Introducción
Los tiempos han cambiado. Lo que hace unos años era todavía considerado una ciencia ficción, parece estar cada vez más cerca de la realidad. La ingeniería y las ciencias de la computación se han convertido en parte de nuestro quehacer cotidiano, y es muy difícil poder recordar un tiempo antes de que la red virtual invisible nos rodeara en todas las esferas de nuestra vida. La promesa de la inteligencia artificial de alcanzar un desarrollo que sea capaz de tomar decisiones perfectas y reducir al máximo el margen de error, se mantiene presente.
La tecnología nunca había estado tan cerca de ese “todo” imaginario. Promete, a partir de un smarthphone y una aplicación, tener respuestas inmediatas y correctas en el momento en que se desea, ser la solución a las dificultades de la vida, acercar todo lo que se desea en el momento en que se quiere con solo unos toques en la pantalla. Se propone a eliminar las causas del malestar, e incluso se plantea como una posible sustitución a las relaciones humanas a través de swipes y likes. Con todo esto, parece que el mandato del goce capitalista es más evidente, y comienza a establecer nuevas preguntas alrededor de este discurso.
En medio de la virtualidad, ocurren fenómenos extraños. En un universo en que Kindle y otras tablets aseguraban ser los sustitutos absolutos de los libros físicos, éstos siguen conservando su vigor y pasan a ser objetos estimulantes: el pasar los dedos por las páginas físicas, el aroma que desprenden, y el encontrar de manera sorpresiva cartas, autógrafos o flores entre sus hojas, se vuelven experiencias fantásticas, y nos permite detenernos un momento, en contra de la velocidad del mundo digital.
Por otro lado, y otro fenómeno observable, es la cantidad de información existente que intenta explicar el malestar del que no se puede escapar a pesar de las posibilidades antes mencionadas. Estas respuestas resultan incompletas, pero dan lugar a aquello que la tecnología intenta excluir: este malestar latente es interminable, y no se puede resolver.
Remitimos en este punto directamente al psicoanálisis: por un lado, ha dedicado una buena parte del tiempo a hablar de ese malestar, y ha sido el espacio estelar donde cada uno de los analizantes puede hablar de su propio sentir. Por otro, es la experiencia que ancla a la vida gracias a la apertura de las posibilidades y que no ofrece respuestas definitivas. Parece que ante una tecnología que promete todo lo contrario al psicoanálisis, éste último encuentra su vigencia y se convierte en bandera.
El son de este artículo es bordear sobre el discurso capitalista y su actualización, solo para dar paso a la gran posibilidad contenedora del psicoanálisis de aquello que la tecnología no puede dar cuenta y no puede resolver por mucho que lo intente. Más allá de pensar en contrarios, pensar también en la posibilidad del psicoanálisis de tomar en cuenta las posibilidades de repensar nuestros casos, a partir de la luz que la tecnología es capaz de arrojar.
El estado del arte. De la tecnología el día de hoy.
Comenzar a escribir sobre la Inteligencia Artificial (IA) siempre resulta retador, pues a pesar del gran desarrollo que se ha tenido, aun no se cuenta con una definición puntual. Podemos englobarla como el momento en que una máquina es capaz de imitar las funciones cognitivas propias de la mente humana. Es a partir del llamado Machine Learning que el sistema aprende la ejecución de tareas a partir del ensayo y el error, a través también de redes neuronales homólogas a las redes cerebrales humanas, para llevar a cabo tareas de alta complejidad, sin que necesariamente den detalle del proceso detrás de la respuesta obtenida, conocido como modelos de caja negra (INCyTU, 2018).
A partir del desarrollo de la IA se han establecido ciertos estándares deseados, por ejemplo, la honestidad del modelo, en tanto a la confiabilidad de las predicciones: No basta con que sepa distinguir en una imagen médica los datos tempranos de un cáncer en evolución, sino también la posibilidad de marcar el margen de error en la información brindada. Es a partir de la ciencia de datos, que se le enseña al modelo a inferir soluciones y predecir comportamientos (INCyTU, 2018).
