Ensayos psicoanalíticos

Relectura del texto El concepto de verdad en psicoanálisis. Interrogantes y consecuencias clínicas

Oscar Paulucci
Oscar Paulucci

Me parece importante la relectura de este texto de 1975 escrito por R. Avenburg y M. Guiter para ubicarlo no solo el contexto de un debate epocal, sino por los posibles puntos de vigencia actual y/o divergencia con nuestras concepciones.

También ubicar dichos planteos en el eje de la interrogación que plantea este número de ‘La época’ sobre ‘Realidad, verdad y ficción. Efectos clinicos’.
El primer interrogante que nos acercan los autores es, a partir del texto freudiano de ‘Construcciones en psicoanálisis’, como validar una intervención del analista en relación al ‘si’ o al ‘no’ del paciente. Toma la referencia ‘si sale cara gano yo, si sale cruz pierde usted’.

Advierten sobre el riesgo de lo que llaman ‘interpretaciones represoras’, donde el analista tiene ‘su verdad’ y trata de imponérsela al analizante, ubicando el ‘no’ del paciente como resistencia a aceptar la verdad de la interpretación.

Aquí se abren varias cuestiones con consecuencias sobre nuestra praxis cotidiana.

El sí y el no, no necesariamente lo tomamos como validación o rechazo de la interpretación y/o construcción del analista. A nuestro entender nuestras palabras quedaran -o no- elevadas a la categoría de interpretación siempre a posteriori, por el efecto en el relato del analizante, un ‘cambio de vía’, un lapsus, un sueño, una ocurrencia inesperada, un momento de angustia.
El ‘si’ o ‘no’, son afirmaciones yoicas que nos llevan a incluir la diferencia entre enunciado y enunciación y que se ligan al tema de la aparente oposición verdad/mentira.

Recordemos el texto de Freud de 1925, ‘La negación’ que es un gran aporte esta problemática. El ‘no’ de la negación implica una emergencia de lo reprimido. Ubica allí al yo como sede del desconocimiento, por la tanto sin generalizarlo, en la escucha del analista es fundamental considerar la negación bajo los diferentes ropajes que puede tomar.

Dentro de este planteo general, podemos agregar que cuando nuestra intervención se aleja de los significantes del analizante, tomando un carácter explicativo, del orden de una ‘traduccion simultánea', metalenguajera, el riesgo de adoctrinamiento ideológico que advierten los autores aumenta. Y cuando se cae en el llamado ‘análisis de las resistencias’, como advierte Freud, estas se multiplican geométricamente y el análisis deriva en un campo de batalla reduciendo la experiencia a una ‘two bodys psychology’, achatándose la dimensión simbólica y real de la transferencia.

Compartimos con los autores el valor del texto ‘Construcciones’, en tanto rescate de la historización, de la dimensión histórica en psicoanálisis y su relación con los síntomas.
Implica una crítica a la reducción en la operación del analista a priorizar la dimensión imaginaria de la transferencia, en un abordaje interpretativo sistemático en el ‘aquí, ahora y conmigo’ .
En esa modalidad, se confunde la transferencia con la identificación proyectiva, como afirman los Baranger, facilitándose la exacerbación de los fenómenos de amor de transferencia y sugestivos.

Rescatamos el valor de la historia, no como mera recuperación de un recuerdo, sino al análisis como posibilidad de rehistorización, al modo de las reescrituras que Freud plantea en la carta 52 a Fliess. Recordemos que los recuerdos ‘de’ la infancia son recuerdos ‘sobre’ la infancia, lo que nos permite ubicar la dimensión encubridora de todo recuerdo entramado con la fantasmática inconsciente del sujeto.

También rescatan los autores, lo que comparto, la necesidad de mantener viva la lectura de Freud, en tanto relectura no ecolálica, sino marcando diferencias productivas en torno a los conceptos fundamentales del campo freudiano. Inconsciente, transferencia, repetición, pulsión, deseo, sexualidad infantil, complejo de Edipo y de castración.

Destacan asimismo el valor de los llamados ‘Escritos sociales’ de Freud que articulan al sujeto en el orden de la cultura y su malestar. Recordemos que para él la psicología individual es siempre social, ya que nacemos en una estructura que nos antecede, siendo singulares las vicisitudes de la relación entre el infans y dicha estructura, orden simbólico, lenguajero que se articula con las modulaciones particulares en cada uno a través del complejo de Edipo y de castración.

