Textos breves

Entre el deber y el deseo: la formación de los analistas

Cecilia Lauriña
Cecilia Lauriña

Freud afirmó en 1926, que el programa para un Instituto de psicoanálisis estaba por pensarse. Desde ese entonces hasta la fecha, mucho se ha teorizado y se han ensayado diferentes respuestas,  los analistas de todas las escuelas  continuamos pensando cuáles podrían ser las formas institucionales  más eficaces para la formación de un analista.
¿Cómo pensar el espacio intermedio entre las aspiraciones personales marcadas por el ideal y la necesaria y a la vez compleja pertenencia institucional, que de alguna forma reglamenta un imposible de reglamentar, como es el deseo inconsciente?
¿Cuáles podrían ser las condiciones necesarias para que cada quién vaya construyendo su ser psicoanalista, en el necesario entrecruzamiento, entre el deseo de ser analistas, y el deber que implica responder a  una legalidad?
¿Cómo establecer una normatividad que estimule la transferencia de trabajo y propicie una actitud creadora en un recorrido individual?
¿Cómo es la articulación entre los términos del trípode?
Tomaré estas preguntas iniciales como una hoja de ruta para pensar las vicisitudes de la formación  en el contexto institucional en el cualla transferencia opera reuniendo bajo un mismo techo a analistas, supervisores,  maestros y analistas en formación.

Sin lugar a dudas, la pertenencia institucional y el tránsito por el trípode, con sus variantes en cada escuela, no ha perdido vigencia. Analizarse, supervisar y estudiar la teoría es imprescindible en el devenir analistas.

Ahora bien,una preocupación constante es el peligro de burocratización de la formación.
Cuando un analista demanda pertenecer  a una institución, está aceptando sus reglas de juego, la institución brinda pertenencia y  ofrece un variado menú de saberes y de lazos. Lareglamentación opera en principio como una ley simbólica que es aceptada al ingresar a la institución, no obstante,  su difícil cumplimiento es una preocupación constante en los institutos.

Dejemos planteado el dilema entre obligatoriedad y necesidad, así como un segundo dilema entre cumplimiento de las reglas y el rol facilitador que ellas pueden ejercer, para no caer en respuestas rápidas que pueden favorecer soluciones prejuiciosas.

El tránsito por el trípode,  está atravesado irremediablemente por la dinámica entre el poder y el saber. La tradicional división que establecemos entre sus  instanciasno siempre opera de un modo taxativo, más bien se influyen recíprocamente.El análisis es una condición insoslayable en la formación analítica, una herramienta insustituible como posibilidad  de subjetivar los conflictos ocasionados por las identificaciones alienantes y los sometimientos que se juegan en su recorrido. En el análisis es esperable que se descubra  qué representa y suscita el analizando y sus problemáticas en la subjetividad del analista, con lo cual el análisis opera a veces, como una supervisión, así como las teorías que se discuten en los  seminarios despiertan o deberían hacerlo, un efecto de ignorancia que estimula la investigación, muchas veces cuestionando el análisis y la supervisión.  Si pensamos en la supervisión, vemos cómo la obligatoriedad empuja  a una práctica resistida, que muchas veces, en un segundo tiempo, puede volverse productiva, eficaz y por lo tanto deseada.La escena de la supervisión tiene el análisis como telón de fondo, así como el análisis influye en los diferentes posicionamientos que va adoptandotanto  el supervisando como el alumno en los  seminarios. No obstante, en la articulación  de las tres instancias del trípode, encontramos una posibilidad de que vaya formando o deformándose un analista.

Recordemos que en  Puntualizaciones sobre el amor de transferencia, Freud afirmaba que al médico, no siempre le resulta fácil mantenerse dentro de las fronteras de la ética y la técnica que se prescriben, “sobre todo al hombre joven y no bien afirmado[1] , decía. Ahora bien, la posición subjetiva de los “analistas más reconocidos”[2]  como los llamaba Freud, ocupando la función de analista,  supervisor, o maestro, también  debería ser objeto de revisión e investigación. Algunos analistas confiados en su experiencia olvidan aquello de: “Solo el verdadero sabio será modesto, pues sabe cuan insuficiente es ese saber”[3].
La formación es permanente y ningún analista está a salvo de ocupar posiciones que desde el autoritarismo o la caridad, no favorecen que en el largo proceso de formación, los candidatos vayan adquiriendo una posición clínica y crítica.

Ahora bien, aun contando con analistas experimentados que desean hacer una verdadera transmisión del psicoanálisis, es necesario considerar cómo el sistema de formación institucional, así como propicia y enriquece al candidato, también puede llegar a funcionar como un cepo, en el cual el cumplimiento del deber comocondición que asegura la  pertenencia  y valoración de  la comunidad analítica,  se antepone al deseo. Extremando los términos,  se podría decir, que  la libertad de movimiento del candidato en formación está acotada, limitada, y no sólo por la reglamentación sino por la posición subjetiva de cada cual. Por esta razón la articulación de las diferentes posiciones en el tránsito por el trípode debe recostarse en el diván.

