Textos breves

Carta de Freud

Alicia García Penna
Alicia García Penna

“En la primera mañana de mi primer día en Atenas me fue dado este sueño. Frente a mí, en un largo anaquel, había una fila de volúmenes. Eran los de la Enciclopedia Británica, uno de mis paraísos perdidos. Saqué un tomo al azar. Busqué el nombre de Coleridge; el artículo tenía fin, pero no principio. Busqué después el artículo Creta; también concluía, pero no empezaba. Busqué entonces el artículo ches. En aquel momento el sueño cambió.
En el alto escenario de un anfiteatro, abarrotado de personas atentas, yo jugaba al ajedrez con mi padre […] Yo movía una pieza; mi antagonista no movía ninguna, pero ejecutaba un acto de magia, que borraba una de las mías. Esto se repitió varias veces.
Me desperté y me dije:” estoy en Grecia, donde todo ha empezado si es que las cosas, a diferencia de los artículos de la enciclopedia soñada, tienen principio.” J. L. Borges (pág. 32)

No me fue fácil resistir a la tentación de transcribir este párrafo de Borges que llegó a mi, digamos, de manera involuntaria, para comenzar mi comentario acerca de la carta de Freud enviada a Romain Rolland, con motivo de su septuagésimo aniversario; léase, no me resistí.

Con lo cual, mi pregunta inicial sería, qué puede provocar en los grandes pensadores, eruditos, investigadores, escritores etc. el visitar por primera vez Atenas.

En el año 1936 Freud escribe “Carta abierta a Romain Rolland”, Una perturbación del recuerdo en la Acrópolis, con motivo de contribuir a la celebración del septuagésimo aniversario de éste, su gran amigo.

Freud tiene 80 años, y es en ese momento que surge en él un recuerdo que en otras oportunidades ya había vuelto a su memoria.

Veamos el recorrido: en su época de estudiante secundario, Freud estudia acerca de Atenas; en el año 1900 publica “La interpretación de los sueños”, obra que marca un hito en la concepción de la teoría psicoanalítica, en la cual Freud asevera taxativamente que los sueños son cumplimiento de deseos Inc. censurados y prohibidos, siendo a su vez estos deseos el motor principal de la formación de los mismos; cabe la siguiente transcripción a manera de agregado: “¿Existen otros sueños que los de deseo o acaso sólo existen sueños de deseo?” (Pág. 143).

En el año 1904, con motivo de un viaje de vacaciones con su hermano 10 años menor la misma edad de Rolland, y por obra de una casualidad, ya que no estaba previsto en su itinerario, visita Atenas.

¿Cómo llega Freud a Atenas?, ese es el gran núcleo, inspirador a mi criterio, del contenido de la carta, que años después, 1936 escribe a su amigo.

Estamos hablando de cuatro momentos totalmente diferentes en la historia de una vida y un mismo núcleo existencial.

Ante la visión de la realidad objetiva su visita a Atenas, se interponen, a la manera como Freud nos explica en el excelente trabajo del block maravilloso, las huellas mnémicas de las letras leídas en su libros de historia del colegio, y se entrecruzaran con su goce ante la presencia de la majestuosidad del altar de los dioses del Acrópolis.

A mi entender ambas representaciones, “lo leído” de estudiante y la realidad objetiva del instante vivido se superponen en una situación “actual”, gegenwart: (actualidad, presente, presencia, gegenwart von: delante de) (pág. 366) en un momento que transcurre sin tiempo, lo pienso como una situación “a temporal”, de manera casi alucinatoria.

Viviendo esa situación de éxtasis, podríamos decir como en un corrimiento, aparece el recuerdo del estudiante y con él, el pensamiento:

¿Entonces todo esto existe efectivamente tal como lo aprendimos en la escuela?!›› Mas la verdad ahí no termina, ya que luego del análisis de sucesivas transferencias en tiempo y espacio, en los laberintos de su memoria descubre con sorpresa la causa de su encubrimiento.

Vayamos a lo previo: Freud y su hermano, tienen muy poco tiempo de vacaciones, irían una semana a Trieste, y de ahí a Carfú. La casualidad hace que un amigo de su hermano los desaliente de esa idea, y les sugiera ir a Atenas.