La promesa del desarrollo de la IA tiene un impacto directo al mundo económico: con un bajo costo, prometen la accesibilidad universal a los servicios educacionales y de salud, y la mejora y automatización de procesos. Google coloca como ventajas de la IA el trabajo autónomo e independiente de un equipo humano, la reducción de los errores, eliminación de las tareas repetitivas, rapidez, precisión, y una disponibilidad infinita a la información, dado que “no hay limitaciones en términos de horario, necesidad de descansar ni ningún otro factor que pueda interrumpir la labor de un ser humano”, así como investigación y desarrollo acelerados.
Hay algunas problemáticas que se han evidenciado: Los modelos de caja negra pueden generar situaciones ambiguas y reacciones negativas de no funcionar de manera transparente y confiable. Igualmente, la IA tiene la capacidad de aprender sesgos y prejuicios de los propios datos que obtiene al ser un sistema abierto a público; así como las consideraciones éticas ante la suplantación de humanos en ciertas tareas repetitivas. Estas son cuestiones que aún no tienen una respuesta puntual (INCyTU, 2018).
En cuanto al impacto de las redes en lo social, y solo a modo de resumir, han cambiado de manera radical las interacciones humanas: las redes sociales tienen la capacidad de brindar información a millones de personas al mismo tiempo (los llamados influencers son las figuras que toman esta tarea en sus manos), y dan la posibilidad de conocer a nuevas personas, crear hábitos, y aprender cosas. Sin embargo, el mostrar el estilo de vida de otras personas afecta directamente la llamada “autoestima” por parte de la psicología, dado que mantiene en tensión una idea de la perfección y de la felicidad absoluta gracias a la gran cantidad de publicaciones que se realizan todo el tiempo (Arab, Díaz, 2015).
El psicoanálisis y lo social.
Desde el surgimiento del psicoanálisis, el principal interés de la materia es establecer teorías acerca del funcionamiento del aparato psíquico. Ante esto, es imposible no dar cuenta de la influencia de lo social, ya que tiene un impacto que no puede pasar desapercibido. Incluso en 1930, Freud establecía en El Malestar en la Cultura:
“Desde tres lados amenaza el sufrimiento: desde el cuerpo propio que, destinado a la rutina y la disolución, no puede prescindir del dolor y la angustia como señales de alarma; desde el mundo exterior, que puede abatir sus furias sobre nosotros con fuerzas hiperpotentes, despiadadas, destructoras; por fin, desde los vínculos con otros seres humanos. Al padecer que proviene de esta fuente lo sentimos tal vez más doloroso que a cualquier otro” (pp. 76)
Durante el desarrollo de la teoría del complejo de Edipo, establece al superyó, como la entidad surgida de la introyección de la prohibición a dar espacio a ciertas mociones pulsionales, dando lugar a los síntomas psíquicos (Freud, 1924). En Tótem y Tabú, toca la figura mítica del padre de la horda, poderoso, con acceso a todas las hembras del clan, y víctima a manos de los hermanos. En este texto se puntualizan dos conceptos: el del padre convertido en dios por ser presa del asesinato, tramitando con ello la culpa; y el objeto del goce que mueve a los hermanos a rivalizar entre ellos, y a unirse para cometer el crimen atroz. El padre, una vez muerto, sigue siendo la figura de la prohibición para alcanzar ese objeto de goce, ya que convence a la sociedad de privarse de este objeto deseado, dando lugar a una nueva organización que exalta el altruismo y castiga el egoísmo (Freud, 1913).
