niños al transmitir esa información es que el agua no sale cuando no hay agua. Es decir, por lo que sea que no hay, no hay, entonces no sale. Y Lacan agrega, olvídense una canilla abierta cuando se van de su casa habiendo un corte de agua; cuando termina el corte se produce una inundación.

Este ejemplo ubica la verdad con relación a lo real, aquello que produce la existencia misma del fenómeno que se explora. No obstante, es cierto que sin el grifo no hay experimento, esto hace que ese real solamente sea asible por sus efectos que se manifiestan sobre lo que lo circunda. Como si afirmásemos que sin el aparato psíquico el goce corporal no podría encontrar cómo manifestarse.

Pero lo que interesa es que en este caso los niños aparentemente equivocados están más cerca de la verdad. Como esa fábula donde el niño puede ver y decir “el rey está desnudo”, cuestión que los adultos no pueden ver o si lo ven no lo pueden decir. En definitiva, el objeto a, o cualquier forma de goce, se expresa por vía de su interacción con lo Simbólico y lo Imaginario, aunque desde esas dimensiones emerja la posibilidad de mentir. Es decir que al mentir siempre se está entrediciendo la verdad, será cuestión de dilucidarla.

Algebra, topología y los discursos

Lacan desarrolla varias ecuaciones algebraicas y luego interacciones en muchas construcciones topológicas, donde verificamos el anudamiento o desanudamiento de los tres registros. Esta topología orienta lo que podríamos considerar la metapsicología lacaniana, parafraseando la freudiana. Este enfoque se apoya en modelos matemáticos de las teorías de nudos y cadenas. Me refiero a lo Imaginario, lo Simbólico y lo Real, que se anudan y desanudan desde el comienzo de la obra. Aunque adquieren una representación más nítida cuando Lacan aborda la topología y quizá se manifiestan diferencias en la concepción de los registros con relación a lo descripto al inicio de su enseñanza. Por ejemplo, la configuración de la realidad como algo radicalmente diferente de lo Real, aunque permanece íntimamente relacionada. Este es un extenso capítulo que tomo solo para que se considere que en esos anudamientos aparece un lugar para la verdad, que se evidencia como producto del diseño del nudo o las ecuaciones algebraicas. Es en la realidad que se nos ofrece donde debemos escudriñar lo real que la determina y siempre permanece velado. Esa realidad es la que se configura en la transferencia y la conocemos por el relato y el accionar del analizado. Estas cualidades derivan de la cualidad fantasmática de la realidad; al vacilar esta fantasmática se puede vislumbrar lo real.

Las mismas variaciones se pueden observar cuando adelantada la obra aparecen los discursos, que son cuatro: del Amo, el Universitario, de la Histeria y el Psicoanalítico; también son cuatro los términos que van rotando en estos cuatro discursos, que presentan cuatro lugares cada uno. Uno de los cuatro lugares de esos discursos está reservado para la verdad. Como notarán cuatro lugares con cuatro variables, se multiplican los modos de presentación de la verdad. Queda para el discurso del psicoanalista, motorizado por el analista como agente que semblanteando lo real, fuerza que aparezca la verdad ligada al saber, momento de insight, lo que produce como una revelación, que tiene un carácter evanescente. En un instante vislumbramos la verdad, pero solamente la que nos determina y es transitoriamente válida. A la vez se hace evidente la referencia al orden simbólico que nos determina al emerger cuál es nuestro referente.
No podemos vivir, ni es aconsejable, acosados por el semblante de lo real, el que tiene que encarnar el analista en su acción analítica, para que con ese efecto haga que vislumbremos la verdad y qué orden nos determina ligado al concepto de Nombre del Padre.

Este orden se relaciona con la instalación de la significación fálica y el Falo simbólico entra a jugar posibilitando la organización de una ética; de ahí emergería como consecuencia la verdad. Esta emerge de un modo inestable como consecuencia de esta compleja construcción teórica; este sería el edificio teórico de Lacan, que se apoya conceptualmente en el edificio metapsicológico de Freud.