Un tema clave es como entender en nuestra teoría y nuestra práctica el tema de la verdad, que los autores presentan, así como la relación con la sugestión.
Dentro de los múltiples abordajes de la noción de verdad, la que considero más adecuada a nuestra práctica y articulable con la teoría psicoanalítica es la que nos aleja de la noción platónica de ‘adequatio rei et intellectus’. Esta posición lleva a confundir la verdad con la realidad, quedando ambas del lado de la verdad y de la realidad de ese analista, lo que lleva, vía transferencia, al riesgo de la sugestión. Y por lo tanto a la eternificación de la neurosis, que sostiene un Otro que sabe y así se evita reconocer la castración del Otro.

En este sentido, la afirmación freudiana que la “relación analítica se basa en el amor a la verdad, es decir el reconocimiento de la realidad”, merece que nos detengamos en la noción de verdad y de realidad. Y que la dimensión amorosa no nos hipnotice en torno a ‘la verdad’.

La noción de verdad que se adecúa más a nuestra clínica la acerca a la verdad como develamiento, la aleteia griega. El aporte de Lacan es muy valioso porque ubica la verdad en la dimensión de la palabra ‘yo, la verdad hablo’, alejada de la adecuación a la cosa. Verdad que habla en los síntomas, los sueños, los actos fallidos.

Además como la palabra, en tanto estructura simbólica, es ficcional; por lo tanto, la verdad tiene estructura de ficción y sólo puede medio decirse, no es alcanzable una verdad última o absoluta.
Recordemos el chiste que nos trae Freud, ‘por qué me dices que vas a Lemberg, para que yo crea que vas a Cracovia cuando en realidad vas a Lemberg’.

Por momentos en el texto, los autores parecen enredarse en una oposición verdad/mentira remitida a un referente, ya sea la llamada ‘realidad’ o el analista y su criterio.
Creo necesario diferenciar algo que anticipéé, la diferencia entre enunciado y enunciación, esta última precisamente ligada a la dimensión del inconsciente freudiano.

Esta diferencia nos permite resolver la paradoja lógica de Epiménides que se pregunta ante la afirmación, ‘yo miento’ si el que eso afirma está mintiendo o diciendo la verdad. La respuesta es que en el plano de la enunciación el sujeto puede estar mintiendo o diciendo la verdad.

Sigmund Freud queda atrapado con la ‘joven homosexual’, al ubicar sus sueños heterosexuales como mentirosos y la deriva a una analista mujer. Atrapado en la teoría de que el inconsciente no puede mentir e identificado con el rechazo paterno, la deja caer.

Con respecto al tema de la sugestión, está presente como riesgo en todo análisis, ya que la transferencia, conduce al analista a quedar ubicado en el lugar del Ideal del yo, lugar desde el cual el analizante espera ser reconocido y amado. Precisamente la noción de deseo del analista implica intentar ir más allá de las tentaciones que la transferencia nos ofrece. Es el “sin memoria y sin deseo” de Bion, entendiendo el “sin deseo” como la renuncia a intentar moldear al otro según nuestros anhelos.

Que la intervención del analista opere como demanda es algo que puede ocurrir en todo análisis, por lo que considero fundamental el reanálisis del analista y la supervisión de los análisis.
No se trata solamente de la identificación a la persona del analista, sino a sus significantes que operan como demanda.
Sin duda en esta línea la noción de ‘baluarte’ de los Baranger, es muy valiosa; la entendemos como la cristalización recíproca de las fantasmáticas inconscientes de analista y analizante. Esto nos abre a interrogar el lugar de la llamada contratransferencia en la operación interpretativa, que Freud y muchos postkleinianos ubican en una dimensión resistencial por parte del analista. El riesgo es actuar la fantasmatica singular de ese analista, cuyo extremo es la noción de ‘enactment’, que la avala.

Con respecto a la afirmación de los autores con respecto al riesgo superyoico y normativo de algunas supervisiones, coincidimos. Pensamos que en las supervisiones el supervisor ofrece una segunda escucha que puedan operar sobre las resistencias del analista, favoreciendo el desarrollo de un estilo propio. Asimismo es importante la mención que hacen al riesgo de que en la institución analítica predominen los aspectos formales del análisis -léase encuadre- sobre los ejes de las bases de la técnica freudiana: la regla fundamental, que abre a la escucha del inconsciente del analizante y la regla de abstinencia, que nos alerta sobre los abusos de la transferencia, no sólo en cuanto al intimar con el analizante, sino también en el exceso en el decir, sobreofertando sentido al relato y alimentando el síntoma.