En “más allá del principio del placer” explora el concepto de las pulsiones mortíferas como las responsables de la repetición en vez de la evocación en el tratamiento psicoanalítico de los conflictos inconscientes. Con una tendencia a intentar llevar al estado inorgánico, de no movimiento, de anulación de la excitación, incluso de la destrucción, las pulsiones mortíferas se mantienen latentes, como una forma de protección ante los estímulos externos, equivalente en importancia a la necesidad de recibirlos (Freud, 1920). La figura de un superyó, cruel y sádico, resulta el depositario ideal de las pulsiones mortíferas, por la gran capacidad que tienen de llevar al sujeto a la inmovilidad y a la renuncia.
En 1972, Jacques Lacan refiere al hablar de los discursos, que requieren de una dimensión pública, un tratamiento del habla y de la enunciación. En los llamados 4 discursos, se colocan las formas de la sexuación, en las que todos ellos hacen “uno” a su única forma, y representan una forma problemática de sostenimiento, para poder presentarse como una apariencia de unidad (Lacan, 1972).
El discurso capitalista, en una forma “astuta” de desliz del significante, aparece como un cambio generado de una operación imprevista en el discurso del amo. La barra que separa el significante amo (S1) se transpone en la posición semblante del sujeto barrado ($), y con ello cambia el orden de los elementos del discurso, creando con eso una ruta cerrada de circulación única: semblante – Verdad – Otro – producción – semblante. Con esto se da a entender que el objeto de deseo (a) se vuelve accesible al sujeto, sin una mediación del significante, lo que lleva a una alineación insuperable, y la verdad deja de ser un lugar protegido. Hay una creencia capitalista de complementación gracias al acceso de los objetos, lo que a la vez perpetua un goce mortífero, dado este ciclo sin final. El mismo Lacan afirma: el discurso capitalista resulta insostenible (1972).
No podemos dejar de lado conceptos como el plus de goce, que se puede entender como esa ganancia mayor del sujeto en su propio síntoma, ya que hay una satisfacción pulsional inconsciente. Irremediablemente, remite al concepto de la plusvalía como aquella ganancia capitalista en la que se goza del obrero, incrementando su ganancia, mientras que el obrero no disfruta de lo que produce. En un paralelo, la plusvalía es la acumulación de un plus de goce, por parte de aquel que usufructúa el cuerpo del otro (Suzunaga, 1998). Si regresamos al esquema del discurso capitalista, el objeto a(que originalmente representa el resto proveniente del proceso de subjetivación), se encuentra capaz de condensar ese exceso, ya que promete la recuperación de una pérdida, obteniendo con ello un goce de la propia falta. En el discurso capitalista, se anula el deseo, al teorizar que todo es objeto de consumo, y refuerza con ello la búsqueda constante de una satisfacción imposible (Pinto, 2019).
Debatiendo posturas.
Es un hecho que la clínica psicoanalítica actual da por sentado el alcance de la tecnología. Los adolescentes que atendemos tienen un lenguaje propio, surgido de las mismas redes sociales, y pareciera que se arma una cadena de significantes radicalmente diferente a la que se podía encontrar 20 años atrás. El foco en este momento está justo en esa tensión permanente, en que, a pesar de contar con nuevas herramientas y aplicaciones, que alimentan constantemente la necesidad de consumo del discurso capitalista, de alguna manera evidencia el malestar latente del que Freud nos advertía hace casi 100 años. Somos testigos de la velocidad con la que las definiciones cambian, y con ello, la realidad en la que vivimos actualmente.
Al pensar en una tiempo-espacio que afecta la existencia, tocamos la noción del ser desde Heidegger: el sentido del ser se encuentra en un ámbito temporal, puesto que no necesariamente es una noción presente y constante. En la puntualización del hombre como único ente que se pregunta por el ser, se enlaza la concepción del Dasein: El ser-ahí, el único ente que intenta entender el ser, que es afectado por el mismo, y que existe. No se encuentra aislado de si mismo, su subjetividad puede desplegarse en el ambiente circundante. El ser-ahí se relaciona permanentemente con los entes que le rodean, y los integra en sus propios pensamientos o estados de ánimo, erigiendo un mundo que forma parte de su propio ser, y engloba diferentes posibilidades. En relación con lo intersubjetivo, no hay dos sujetos que estén juntos, o un yo que se complemente con un tú, sino un ser-nosotros originario. La existencia impropia, en contraste con el ser-ahí, surge por las excesivas concesiones a la intersubjetividad, y se caracteriza por la falta de autenticidad y asunción de roles interpersonales superficiales (Lozano, 2014).
