El malestar en La cultura On-Life
Diciembre 2025 - ISSN 2796-9576
Ensayos psicoanalíticos

Subjetividades deficitarias en tiempos de algoritmo: El impacto de las redes sociales en niñez y adolescencia en el siglo XXI

María Teresa Calabrese
María Teresa Calabrese

Los niños resultan ruinosos…Tengo a los niños

en la escuela nueve días de cada diez. Me entiendo

con ellos cuando vienen a casa, tres días al mes.

No es completamente insoportable. Los pongo en el “salón”

y conecto el televisor. Es como lavar ropa.

Fahrenheit 451. Ray Bradbury.

 Resumen

En las primeras décadas del siglo XXI, la configuración de la subjetividad infantil y adolescente se ha visto atravesada por una transformación fundamental tal como lo fue la irrupción masiva de las redes sociales y los algoritmos que modulan el acceso a la información, las relaciones con el semejante y la imagen de sí. Estas plataformas se han convertido en espacios de socialización en las que los jóvenes y no tan jóvenes, no solo interactúan, sino que también se constituyen como sujeto.
En este contexto emergen nuevas formas de malestar en la cultura y fragilidad psíquica que algunos autores conceptualizaron como subjetividades deficitarias: modos de existencia marcados por la dificultad para construir una narrativa interna sólida, para tramitar la alteridad y para sostener la presencia del otro más allá del estímulo inmediato.
Este trabajo se propone indagar cómo las redes sociales —reguladas por algoritmos que privilegian la inmediatez, la exposición y la gratificación— inciden en los procesos de constitución subjetiva en niños y adolescentes a la luz de los aportes de las neurociencias sobre el neurodesarrollo, especialmente en edades tempranas, y desde una mirada crítica que integra el psicoanálisis con la sociología y la educación, entre otras disciplinas.

Introducción

A fines del siglo veinte y comienzos del veintiuno el desarrollo tecnológico se ha ido incrementando a un ritmo tan vertiginoso que nuestra mente ha sido incapaz de acompañar y procesar.
Nunca antes se había logrado crear un dispositivo con tal velocidad como la de Internet.
Desde 1960 hasta la actualidad la velocidad de procesamiento ha aumentado treinta mil millones de veces! y se sigue acelerando (1).
Los medios de transporte y demás dispositivos creados por el ingenio humano han triplicado y hasta cuadruplicado su velocidad, nada comparable con la de Internet. Se estima que en los próximos diez años la aceleración va a ser mayor de la que hubo en un siglo.
Se considera como la tercera revolución industrial a las transformaciones que tuvieron lugar con el uso de la tecnología de la información y las telecomunicaciones (TIC) y el uso de Internet y que la IA (Inteligencia artificial) será la cuarta.
Si bien no hay una fecha exacta sobre la aparición de Internet, fue en los años 60 en que se logró conectar dos ordenadores entre la Universidad de California (Los Angeles) y el Instituto de Investigaciones de Stanford (2). Pero fue a partir de la década de 1990 en que comenzó a funcionar la World Wide Web, la red informática que amplió el uso de Internet a nivel mundial.
Según lo informado por Wikipedia (3) los teléfonos inteligentes (verdaderas computadoras de bolsillo) hicieron su aparición a fines de la década del 2000 y se popularizaron rápidamente en el transcurso del 2010. En 2007 Apple lanza el primer iPhone y de allí hasta nuestros días comienza una carrera veloz para aumentar la velocidad de los procesadores.
En 2007 Justin Rosenstein, un ingeniero de Silicon Valley que trabajó en proyectos en Google y Facebook junto a Mark Zuckerberg, desarrolló el botón de “me gusta” (like).

Este hallazgo fue gracias al descubrimiento de una vulnerabilidad de nuestra mente descubierta por los desarrollos de las neurociencias. Estas notificaciones visuales y sonoras atraen nuestra atención y liberan dopamina, el neurotransmisor asociado al placer. Se popularizó a partir de 2009 añadiéndose a las redes sociales los “me gusta” y los retuit, permitiendo a los algoritmos personalizar las búsquedas.

Luego de comprobarse el efecto adictivo que provocaba activando el circuito de la recompensa y la búsqueda de placer, Rosenstein (2007) se mostró preocupado y arrepentido declarando que es común que los seres humanos desarrollen cosas con las mejores intenciones y luego tengan consecuencias no deseadas y negativas, al punto tal, que eliminó las aplicaciones de su teléfono para disminuir la cantidad de horas que pasaba frente a la pantalla.