Si lo pensáramos a la manera de un sueño el personaje, amigo del hermano, que sugiere la idea, sería como el portador del fuerte deseo Inc., tan intenso como prohibido. Tal como un sueño, contradicciones, obstáculos, dificultades se le presentan, pero como llevados por un intenso deseo al llegar la hora, sin emitir palabra, “compran su pasaje en el vapor que va a Atenas, como si fuera lo mas natural”, y allí están.

Dice Freud en “la interpretación de los sueños”, C: Acerca del cumplimiento de deseo “el deseo que se figura en el sueño, tiene que ser un deseo infantil” …estos deseos siempre alertas […], como los titanes de la saga, […] sepultados bajo pesadas masas rocosas que una vez le arrojaron los Dioses triunfantes” … (pág.546) Acrópolis, el altar de los dioses.

En este casi juego, de imaginarlo como un sueño, pienso que aquello leído en sus años escolares, provocaron en Freud un deseo ferviente de estar en ese lugar, el lugar de los dioses, como en algún momento de su temprana infancia debe haber sido su padre, luego suplantada por el hombre rival. ¿Habrá quedado ese deseo altamente reprimido?, y representado en la frase “esto no es para mí”?, si esto fuera así, quedaría suplantado por la idea de que lo que estaba leyendo no podía existir en realidad.

Al llegar a los años de adultez y ver que aquello pensado supera la represión y logra realizarse, siente algo así como una extrañeza, o enajenamiento, donde ante la certeza de lo que llegaba por los sentidos, se entrecruzaba la antigua idea que quizás eso no podía ser real.

Me remito a las reflexiones que hace Freud en ese momento:
En primer lugar, luego de varias elucidaciones, considera que, entre las dificultades, desazón en Trieste y la ocurrencia en la Acrópolis tiene que haber una relación; los obstáculos en tomar la decisión, se traducirán cómo: será posible, es muy difícil…pero que hermoso hubiera sido…, esto explicaría lo segundo, o sea el advenimiento del recuerdo una vez que los sentidos le devuelven una realidad incuestionable.

Ante lo que le sucede frente a lo maravilloso que está viendo, siente algo así como una incredulidad, esta duda es relegada al pasado y es desde ahí donde retorna al presente, haciendo un camino regrediente - progrediente y traído nuevamente a la conciencia como recuerdo.

Se trataría esto de un proceso de “extrañamiento”, de cierto “enajenamiento”, podríamos pensarlo como una “escisión del yo”, entonces el pensamiento “Lo que veo aquí no es efectivamente real” es mudado por la reflexión “No es cierto que en mis años de secundario dudara yo de la existencia real de Atenas. Sólo dudé de que pudiera llegar a verla”, de esta manera repudia, léase “desmiente” un pensamiento anterior a los efectos de la defensa.

Pero, -sin desmedro de la palabra “pero” y su relación con la desmentida, - lo que llama la atención es como dos hombres, sin ninguna correspondencia en el tiempo, Freud y nuestro Borges, manifiestan una directa relación con el padre.

¿Vayamos al tema propuesto para este comentario, se trata esto de una desmentida? (Verleugnen), considerando a esta como el mecanismo utilizado por el yo ante una realidad que le resulta intolerable, se consigue no percibir ese aspecto de la realidad, otorgándole un “mentís” a esta.

Freud nos plantea que ante los fenómenos de extrañamiento hay una necesidad de la defensa, de mantener algo alejado del yo, desmentirlo.

Afirma que desde dos direcciones pueden llegar al yo elementos que provoquen dicha reacción defensiva, desde el mundo exterior, realidad como tal, y desde el mundo interior a la manera de pensamientos o ideas.

¿Situado frente a la magnificencia de la Acrópolis y la incredulidad sentida en ese momento, no pudiendo negar lo que sus sentidos le están dando testimonio, su pregunta es donde sitúa la duda? ante lo cual hace la siguiente reflexión, ante el fragmento de realidad trasladado al pasado, cambia el contenido y ahí desautoriza, y regresa a la situación presente y dice, repito frase. “no es cierto que en mis años de estudiante secundario haya yo dudado de la existencia real de Atenas. Sólo dude de que pudiera llegar a ver Atenas”, ese pensamiento actualizado en el tiempo lo lleva a pensar en su relación con el padre …haber llegado tan lejos, haber podido estar tan alto, en ese momento recuerda a su hermano las repetidas caminatas a la escuela, y sus salidas de los domingos al parque…, y concomitantemente con esto, la culpa por superar al padre, por haber llegado tan lejos...el temor frente al éxito.