Pensar en la tecnología y la Inteligencia Artificial ante el ser-ahí, es pensar también en la intersubjetividad exaltada por la cercanía virtual del mundo que nos rodea. A pesar de las promesas latentes que se mantienen en tensión gracias a los avances virtuales, pareciera que la existencia humana demanda otras posturas. Ante las imágenes que nos rodean todo el tiempo gracias a los dispositivos digitales, parece más evidente el concepto de lo Real, como aquello no simbolizable por lo imaginario ni lo simbólico, a pesar del nuevo lenguaje. Sería una mentira negar el cólico sentido ante lo que vemos publicado en la red, pero que consideramos intolerable, aun a pesar de no comprender la razón de su producción. Pareciera que la tecnología, a la par que acerca nuevos ideales que pueden ser perseguidos y alineantes, también marca una posibilidad de estructurar un propio ser-ahí.
Aunque la tecnología intenta brindar soluciones definitivas, respuestas completamente acertadas, sin margen de error, sigue habiendo algo que se escapa de esta red. Y viceversa: el mundo se siente como algo que se escapa ante un comentario entendido malintencionadamente en las redes digitales, y que es capaz de desbordarse al convertirse en “viral”, a pesar de las fronteras terrenales. Estas dos posturas pueden evidenciar la necesidad de una especie de contención de aquello que resulta inherente a la existencia: el propio dolor de sentirse único en un mundo que intenta estandarizarnos, y al mismo tiempo, el rezago que se puede producir por no alinearse.
Como una respuesta social, encontramos definiciones de las llamadas “neurodivergencias” que intentan explicar a los “neurotípicos” (quiméricos desde los tiempos freudianos) los diferentes funcionamientos del cerebro y sus respuestas que no pueden ser estandarizadas. Encontramos personas que se alinean a esta información, y realizan autodiagnósticos a partir de la información de un reel. Por otro lado, está la promesa de experiencias únicas: nadar con delfines, acariciar venados, alimentar capibaras, solo por mencionar algunas tendencias que finalmente, tocan las fibras sensoriales de nuestro cuerpo: mortal, irreductible, existente, presente. Nuestro cuerpo es aquel que nos recuerda que “de este mundo no podemos caernos” (Freud, 1930).
¿Cuál es la implicación del psicoanálisis ante todo esto? Lacan lo mencionaba en contraste al discurso capitalista: el discurso del analista se contrapone ante la productividad y ante la alineación absoluta, y da paso a buscar una verdad única en cada uno de nuestros casos. Apuntala a la castración, y con ello cancela la promesa del capitalismo de una felicidad absoluta y plena. No ofrece respuestas universales, sin embargo, permite que el sujeto deje la alineación superyóica de la producción, y con ello la posibilidad que la existencia humana ofrece.
Sostengo que el psicoanálisis, como ciencia, como técnica y como metodología de la investigación, cobra un sentido primordial. El factor pulsional, que justo parece aquello que se escapa de la tecnología, se vuelve más evidente, quizás como una forma de existir ante aquello que insiste en devorarnos. Contamos con respuestas artificiales y las vemos caer en el consultorio, puesto que los analizantes caen en la cuenta: ninguna realidad compartida engloba la totalidad de nuestro ser-ahí. La pulsión de vida, tan presente en todos los procesos de análisis, resulta primordial en la actualidad.
