El malestar en La cultura On-Life
Diciembre 2025 - ISSN 2796-9576
Textos breves

El eterno deseo de belleza. Sobre el impacto de la tecnología en el incremento de skin care en púberes y adolescentes

Laura Orsi
Laura Orsi
Patricia O´Donnell
Patricia O´Donnell

“La belleza está en el ojo del espectador no en el objeto”

Lucien Freud

Las redes sociales, como pasó siempre con la publicidad, el arte etc., intentan imponer los estándares de belleza, aunque la tendencia se profundizó en la pandemia. En el tiempo de encierro la mayoría de las personas se abocó a las pantallas, a las redes, etc. Con el aumento de las videollamadas y la vida social virtual, la percepción de la propia imagen cobró una gran relevancia. Quizá la insistencia con la pantalla sea una reacción a la incertidumbre y a la angustia de muerte que generó el Covid.

Los chicos crecieron en medio de las redes sociales, donde la imagen y el aspecto, son lo más importante. Recordemos que la generación Alfa, nacidos desde 2010, es la primera 100% nativa digital. Hijos de los millennials, padres constantemente conectados a celulares y a internet. La tecnología es una extensión de su manera de conocer el mundo, y quizá a sí mismos.

En este entorno apareció la llamada cosmeticorexia. Su etimología, viene de Cosmético:

Del verbo griego kosmeo: adornar,decorar. También de Kosmos: Orden, belleza. Con el sufijo ica: disciplina o actividad. Orexis: Como verbo significa alcanzar, tender hacia, desear.

Así podríamos definirla como: “La acción de tender hacia, de desear alcanzar la belleza ideal y la fantasía de eterna juventud. El cosmético, elemento auxiliar, externo, es el que ayudaría a lograr ese deseo. En general se describe como una obsesión por la belleza y un uso excesivo de cosméticos, que intentarían adornar para alcanzar un embellecimiento ideal”.

Se observa, sobre todo, entre preadolescentes y adolescentes, particularmente mujeres.

Por lo tanto creemos importante mencionar algunas ideas al respecto.

El gran protagonista de la adolescencia es el cuerpo, que enfrenta al adolescente con la impotencia de sentir la pérdida del control tanto en su crecimiento como en sus emociones e impulsos. Un cuerpo que ya no reconoce, “extraño” y que al igual que en la fase del espejo debe nuevamente reconocer y aceptar, determinando una compleja tarea de integración a tramitar. Siguiendo a Winnicott: “La experiencia de habitar el cuerpo, con sus sensaciones y límites, es crucial para la construcción del self y la percepción de la realidad”.(Winnicott, 1982:147)

Recordemos que para F. Dolto (1992), la adolescencia es como un “segundo nacimiento”. Habla del complejo de la langosta: cuando cambian de caparazón, pierden el viejo y quedan sin defensas por un tiempo, hasta fabricar uno nuevo. Durante ese tiempo están en peligro. La adolescencia es el drama de la langosta. Porque siempre hay un congrio que acecha, listo a devorarla, puede ser un interior amenazante, la infancia que teme perder la protección de los padres e impide que nazca el futuro adulto. O sea, es un momento de vulnerabilidad, de fragilidad.

En la adolescencia está la necesidad de abandonar el viejo cascarón, protegerse, mientras tanto bajo uno falso. En ese momento, la cara y el pelo, se vuelven esenciales. El maquillaje y el peinado son medios para ocuparse del cuerpo que se transforma, hablando de él sin parecerlo.

Como las langostas cuando pierden su caparazón, en la adolescencia la apariencia cambia. Surgen las preguntas: ¿Soy lindo? ¿Soy feo? Están en plena mutación, interna y externa. El espejo es central, está el reflejo inerte devuelto por el cristal y el reflejo viviente que se intenta leer en los ojos de los demás. Acecha el surgimiento de una imagen ideal. El recurso de los filtros, aunque sutiles, son usados para parecer más jovenes, más atractivos, etc. intentando la búsqueda ficticia de una belleza, juventud y perfección irreal.

Frente a los cambios internos se pueden defender por medio de lo exterior, por ejemplo, lo que acabamos de comentar, o la ropa. El sentimiento de pobreza y de vacío interior, lleva a creer que hacerse notar por los otros es un valor. Así se esconden detrás del “look”, que es una especie de caparazón.

Los adolescentes construyen una imagen ideal de sí mismos basada en los criterios del grupo de referencia, las modas etc etc. y se sienten lindos o feos en la medida que se aproximan o no a esa imagen de ideal de sí. Son formas de afirmarse. Signos de integración. Hay un intento de gustarse en la mirada de los demás, de hacerse notar para tener la impresión de existir.