Efectos del contacto con la verdad

La esperanza es que logremos ubicarnos en el lugar que esas marcas originarias nos obligan, las marcas que derivan de nuestra historia y sus accidentes. Lo real, como verdad de trasfondo determinante, donde también encontramos un límite de un real ampliado que se relaciona con un cuerpo biológico, sus cualidades y defectos, entre ellos el modo de estar vivos y sexuados. Pero la dimensión más atinente es qué posibilidad tiene lo real pulsional, vinculable al goce en Lacan, de alcanzar una posibilidad deseante y sublimatoria. Pero entonces, solo sabremos algo sobre la verdad de un modo muy indirecto, si se atenúan y transforman los síntomas, si se atenúa o desparece la angustia y si alcanzamos satisfacciones que resulten placenteras.

Entonces, como conclusión, podemos decir que la verdad, por lo menos la que nos atañe, necesariamente será a medio decir y a medio alcanzar. Y como ya dijimos que un exceso de verdad se tornaría insoportable, en alguna medida es saludable, si la dosis no excede lo necesario. De aquí es que el análisis construye su ética ligada a la verdad, aunque como todo esto está reprimido en la constitución misma de la subjetividad, solo sabremos si lo alcanzado tiene que ver con la verdad cuando veamos qué efectos produce la tarea analítica. Algunas veces hay largos análisis que no tocan la verdad, y si la tocan es en un sentido inverso a lo esperable psicoanalíticamente, alcanzarla para eludirla o encubrirla. Parafraseando alguna canción diría que la verdad siempre está, como el sol, aunque no sabemos cómo está operando en un análisis. Hay una frase un tanto vulgar que se suele escuchar: es si a alguien “no le luce el análisis”, cruda verdad que siempre corremos el riesgo de afrontar.

La expectativa como hipótesis de un objetivo del análisis es que aquello que llevó al análisis como síntoma, eso que resulta egodistónico, refractario a ser modificado e incongruente con la personalidad del que consulta, logre una trasformación, dando como resultado una forma creativa y sublimatoria que seguirá conservando las mismas fuentes pulsionales, pero con nuevos destinos y relaciones con los objetos del mundo.

* La banda de Moebius es una superficie con una sola cara y un solo borde

Autor

Leonardo Peskin

BIBLIOGRAFIA

1 Peskin, L. (2016). Cuando la mentira es la verdad. La época online, 10. Recuperado de https://anteriores.laepoca.apa.org.ar/autores/leonardo-peskin/cuando-la-mentira-es-la-verdad/
2 Peskin, L. (2003 y 2008). Los orígenes del sujeto y su lugar en la clínica psicoanalítica. Buenos Aires, Argentina: Paidós
3 Peskin, L. (2004) Historia del objeto a. Psicoanálisis Ayer y Hoy Nº2. Recuperado de https://www.elpsicoanalisis.org.ar/old/numero2/objetoa2.htm
4 Peskin, L. (1988). La angustia... rostro imaginario de lo real. Revista de Psicoanálisis, 45(04), pp. 805-814
5 Peskin, L. (2015). La realidad el sujeto y el objeto, Paidós
6 Lacan, J. (2006) El grifo de Piaget. .En El seminario de Jacques Lacan Libro 10 : La angustia 1962-1963 (pp.301-316) (Trad. Enric Berenguer). Buenos Aires, Argentina: Paidós.

Descriptores: VERDAD / OBJETO A / DISCURSO

Directora: Mirta Goldstein de Vainstoc

Secretario: Jorge Catelli

Colaboradores: Claudia Amburgo

José Fischbein

María Amado de Zaffore

ISSN: 2796-9576

Los descriptores han sido adjudicados mediante el uso del Tesauro de Psicoanálisis  de la Asociación Psicoanalítica Argentina

Presidenta: Dra. María Gabriela Goldstein

Vice-Presidente: Dr. Eduardo Safdie

Secretario: Dr. Adolfo Benjamín

Secretaria Científica: Lic. Cristina Rosas de Salas

Tesorero: Dr. S. Guillermo Bruschtein

Vocales: Dr. Carlos Federico Weisse, Dra. Leonor Marta Valenti de Greif, Lic. Mario Cóccaro, Dr. Néstor Alberto Barbon, Psic. Patricia Latosinski, Lic. Roxana Meygide de Schargorodsky, Lic. Susana Stella Gorris.