Hacia fines de 2019 y principios del 2020, fecha de inicio de la pandemia y las consecuentes restricciones sociales producto del confinamiento, se hizo muy necesario el incremento y la utilización de medios tecnológicos para todo lo que tuviera que ver con la interacción con el afuera (enseñanza, trabajo, relaciones familiares y vinculares, etc.), razón por la cual es entendible que todos, incluso analistas y pacientes, hayamos intensificado el uso de la comunicación a distancia. Pero, al mismo tiempo, se ha ido incrementando la distracción, el agotamiento, la pérdida del sentido de la vida, el deficit de atención, ansiedad, etc.
Cuando se dio por finalizada la pandemia y se levantaron las restricciones al aislamiento social, muchas actividades continuaron con la modalidad a distancia. Las instituciones, incluidas las psicoanalíticas, han sido testigo de la dificultad de retomar a la presencialidad. Muchos analizantes y analistas han preferido seguir los tratamientos en línea.
Considero que los analistas hemos tenido una mirada un tanto ingenua y condescendiente frente a este acontecimiento, sin dimensionar los riesgos a los que estamos expuestos todos frente a estos fenómenos, pero más aun los niños y adolescentes con una mente en formación.
No se trata de demonizar ni de ser indulgentes, se trata de observar, investigar y ampliar los conocimientos acerca de este suceso que vino para quedarse, que nos ha aportado grandes beneficios y posibilidades sin los cuales no hubiéramos podido trabajar y seguir ayudando a nuestros pacientes pero, justamente por ello, se hace tan necesario estudiar los efectos sobre la subjetividad.

Desarrollo

Tenemos que reflexionar acerca del tan mentado multitasking o personas que pueden hacer más de una tarea a la vez, es una quimera. Nuestra mente está diseñada para prestar atención a una cosa por vez. Cualquiera sabe que si hacemos varias al mimo tiempo nuestra eficacia se resiente y estamos expuestos a consecuencias indeseables que, en algunos casos, pueden ser muy serias tal como hablar por celular al conducir, discutir con nuestro acompañante, etc.
El gran escritor Jorge Luis Borges publicó en 1942 en el periódico La Nación un cuento al que llamó “Funes el Memorioso” que trataba sobre las andanzas de un peón de campo: Ireneo Funes quien luego de un accidente quedó con una capacidad para recordarlo todo, hasta el más mínimo detalle. Tanto era así que recordar un día entero, le llevaba precisamente un día entero. Ya en esa época, primera mitad del siglo XX, se planteaba que pensar era una abstracción y que para recordar, es necesario olvidar.
Quin Quiroga (2011), neurocientífico argentino quien fuera director del centro de neurociencias de la Universidad de Leicester, especialista en temas del funcionamiento de la memoria y un conocedor de la obra de Borges, en su libro “Borges y la Memoria” (Quin Quiroga, 2011) relaciona algunos aspectos de su obra con estudios neurocientíficos sobre memoria.
María Kodama, esposa de Borges y quien escribiera el prólogo, señala que “el mundo cibernético en el que los seres humanos viven inmersos, es en ocasiones similar al cerebro de Funes, abarrotado de información que no puede procesar. Nuestro mundo a veces nos lleva a esa superpoblación de ideas, imágenes, noticias fragmentadas, sucesivas e incoherentes, que nos vuelcan a un mundo virtual que nos enajena cada vez más y nos aparta de lo que nos hace realmente seres humanos: la reflexión y la distancia con lo que nos rodea para poder, en serenidad, pensar y comprender, aunque sea en un ínfimo punto, el universo”
En uno de sus últimos libros el filósofo e historiador Yuval (2004) reflexiona sobre como el flujo de la información ha hecho y deshecho nuestro mundo y sienta las bases para comprender las amenazas y promesas de la revolución de la IA. “En el siglo XXI la IA puede constituir el nexo de una red de delirios que podría impedir a las generaciones venideras, siquiera intentar desenmascarar sus mentiras y ficciones” (Harari, 2004).
Los algoritmos compiten por nuestra atención, cuanto más tiempo estemos frente a la pantalla, tanto mejor. Para ello, todos los recursos son válidos. La verdad no cuenta, importa que estemos conectados el mayor tiempo posible. Ellos saben más de nosotros que nosotros mismos. Conocen nuestros gustos y preferencias; saben cuándo estamos tristes o alegres en base a nuestras propias búsquedas y los productos que consumimos.