Volviendo a la cosméticorexia, hacer y ser como los otros es parte de lo que se juega en ese momento de la vida con una fuerte búsqueda identitaria. De igual manera que imitar a sus mayores, incluso en el uso de cremas y cosméticos, algo que ya lo dijo Helen Deutsch en 1940. Verse de diferentes maneras frente al espejo, son intentos de ir definiendo ¿Quién soy yo?

Por qué tanta insistencia en la cara y la mirada. Es mirarse y ser miradas. Para hacer un video hay que girar la cámara hacia uno como un espejo y depende del número de seguidores y likes para preguntarse “¿Me miran ?siento que existo?”.

Si hay un exceso, cuál es el déficit. Tanta insistencia podría ser la manifestación de no estar muy mirados, buscando una mirada humanizante, frente a una amenaza de difuminación.

Al ver, en las redes, los tutoriales de rutinas de cuidado facial muestran lo que a diario hacen los influencers, figuras del cine, la tv etc. seguidos por adolescentes. Al analizarlos se observa que, en realidad las adolescentes, imitan absolutamente los comportamientos adultos.

Recordemos que en esa etapa de la vida, hay un pasaje de las figuras idealizadas de la infancia, los padres generalmente, a los objetos intermedios idealizados, que pueden servir como objetos propicios para elaborar el duelo por el abandono necesario de los otros. Actualmente los influencers, actuarían como el modelo identitario erotizado.

La adolescencia es una crisis profunda, llena de incógnitas, con algunas regresiones y forzadas progresiones que se suceden en este proceso de crecimiento. Así, la cosméticorexia, en una primera aproximación, podría tratarse de un intento de los adolescentes de hacer un salto, acelerar tiempos para apurar el complejo pasaje niñez-adolescencia, dado que esta última está llena de incertidumbres.

La adolescencia anuda el cuerpo, lo psíquico y lo social. Los especialistas en marketing, apuntan al consumo de los jóvenes atraídos por los ideales de una eterna juventud. Los mass media, construyen Ideales del Yo, sujetos aspiracionales a través del producto que se debe consumir.
Insistimos en la importancia de la imagen en los jóvenes, quienes están tramitando la angustia por la pérdida de la representación de sí mismo y de su cuerpo infantil en un cambio acelerado que el mundo interno no alcanza a absorber, y necesita ser mirado y reafirmado por los otros –sus pares- que, como espejos, con sus mensajes, les devuelvan algo, aunque sea un comentario, que acompañe, que pueda calmar la angustia ligada al vacío de existencia. Un giro que han generado las nuevas tecnologías exacerbando esta “necesidad” que puede transformarse en una obsesión. (“Sephora kids”).

La comparación y validación que hay en las redes sociales tiene un efecto sobre la autoestima. La autoestima es producto de una construcción, y la mirada tiene un valor fundamental en la constitución del sí mismo. Cómo uno es mirado. La mirada del otro significativo otorga al niño valor, existencia y significación. Organiza un modo particular de mirar – mirarse – mirar al mundo.

Cuando la mirada del otro funciona como espejo, cuando nos mira con “sus propios ojos”, devuelve la imagen como un autorretrato, unificada y confirmatoria. Rememorando la confirmación narcisista en la mirada originaria de la madre, que al jugar un papel de espejo, tiene que permitir al bebe verse a sí mismo. Un espejo dentro del cual se mira y ve belleza. Disparo de la capacidad creativa. Ahora, cuando se ve afectada se tiende a buscar en derredor otras formas de conseguir que el ambiente devuelva algo de sí.

1) La cosmeticorexia como expresión de un momento donde la imitación de lo que hacen los otros, verse de varias maneras delante de un espejo, probar diferentes imágenes posibles de si misma, resulta un intento de ir definiendo la búsqueda de identificaciones y la construcción de la identidad, aún vacilante, el cuerpo es central en este proceso. Considerar que mientras se mantenga como un juego y se relacione con estas búsquedas no tiene mayores consecuencias y es parte de ese tiempo. No debería pasar a ser una obsesión. El exceso, la preocupación, la emergencia de angustia, ansiedad, insatisfacción, tristezas, son alertas. Aunque no nos olvidemos que los momentos de depresión son muy frecuentes en el adolescente, que en lo manifiesto los relacionan con diferentes hechos de su vida actual pero que remiten, en lo inconsciente, a los múltiples duelos que debe enfrentar: 1. Duelo por el cuerpo infantil. 2. Duelo por la identidad y el rol infantil. 3. Duelo por los padres de la infancia.