A manera de reflexión personal, pienso cuánto los logros de grandes hombres los puede llevar a pensar en ese momento en su relación con el padre… también Freud toma el ej. de Napoleón.

Y la desmentida?, si bien esta fue estudiada por Freud en relación al fetichismo, en concordancia a la falsa creencia en la infancia del “pene de la mujer”, y del desplazamiento de este último en un objeto fetiche, dice sin embargo en el “Esquema del psicoanálisis” : “no se crea que el fetichismo constituiría una excepción con respecto a la escisión del yo; se trata de un objeto favorable para el estudio de esta, el yo infantil bajo el imperio del mundo real – objetivo, tramita unas exigencias pulsionales desagradables mediante las llamadas represiones. Y completémoslo ahora mediante esta otra comprobación: que el yo, en ese mismo período de la vida, con harta frecuencia da en la situación de una admonición del mundo exterior sentida como penosa, lo cual acontece mediante la desmentida de las percepciones que anotician de esa realidad objetiva. Tales desmentidas sobrevienen asaz a menudo, no sólo en fetichistas […], la desautorización es complementada en todos los casos por un reconocimiento; se establecen siempre dos posturas opuestas, independientes entre si, que arrojan por resultado la situación de una escisión del yo.”(Pág. 205) Freud continúa en esta afirmación diciéndonos que ambas posturas constituyen un rasgo esencial de las neurosis; una pertenecería al yo, y la contrapuesta reprimida, al ello.

Tras esta afirmación freudiana transcripta, comprobamos cuánto este “enajenamiento”, escisión del yo fue lo ocurrido en la Acrópolis.

Sin embargo, Freud, tratando de ejemplificar su sentimiento de extrañeza, lo explica de la siguiente manera: es como si alguien paseando en Escocia por el Loch Ness, viera de pronto escurriéndose en tierra el cuerpo del tan mentado monstruo y se encontrara forzado a admitir: “Entonces existe efectivamente esa Serpiente del Lago en la que yo no creía”…esto, acaso, no es una referencia al pensamiento infantil, de la creencia del “pene de la mujer”, ahora desmentido?...

Y volviendo al párrafo inicial, donde Borges relata ese sueño que tiene al llegar a Grecia, despierta mi mas absoluta convicción el hecho de que mas allá del maravilloso valor literario que él encuentra en la metáfora de la incertidumbre del comienzo de las cosas, nos remite sin embargo al padre mago del niño Jorge Luis, que hace desaparecer dentro de sus manos las piezas de ajedrez, tal como los juegos infantiles de muchos padres con sus hijos.

Autora

Alicia García Penna, APA

Bibliografía:

Borges, J: Atlas, (1984) “Borges con María Kodama”. Emecé
Freud, S: (1936) “Carta abierta a Romain Rolland”, A.E. XXII.
(1900) “La interpretación de los sueños”, A.E. IV.
(1900-1901) “La interpretación de los sueños”, A.E.V.
(1940[1938]) “Esquema del psicoanálisis”, A.E. XXIII.
Diccionario alemán-español, Ed. Sopena.

DESCRIPTORES:

DESMENTIDA / SUEÑO / CARTA / RECUERDO / FREUD, SIGMUND

Directora: Mirta Goldstein de Vainstoc

Secretario: Jorge Catelli

Colaboradores: Claudia Amburgo

José Fischbein

María Amado de Zaffore

ISSN: 2796-9576

Los descriptores han sido adjudicados mediante el uso del Tesauro de Psicoanálisis  de la Asociación Psicoanalítica Argentina

Presidenta: Dra. María Gabriela Goldstein

Vice-Presidente: Dr. Eduardo Safdie

Secretario: Dr. Adolfo Benjamín

Secretaria Científica: Lic. Cristina Rosas de Salas

Tesorero: Dr. S. Guillermo Bruschtein

Vocales: Dr. Carlos Federico Weisse, Dra. Leonor Marta Valenti de Greif, Lic. Mario Cóccaro, Dr. Néstor Alberto Barbon, Psic. Patricia Latosinski, Lic. Roxana Meygide de Schargorodsky, Lic. Susana Stella Gorris.