Hablemos entonces de la transmisión en la institución.  A veces lo que se transmite es un imperativo de sumisión  y  se cuelan las cuestiones de poder, tanto de los “administradores” como en aquellos sedientos de tener un amo incuestionable. Esta es una encrucijada presente irremediablemente en la formación.  Los riesgos son las idealizaciones  por parte de los candidatos, esa  pasión de ir a buscar en el Otro aquello que va a calmar y colmar la falta-en-ser [4]  y las posiciones omnipotentes por parte de los “analistas confirmados”.

Teodhor Reik [5] alerta acerca de los efectos de sordera provocados por una enseñanza dogmática…  El saber predigerido, aunque dé cuenta de la práctica analítica, produce, sin duda, efectos de deformación.

Podemos hablar aquí de refugio protector o de alienación y subordinación. En el comienzo de la formación, nos encontramos con un analista más cercano a la duda y la interrogación acerca de sí mismo y de sus posibilidades de ser analista, pero también y más de lo que quiere reconocer, sediento de significantes amo, de rasgos del ideal  que le permitan pertenecer, es un sujeto condenado a identificarse en la medida en que vía identificación intenta suturar engañosamente  esa falta. Identificaciones necesarias tanto a tramos de teorías como a maestros que transmiten la convicción y el amor por el psicoanálisis. Sin embargo, es necesario que esas idealizaciones que siempre implican posiciones sumisas y reverenciales, se tiendan en el diván.

La posición ética de los “mayores” es fundamental para propiciar la paulatina asunción de un pensamiento crítico. Otto Kemberg decía:  A los candidatos se les impide sistemáticamente saber exactamente cómo sus formadores conducen su trabajo analítico, lo cual los lleva a una idealización irrealista de la técnica psicoanalítica tal como es conducida por sus mayores.[6]

Esta es una recomendación que tiende a atemperar idealizaciones y sometimientos.
Si los maestros cuestionaran e hicieran conocer  su clínica, su forma de trabajo, sus escollos, como  aconseja Kemberg, podrían descubrir las encrucijadas en las que están comprometidos, entre el ejercicio de su función y la institución, así como dar cuenta de su saber hacer.

En este punto podemos pensar la pertenencia institucional como un paraguas  queprotege  acotando los goces de unos y otros. De las figuras de autoridad en su posible posición dogmática,  así como de los candidatos en los posibles impulsos transgresores. Y no olvidemos la dimensión pública que se juega en las instituciones, donde todo puede ser conocido y el rumor de los pasillos suele constituirse en otro poder. Lo público es  un límite a los desbordes que pueden darse en los divanes y en los escritorios, para unos y para otros. A pesar de las reglas y a favor de las mismas.
Los Institutos de Formación,¿no deberían enfrentar el dilema de transformar el cumplimiento del deber en causa de deseo? ¿No es este el desafío?
Spilka[7],  ubica lo taxativo en la ética, en aquella que promueve la producción inconsciente y la ilustrada ignorancia como una posición que va más allá de las posiciones de poder.  Posición ética que refiere a un tercero, el poder no está más que en la causa inconsciente.

La oscilante posición del analista

Desde el Porvenir sabemos que desvalimiento y desamparo estructural son condiciones de la posición religiosa que se sirve de una imago paterna no atravesada por la castración.
Desamparo también constitutivo de la posición del analista. Lacan habla del analista robot en Variantes de la cura tipo. Nosotros podríamos decir, analista que se transforma en robot en el intento fallido de quedar preservado del desamparo en la obediencia a los dichos del analista-supervisor o maestro.
Sin embargo, aquellos que gozan de una posición incuestionable, garantizándose en la regla institucional corren el riesgo de quedar  también ellos como un robot de la institución, haciendo cumplir las  reglas más allá de cualquier cuestionamiento posible. Se trataría de hacer que las reglamentaciones jueguen a favor de un posicionamiento analítico en la clínica sin hacer de  eso una posición religiosa.
Le Gaufey va a la figura del ateo, como aquel que habría conseguido eliminar el fantasma del Todopoderoso [8].  Podríamos inscribir allí el fin de análisis como una ascesis que viene a barrar al A, a destituirlo y a la súbita y sorprendente percepción de que la omnipotencia de ese Otro no se sostiene más que en el hilo de la suposición…[9]   ascesis que consistiría en que se desanude la transferencia mostrando el tipo de objeto sobre el que se constituyó.

Articulación ineludible del análisis, la supervisión y la formación teórica que en el intento de hacer algo con la imposibilidad, ofrecen una vía de acceso, cual camino de llegada, a una palabra propia. Claro que implica en el futuro analista, un acotamiento de la pasión por esperar del Otro el complemento que colme su falta en ser. Si bien las identificaciones con los analistas, supervisores, maestros  y teorías son necesarias y estructurantes, imprescindible alienación a algunos significantes amo, convicción en la existencia del Inc., decía Freud, pero es un camino a desandar, sin olvidar aquello del abandono de la casa paterna… Deseo de analista en Lacan que implica el desasimiento del Otro, soportar la falta de garantías que subraya Guy Le Gaufey.