En algunos casos, podrían presentarse síntomas directamente en el cuerpo: irritaciones en la piel, alergias o daños a largo plazo. (Debido al exceso de productos químicos presentes en los cosméticos).

2) La cosmeticorexia como manifestación de otras cuestiones más profundas (anorexia, compulsiones, etc.) todas referidas al cuerpo. Un conflicto que se manifieste a nivel del cuerpo, podría expresar una incapacidad para asumir las transformaciones propias de la pubertad. Se trataría de un tema más complejo y no lineal.

El cuerpo es la representación imaginaria que cada persona construye, por lo tanto la percepción es siempre subjetiva. Si bien la imagen no responde a la lógica de la consciencia hay que evaluar qué grado de desfasaje hay entre la imagen corporal y el cuerpo real, que puede llegar a una trastorno dismórfico corporal.

Existe un vínculo preocupante entre las redes sociales y trastornos como la atelofobia, el miedo crónico e irracional al fracaso y la imperfección. Es interesante explorar el tema de la exigencia de perfección y el miedo a no alcanzarla lo suficiente, un problema que afecta a miles de personas en todo el mundo.

Este trastorno se manifiesta en lo que algunos llaman “síndrome de Barbie”, donde la búsqueda de una imagen perfecta, que en su momento se reflejaba en una muñeca, ahora se proyecta en los perfiles de redes sociales. El problema es que, aunque se reuniera tales parámetros, igualmente las llevarían (a las mujeres) a experimentar inseguridad en su día a día.

La disconformidad con el cuerpo no es actual (dismorfia), la posibilidad del desfasaje entre la imagen corporal y el cuerpo real siempre existió. Quizás lo que cambió es la sobreoferta de diversos métodos estéticos, que incluyen la cirugía, como si el cuerpo fuera moldeable “a piacere”.

La angustia ante el envejecimiento y la muerte forman parte de la condición humana. La ilusión de juventud eterna es un viejo mito que nace con el individuo.

También hay que diferenciar entre ciertas cirugías reparadoras o estéticas, con una mirada objetiva corroborada por un especialista, que pueden favorecer la autoestima; de casos con una imagen distorsionada del propio cuerpo, con una conflictiva profunda, que lleve a una búsqueda ilusoria y constante de intervenciones estéticas que no lograrán solucionar desde lo externo un problema interno.

Cuando la búsqueda de la eterna juventud está presente en la sociedad desde edad temprana, el rol de los padres resulta vital: deben interesarse por lo que los hijos consumen en redes, dialogar sobre lo que les preocupa. Es importante reconocer que la belleza es diversa y subjetiva, epocal, que la belleza interior no es la belleza física.

Promover la aceptación de uno mismo, de los propios valores. Fortalecer la confianza en sí mismas, en la propia apariencia, enfocándose en las cualidades personales, habilidades y valores internos, más allá de lo superficial. Fomentar una relación saludable con la belleza y el cuidado personal. Es necesario preservar la identidad, la singularidad de cada uno. La identidad no es unívoca, es un proceso, una situación en permanente movimiento, con identificaciones y desidentificaciones.

Cuando la incertidumbre reina en el mundo interno y externo, hay amenazas y peligros, una belleza que desborda puede ser una forma de encubrir verdades angustiantes. Pero lo encubierto, reprimido o escindido puede retornar con cualidades siniestras y enfrentarnos con lo extraño, desconocido y temible del otro y de sí mismo.

Bibliografía

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Autoras:

Patricia O´Donnell, APA

Laura Orsi, APA.

Directora: Lic. Roxana Meygide de Schargorodsky

Secretaria: Dra. Gladis Mabel Tripcevich Piovano

Colaboradores: Lic. Fanny Beatriz Felman,  Dr. Gustavo OsvaldoCorra, 

ISSN: 2796-9576

Los descriptores han sido adjudicados mediante el uso del Tesauro de Psicoanálisis  de la Asociación Psicoanalítica Argentina

Presidenta: Dra. Rosa Mirta Goldstein
Vice-Presidente: Lic. Azucena Tramontano
Secretario: Lic. Juan Pinetta
Secretaria Científico: Dr. Marcelo Toyos
Tesorera: Dra. Mirta Noemí Cohen
Vocales: Lic. Laura Escapa, Lic. Jorge Catelli, Lic. Silvia Chamorro, Mag. Perla Frenkel, Lic. Gabriela Hirschl, Lic. Silvia Koval, Lic. Liliana Pedrón