Ensayos psicoanalíticos

Realidad, verdad y ficción en los vínculos hoy

Gabriela Salazar
Gabriela Salazar

Virtualidad, psicoanálisis, vínculos

En la actualidad, aún más desde los inicios de la pandemia, los vínculos se han visto ampliamente atravesados por el uso de la tecnología.
Esta ha facilitado los encuentros y han salvado muchas vidas solitarias. Dichos encuentros a veces están teñidos por calificativos como “relaciones que no son de verdad”, aproximaciones virtuales, enfatizando en muchos casos, que es un espacio de ficción, en el cual los imaginarios se despliegan y traen situaciones que en muchos casos pueden ser “realidades ficticias”.

Según el diccionario de la Real Academia de la Lengua virtual significa:“Que tiene virtud para producir un efecto, aunque no lo produce de presente, frecuente mente en oposición a efectivo o real.”

El significado de la palabra realidad por otro lado, hace referencia a lo contrario de lo ilusorio o fantástico. Ha sucedido desde siempre, pero mucho más a través del uso de las plataformas, que la presentación de una faceta de uno mismo es mostrada, en reiteradas ocasiones descontextualizada, recortada.
¿Qué se muestra? Esa pregunta es tan singular, como seres humanos existen.

Dependiendo de que se quiere mostrar y para qué, se generan cárceles propias y éstas se anclan a fallidos usos de manual, que intentan dar cuenta de cómo y de qué manera debería enseñarse “eso” con lo cual deseamos despertar su interés ¿Qué es lo que nos interesa tocar o despertar del otro? ¿Qué mensaje deseamos enviar? ¿El uso de las redes sociales, ha incrementando una particular presentación de la histeria o del narcisismo?

Rodulfo (2014):
“El psicoanálisis se ha ocupado mucho, pero sin entenderla del todo, de la primera pantalla que conocemos: el lago en el que se miraba Narciso. Ahora lo virtual, la complejización de los espejos, brinda una ocasión privilegiada para captar lo esencial de lo que se dio en llamar narcisismo, desenredándose de perspectivas moralistas en las que quedó envuelto (el vanidoso, el egoísta). El héroe del mito se reduplica con la comunicación a distancia sin el soporte de un cuerpo de carne y hueso.”

Pienso al respecto de estas preguntas y reflexiones, que el modo de relacionamiento y de intercambio a través de las redes sociales provoca un padecimiento particular, los imaginarios se disparan, al carecer de cuerpo, voz, tonalidad, textura en el diálogo, genera un posible padecimiento infinito, a causa de la fertilidad del encuentro con un terreno, en el cual los fantasmas de cada Sujeto se desplieguen en relación a los imaginarios que desencadenan los usos de las redes sociales que muestran controlada y exacerbada mente, la parte que pueden y desean mostrar. Esto genera en el consumidor de imágenes y de vidas ajenas una continúa relación que en muchos casos se torna insoportable. “La libertad del consumidor consumido” dice Jorge Alemán. Creo que ese es el riesgo del consumo indefinido e infinito en el que pueden caer ciertas relaciones virtuales con mayor facilidad, pero no todas.

La vida humana surge de encuentros

En el campo Imaginario, según lo describe Lacan en relación al estadio del espejo (campo que está en relación al Yo), ese Sujeto que se mueve en el registro Imaginario, si solo se moviera en él, estaría condenado y no tendría salida.

El yo (moi) del que hablará Lacan es siempre una estructura imaginaria, es el yo del narcisismo Freudiano. Derivado de estos postulados, podemos concluir que el yo es un conjunto de imágenes, es la primera posibilidad de organización, en cambio el Sujeto es una función de lo simbólico (por eso hay una esperanza de salida).

Es por esta condición de lo Imaginario, que pienso, que tanto el Yo virtual, así como el Yo presencial, sigue siendo una especie de ficción, si entendemos a la ficción como algo maleable, modificable, contradictorio, que deviene permanentemente. Esto nos ata a que vivamos muy preocupados y con temor de pérdida intensa. ¿Se exacerba esta ficción del Yo del campo Imaginario en lo virtual? Quizá si, pero en presencia, el Yo es también frágil, débil y no será sino hasta que se anude con lo simbólico que es algo a lo que bien podemos aspirar tanto por pantalla como en cuerpo, que podremos tener una salida distinta a la cárcel que es en sí misma ese tremendo lío que es el Yo desde que empezamos a vivir.

Ciertamente la vida humana surge de encuentros, ahora, ¿de qué cualidad de encuentros hablaríamos para que esa vida que se conecta a otra sea más ligera y menos sufrida?

En muchos casos los humanos en-pantallados, hemos construido relaciones que se nutren de virtualidad, y bajo ningún punto de vista podríamos decir que no son relaciones “verdaderas”.