Nuevos desafíos

Cuando Freud estaba desarrollando su teoría, sin duda, había más inanalizables que ahora.Recordemos cómo el maestro le contestó a Edoard Weiss cuando intentó derivarle para un re-análisis al Dr. A.  Sin reticencias ni mayores cuidados Freud le dio otro destino: “creo que es un caso malo, nada adecuado para el libre análisis”  “… a gente como el Dr. A. se la embarca para ultramar, digamos para Suramérica, y se la deja buscar y hallar allá su destino”. Quizás Freud presagiaba por ese entonces, el buen desarrollo que tendría el Psicoanálisis  en “Suramérica”.

Años más tarde Lacan  afirmóque los analistas deben poder responder a la subjetividad de la época. Así es, y también revisar en sí mismos cómo operan esos cambios en su subjetividad.

Hoy más que nunca tenemos que pensar si las normativas de nuestros Institutos están a tono con la actualidad de nuestras prácticas.

¿El contexto sociocultural se hace presente en los programas de formación de las nuevas generaciones de analistas?

Los malestares en  la cultura requieren de la implicación de los psicoanalistas, ysu inserción en nuevos escenarios. En Latinoamérica, afrontamos altísimos niveles de exclusión, desigualdad, violencia, marginación, femicidios, exilios forzados, desapariciones, y una herencia colonialista que se expresa en el racismo.
Nuestra disciplina está muy presente en diversos rincones de la  cultura, pero a veces no está muy clara la inserción del psicoanalista en los diversos territorios-escenarios, en relación a otros actores y en su intercambio con otros discursos.  Es necesario pensar una clínica que se sostiene en la convicción en la eficacia del  psicoanálisis, e indagar en territorios en los cuales el psicoanalista opera  en diálogo con otros profesionales y con otras disciplinas.

Pensar el territorio como espacio demarcado en relación a las fronteras, como espacio de intersección, allí donde se establecen diferencias, donde hay cruces e intercambios, hay movimiento y hay diversos actores. Pensar territorios y fronteras en movimiento, en consonancia con un psicoanálisis  en movimiento.

La formación psicoanalítica no puede pensarse al margen de la subjetividad de la época.La escucha afinada a la especificidad de las problemáticas, más allá de las condiciones ideales del psicoanálisis tradicional, es una oportunidad de aportar  saberes y recursos.

Es necesario generar una escucha psicoanalítica abierta a la novedad, para poder investigar no sólo la inserción, a veces problemática de los analistas en esos espacios, sino también poder registrar la respuesta y los efectos de sus intervenciones.Territorios- fronteras- bordes- aperturas- diálogo…

Referencias bibliográficas:

[1]  Freud S. Puntualizaciones sobre el amor de transferencia. P.172.
[2]  Freud S. ¿Debe enseñarse el psicoanálisis en la universidad? P. 169.
[3]  Freud S. ¿Pueden los legos ejercer el análisis? P.217
[4]  Laurent E. Las pasiones del ser. P. 10
[5]  Reik T.Listening with the Third ear: 1948 - Ed. Farrar, Straus and Giroux, New York, 1949.
[6]  Kemberg O. Citado en Tesis de maestría Abel Fainstein.  Cambios en la naturaleza de la formación psicoanalítica, en la estructura y en las normas de formación. En R. Wallerstein (Ed.), Colección de Monografías (Vol. 4. Cambios en los analistas y en su formación, págs. 59-66). API.
[7]  Spilka J. Comunicación personal.
[8]  Guy Le Gaufey. Una arqueología de la omnipotencia. P. 120.
[9]  Opcit P. 141.

Autor/es:

Cecilia Lauriña

Descriptores: ANÁLISIS INSTITUCIONAL / FORMACIÓN PSICOANALÍTICA / DESEO DEL ANALISTA

Directora: Mirta Goldstein de Vainstoc

Secretario: Jorge Catelli

Colaboradores: Claudia Amburgo

José Fischbein

Los descriptores han sido adjudicados mediante el uso del Tesauro de Psicoanálisis  de la Asociación Psicoanalítica Argentina

Presidenta: Dra. María Gabriela Goldstein

Vice-Presidente: Dr. Rafael Eduardo Safdie

Secretario: Dr. Adolfo Benjamín

Secretaria Científica: Lic. Cristina Rosas de Salas

Tesorero: Dr. S. Guillermo Bruschtein

Vocales: Dr. Carlos Federico Weisse, Dra. Leonor Marta Valenti de Greif, Lic. Mario Cóccaro, Dr. Néstor Alberto Barbon, Psic. Patricia Latosinski, Lic. Roxana Meygide de Schargorodsky, Lic. Susana Stella Gorris.