En el recorrido del texto, nos podemos detener en las discusiones sobre la oposición verdad histórica/verdad material retomando el texto ‘Moisés y la religión monoteista’. Esto nos lleva a preguntarnos sobre el límite de la rememoración y el riesgo de forzar el acercamiento y/o tener la certeza de lo ‘efectivamente vivido’.

Esto le sucedió a Freud con el análisis del hombre de los lobos al pretender que le ratifique su hipótesis sobre la visualización de la escena primaria en su infancia. La verdad de Freud, con todo el peso de la transferencia, generó lo que, Ruth Mc Brunswick llamó al recibir al paciente como una ‘psicosis transferencial’.

Para el análisis se trata de ‘realidad psíquica’, la moneda en el país que nos movemos; “no debemos menospreciar unas fantasías porque no son realidades efectivas” o no considerar un sentimiento de culpa neurótico “porque no cometió un delito”. La llamada ‘realidad’ es un constructo simbólico-imaginario, una escenificación ficcional. Recordemos que, para Freud, lo ‘real exterior’, es tan insusceptible de consciencia como lo inconsciente.

En cuanto a la noción de construcción, me parece interesante subrayar que a diferencia de este texto en el que los autores parecen por momentos ilusionar alcanzar una reconstrucción completa de la verdad histórico vivencial, Freud en su texto sostiene que es “una labor preliminar”. Una lectura posible nos lleva a pensar que es preliminar en relación a ubicar la posición del sujeto en la fantasía inconsciente que lo sostiene en su posicionamiento deseante.

A partir de este punto, se abre la discusión acerca de si en la clínica se trata de interpretar el fantasma o bordearlo en la labor interpretativa, que ha dado y da lugar a intensos debates en la historia del psicoanálisis.

A veces, la construcción implica un modo de ‘enchapado simbólico’, como cuando Freud lo introduce a Hans en el mito edípico o cuando Melanie Klein lo efectiviza en el caso Dick, ‘tren papá, mamá estación…’.

Dijimos antes que la verdad tiene estructura de ficción; es necesario precisar que ficción no es equivalente a imaginario o engañoso. Tal como se plantea en la ‘Teoría de las ficcciones’ de Jeremy Bentham, quien entiende que son ficciones la “cualidad, la propiedad, la relación, la obligación, el poder... la suposición de una realidad verbal a estas entidades ficticias es una suposición imprescindible”. Son ficciones eficaces, como la Otra escena que plantea Freud al referirse al inconsciente y las escenas fantasmáticas que como el fantasma de ‘Pegan a un niño’, sostienen los modos singulares de goce y determinan rasgos de carácter. Los efectos de la estructura sobre el sujeto sólo pueden expresarse discursivamente de un modo mítico, como el mito edípico, ficcional como la novela familiar del neurótico.

Ficciones efectivas que, como articulación simbólica-imaginaria, siempre están agujereadas y velan un real inasimilable. Real, diferente de la realidad, hacia el que nos orienta el ombligo del sueño, ‘das unerkannte’, incognoscible radical que sólo puede bordearse. Lo real, entendido como lo que queda fuera de la simbolización, ‘ausstossung’ opuesto a la ‘bejahung’ o simbolización primordial. Es lo imposible, lo que no cesa de no escribirse.

Punto límite de lo simbólico en el sueño de la inyección de Irma, ‘trimetilamina’, fórmula que bordea el límite de las escaras grises en la garganta de Irma, punto de angustia, hueso de lo real, lugar de la causa y núcleo de la repetición, hacia donde apunta nuestro deseo de analista.

Autor

Oscar Paulucci

Descriptores:

VERDAD / HISTORIZACIÓN / SUGESTION / SUPERVISIÓN / REALIDAD PSÍQUICA / FICCION

Directora: Mirta Goldstein de Vainstoc

Secretario: Jorge Catelli

Colaboradores: Claudia Amburgo

José Fischbein

María Amado de Zaffore

Los descriptores han sido adjudicados mediante el uso del Tesauro de Psicoanálisis  de la Asociación Psicoanalítica Argentina

Presidenta: Dra. María Gabriela Goldstein

Vice-Presidente: Dr. Eduardo Safdie

Secretario: Dr. Adolfo Benjamín

Secretaria Científica: Lic. Cristina Rosas de Salas

Tesorero: Dr. S. Guillermo Bruschtein

Vocales: Dr. Carlos Federico Weisse, Dra. Leonor Marta Valenti de Greif, Lic. Mario Cóccaro, Dr. Néstor Alberto Barbon, Psic. Patricia Latosinski, Lic. Roxana Meygide de Schargorodsky, Lic. Susana Stella Gorris.