Las relaciones y los vínculos se impregnan de palabras, de sentires que pasan por ellas, las imágenes, los olores que se evocan y los sonidos, entre muchos otros, a pesar de que eso parezca lejano a la falta de cuerpo, contamos con significantes, y no siempre a las palabras se las lleva el viento, algunas miradas, risas, juegos, sostienen, crean junto a una disposición emocional, vínculos sólidos, tejidos importantes.

La tecnología en sí no es el problema, el uso que le damos a las aplicaciones es sumamente variable y singular. Existen whatsapps llenos de emocionalidad, de risas, de coqueteos, cercanías, tanto como de discusiones e incluso “tiradas de puertas” virtuales.

Si bien es cierto que la tecnología agota y no suple la presencia física, implica un intercambio de dos, como en todo encuentro.

Virtualidad y psicoanálisis: una analogía musical con libertad limitada

Tomando en consideración la virtualidad, la realidad de la pandemia y la verdad detrás de los psicoanálisis a través de las fibras ópticas, pienso que, cuando hablamos del método psicoanalítico, coincido con muchos colegas, que lo que requerimos para pasar del diván a la pantalla con mayor comodidad fue la confianza en él.

La técnica psicoanalítica no es seguir un manual de indicaciones sobre encuadre y de muchos “no-s”. Qué si no se debe hacer tal o cual cosa, para mi entender, a medida que el encuadre interno es menos sólido, mayor necesidad de ser rígido (no riguroso) con el encuadre externo. En este punto, las reflexiones de Mariam Alizade sobre encuadre interno son interesantes.
Voy a introducir algunas analogías que me permiten pensar al psicoanálisis virtual.

Algunos músicos de profesión, con alma de artistas, apasionados como son con su oficio, desde muy temprano, a la par del aprendizaje de solfeo, composición musical, lectura de partituras, acompañamiento de la mano de un maestro que guía sobre interpretación, también improvisan. Crean, se dan la libertad frente al instrumento que practican, se permiten soltarse algo libres y espontáneos.

A mi criterio, algunos de los mejores músicos son aquellos que dominan las partituras, su instrumento, de tal manera, que como un buen músico de jazz que es el aspecto mas libre de la música, puede sentarse frente a un piano e improvisar.

Todos sabemos que para ser un jazzista, se debe no solo dominar el amplio espectro musical, no así necesariamente para tocar una pieza prodigiosa de música clásica por ejemplo, que puede tener todas las notas impecablemente bien tocadas, no obstante, podría carecer de ese “alma” que solo algunos logran, pero que sin duda, es lo que hace de una interpretación, una que conmueve o no a la audiencia.

De igual manera que el músico sólido y apasionado logra soltarse e improvisar dentro de ciertos límites armónicos, (debemos tomar en cuenta que no existe la noción de libertad total en la improvisación, las leyes armónicas siguen presentes, no hay una libertad plena) así como un analista puede sacar lo mejor del proceso con un paciente, sea este virtual o presencial.
Un director de orquesta lidera a su grupo, sabe a ciencia cierta que su grupo de instrumentistas no tocarán igual un concierto que otro, pero también sabe que esa determinada orquesta suena de una manera bajo su batuta y no bajo otra. Esto tiene muchos factores en juego, pero el alma, eso que uno no podría fácilmente decir que es objetivo, concreto y “real”, suele ser uno de los factores con mayor incidencia.

¿Porqué existe tanta diferencia entre un director de orquesta, un concertista y otro? No se trata de temas técnicos, no solo, se trata del alma que se logra conectar con el otro. Hay un “algo” que excede las palabras, que no se agota en el ritmo, es un “algo más” que se construye en medio de esos dos espacios, es un espacio lúdico, experiencial, intenso. Un músico alcanza a leer con su extrema sensibilidad lo que el director le transmite sobre la pieza y lo que desea lograr mas allá de las individualidades.

Estos ejemplos, si bien son aplicables al análisis virtual y presencial, es algo que se puede extrapolar a otras relaciones mediatizadas por usos tecnológicos de todo tipo.

Retomo el criterio de Rodulfo (2014):
“Lo de la pantalla, lo digital, no se reduce a un adelanto técnico entre tantos otros, ya que la pantalla supone un nuevo espacio donde jugar y disponer las cosas de la subjetividad, tal como en su momento el cuerpo de la madre o la hoja de papel. Un nuevo espacio de escritura de nuestra existencia. En él pareciera que lo verdaderamente singular de la experiencia narcisista –su dar lugar a “la vida propia de las imágenes”, parafraseando a Saussure– culmina en un grado e intensidad de realización sin precedentes.”

Los simbolismos virtuales y lo infinito

Me pregunto ¿puede la virtualidad ser un espacio de goce ilimitado? ¿Las
relaciones por aplicaciones, al no ser presenciales son irreales, ficticias por no ser consideradas “reales- objetivas, ¿verdaderas”?