¿Cómo puede cambiar nuestra clínica si consideramos estas cuestiones? Primero, invito a dar paso a los nuevos significantes que surgen por el lenguaje de lo digital, y buscar la manera de insertarlo en la cadena de significantes: El match en Tinder se puede convertir en la posibilidad de ser aceptado, el block como maneras de romper lazos que unos días atrás parecían permanentes, el whatsapp como medio para que la celotipia se renueve, solo por mencionar algunos.
Luego, no dejar que la presión ante un mundo que demanda velocidad presione el proceso de análisis. El psicoanalista aprende a esperar, y esa misma espera es la que puede dar una posibilidad de contención en tanto a función materna. Y como tercer punto, el sentido de la responsabilidad ante el malentendido, no para negarlo, sino para darle un lugar dentro de nuestro propio discurso.
Más preguntas que respuestas.
Desde el inicio del psicoanálisis, ha tomado una postura desafiante: Pica, arde, molesta, habla de aquello que otros teóricos desean ignorar. Molesta a quienes no lo entienden, es criticado por otras ciencias que intentan martirizarlo hasta verlo morir. Este artículo es prueba de ello: podríamos pensar que agoniza, aunque está más vivo que nunca.
No es casualidad haber usado verbos que remiten a lo sensorial del cuerpo para hablar de la postura analítica, pues justo es lo que sostengo que se escapa de lo virtual. Lo virtual puede causar algunas experiencias en el cuerpo, aunque resultan experiencias artificiales, que no crean ese anclaje a la vida que si es creado a partir del aroma de una flor. El anclaje a la vida lo encontramos en los sabores de nuestras abuelas, en los colores de nuestros hogares, en el canto de los pájaros, y también en el malestar pulsional que viene desde nuestro interior. Insisto nuevamente: no podemos caernos de este mundo. Este mundo nos ancla, y somos con el mundo.
Intento puntualizar una respuesta ante aquella subjetivación que se produce dentro de lo virtual, afianzando en esto los conceptos con los que el psicoanálisis nació. Pongo en jaque quizás la postura lacaniana del ciclo interminable del discurso capitalista solo para decir: puede que, por la mera experiencia de vivir, el ciclo pueda romperse. Puede que la experiencia de lo Real, sea lo primordial que se escapa de ese objeto a, y puede que esta concepción, marque también nuevas formas de subjetivación. La traducción en la clínica no siempre será universal.
Referencias bibliográficas
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Freud, S. (1924). El sepultamiento del complejo de Edipo. Obras completas vol. XIX, Buenos Aires: Amorrortu.
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Autora:
Dra. Christian Ariana Cea Hernández. Colegio Internacional de Educación Superior, CiES. Mexico
Descriptores: TECNOLOGIA / CAPITALISMO / PSICOANALISIS / LACAN, JACQUES / SUBJETIVIDAD / DISCURSO / PSICOANALISTA
Candidatos a Descriptor: INTELIGENCIA ARTIFICIAL / REDES SOCIALES
Directora: Lic. Roxana Meygide de Schargorodsky
Secretaria: Dra. Gladis Mabel Tripcevich Piovano
Colaboradores: Lic. Fanny Beatriz Felman, Dr. Gustavo OsvaldoCorra,
Los descriptores han sido adjudicados mediante el uso del Tesauro de Psicoanálisis de la Asociación Psicoanalítica Argentina
Presidenta: Dra. Rosa Mirta Goldstein
Vice-Presidente: Lic. Azucena Tramontano
Secretario: Lic. Juan Pinetta
Secretaria Científico: Dr. Marcelo Toyos
Tesorera: Dra. Mirta Noemí Cohen
Vocales: Lic. Laura Escapa, Lic. Jorge Catelli, Lic. Silvia Chamorro, Mag. Perla Frenkel, Lic. Gabriela Hirschl, Lic. Silvia Koval, Lic. Liliana Pedrón