Considero que no siempre, que si bien hay muchos problemas que son significativos a la desgracia tecnológica, como son las palabras sin entonación, los errores en la escritura que descontextualizan las cosas, las conversaciones que se cortan repentinamente y no tienen palabras explicativas, dejando muchas ideas sueltas que suelen ser negativas, también pueden encontrar modos de sostén y de integración. Existe el riesgo, de que un emoticón tenga cientos de interpretaciones posibles, uno no termina de adaptarse al uso de uno, y salen nuevos gestos virtuales. La virtualidad es rápida, no hay tiempo para acomodarse, asentarse, sedimentarse. El agobio de la inmediatez y de las mil caras imaginarias de Eros y Tanatos, tiene el riesgo de tornarse en un sufrimiento ilimitado.

¿Cómo nos humanizamos y construimos dentro de relaciones virtuales-reales?

La virtualidad y la realidad en medio de este mundo lleno de ficción puede tener una salida “verdadera” al encontrar espacios de interés, de autenticidad. Lugares que permitan el devenir constante de dos Sujetos que se construyen a sí mismos en medio de un dos que es más que la suma de singularidades, esto es posible tanto en relaciones presenciales, como en relaciones mediatizadas por aparatos tecnológicos.

Pienso a la realidad con características de espontaneidad y de experiencia compartida, tomo el pensamiento de Byung-Chul Han en su ensayo “la agonía del Eros”, que retoma algunos pensamientos de Breton acerca de la fuerza universal que tiene Eros: “ El Eros se manifiesta como aspiración revolucionaria a una forma de vida y sociedad completamente diferente. Es más, mantiene en pie la fidelidad a lo que está por venir”. Cuando nos referimos a la verdad, lo auténtico, lo no ficcional, podemos pensar en lo potente y necesario que es haber sido un amigo, un amante (virtual- presencial- semipresencial-esto lo agrego yo), para poder pensar según Byung-Chul, y eso, en nuestro campo, es indispensable para sostener, entre otros, la tesis de Umberto Eco, acerca de que la “creatividad crítica- el espíritu crítico para analizar lo que hacemos o inventar formas mejores de hacerlo- es la única vara para medir la actividad intelectual”.

Pensando como psicoanalistas que trabajamos en medio de un momento histórico donde faltan tejidos sociales, donde se desnuda la cruda violencia de los Estados frente a la inequidad de sus pueblos durante la pandemia y la impotencia que sentimos todos, una bella manera de no permitirnos ni permitir la deshumanización en los vínculos, dentro del ser y estar, estaría ligada a la idea de que es posible solidaria e interesadamente construir algo juntos, sea de manera virtual o presencial. A ese “acontecimiento” (Badiou 2020) le podemos colorear de compañerismo y cercanía, tiene la “perspectiva de una construcción del mundo a partir del Dos del amor, de un mundo que ya no es ni el mío ni el del otro, sino el proyecto, vía un “nosotros dos” singular, de un mundo para todos”.

Autora

Gabriela Salazar, IPA

Bibliografía:

- Alizade, M. (2002) El rigor y el encuadre interno. Revista Uruguaya de Psicoanálisis (96), 13-16
- Badiou (2020) Prologo. En HanByung Chul, La agonía del Eros. Barcelona, España. Herder Editorial.
- Diccionario de la Real Academia de la Lengua Recuperado de https://dle.rae.es/
- HanByung Chul. (2020) La agonía del Eros. Barcelona, Herder Editorial. –

Lacan, J. (1949) 2003. El estadio del espejo como formador de la función del yo (je) tal como se nos revela en la experiencia psicoanalítica En Escritos I (pp. 86-93). México : Siglo Veintiuno.

Lacan, J. (1948) 2003. La agresividad en psicoanálisis. En Escritos I (pp. 94-116). México : Siglo Veintiuno

- Rodulfo, R. (2014) Los lugares donde se trama la subjetivación. En Andamios del psicoanálisis. Buenos Aires, Argentina. Paidós.

DESCRIPTORES

LO VIRTUAL / REALIDAD VIRTUAL / ENCUADRE / INTERACCION COMUNICATIVA

Directora: Mirta Goldstein de Vainstoc

Secretario: Jorge Catelli

Colaboradores: Claudia Amburgo

José Fischbein

María Amado de Zaffore

Los descriptores han sido adjudicados mediante el uso del Tesauro de Psicoanálisis  de la Asociación Psicoanalítica Argentina

Presidenta: Dra. María Gabriela Goldstein

Vice-Presidente: Dr. Eduardo Safdie

Secretario: Dr. Adolfo Benjamín

Secretaria Científica: Lic. Cristina Rosas de Salas

Tesorero: Dr. S. Guillermo Bruschtein

Vocales: Dr. Carlos Federico Weisse, Dra. Leonor Marta Valenti de Greif, Lic. Mario Cóccaro, Dr. Néstor Alberto Barbon, Psic. Patricia Latosinski, Lic. Roxana Meygide de Schargorodsky, Lic. Susana Stella Gorris.