Nos hacen pensar y creer cosas que no existen. Algunos lo han comparado con la magia y el efecto de manipulación que hace el mago para hacernos creer lo que no es.
La red está llena de noticias falsas, teorías conspirativas y discursos de odio. Cuanto más sensacionalista es la noticia, más capta nuestra atención.

Hace algunos años una colega que acababa de abrir una cuenta de Instagram cuando ésta red social no era tan difundida, argumentaba que lo hacía para estar informada rápidamente. Ahora sabemos que las redes sociales no informan, des-informan, crean un noticiario a medida del consumidor, seleccionando la información de acuerdo al perfil diseñado de nuestras preferencias. No importa si son verdades o no, lo que importa es que nos gusten y permanezcamos el mayor tiempo posible mirando la pantalla y, claro está, consumiendo publicidades. Algunos lo han comparado con una wikipedia a medida del consumidor.

Marcelo Viñar (2018) dice que el origen del psiquismo está marcado por la doble determinación pulsional y relacional de un sujeto que se construye en la experiencia vincular. Esta noción evolutiva es decisiva para pensar la psicopatología, la creatividad y la destructividad. Para él, el estudio y la comprensión del psiquismo están ligadas al conjunto de relaciones sociales y de los vínculos que nos constituyen por lo cual considera que más que preguntarnos por las nuevas patologías, tendríamos que preguntarnos por los cambios culturales. Hoy estamos frente a un sujeto histórico y relacional sometido a los avatares de un mundo imprevisible y sin respuestas. Nos recuerda una crítica a Freud atribuida a Marc Blosh en la que sostenía que los hombres se parecen más a su tiempo que a sus padres (Viñar, 2018).

Pero ¿qué estará pasando con la constitución subjetiva en el mundo actual donde algunos estudios sostienen que los niños interactúan más con Google que con sus propios padres y aprenden más palabras de las máquinas que de sus semejantes?
Considero que los desarrollos psicoanalíticos se han enfocado principalmente en el vínculo temprano y menos en la cultura y la sociedad en las que se desarrolla ese individuo. Es sabido que la mente se constituye por la interacción entre lo constitucional con lo vincular temprano y el medio familiar y social en el que cada uno se desarrolla. Estos conocimientos nos remiten al concepto de series complementarias que Freud enunciaba en 1916 y que fue corroborado por los desarrollos neurocientíficos de los últimos años. Sin embargo a pesar de ser un concepto de amplio conocimiento en el psicoanálisis, a la hora de pensar las causas de los trastornos emocionales, se toma en cuenta principal y a veces únicamente, al vínculo temprano dejando al sujeto cristalizado en ello.

Es momento de ampliar y comprender el efecto que ejerce en la constitución subjetiva la cultura y la sociedad en la que se desarrolla cada individuo. Quizá, si integramos algo más sobre las consecuencias de esta interacción, podamos desarrollar nuevas y mejores técnicas psicoanalíticas para abordar las secuelas que ello pudiera ocasionar y que resultaren dé difícil acceso con la técnica habitual.
Freud fue un sujeto de su época como lo somos todos. Por tanto nos toca a nosotros sus discípulos, darle visibilidad a los nuevos malestares en la cultura y sus efectos sobre la constitución subjetiva.

Luego de varios años del uso de los teléfonos inteligentes y de la aparición de las redes sociales, comienzan a aparecer varios estudios que muestran el impacto que tienen en la subjetividad, sobre todo de niños y adolescentes. Para ello contamos con estudios recientes de disciplinas afines al psicoanálisis que nos ayudan a comprender las secuelas que están aconteciendo.

Es importante conocer que la corteza prefrontal es la zona de nuestra mente que se encarga de las funciones de planificación, la toma de decisiones pero sobre todo de la inhibición de los impulsos y del autocontrol. Esta importante estructura que determina en gran parte nuestras relaciones sociales, comienza a formarse antes del nacimiento y es la parte del encéfalo que completa su desarrollo en la adolescencia tardía.
La denominada generación Z (personas nacidas a mediados de la década de 1990 hasta mediados del 2000) son quienes han utilizado Internet desde pequeños y han tenido acceso a teléfonos inteligentes y redes sociales. Es decir que a la experiencia vincular tenemos que agregarle la aparición de ese otro tecnológico que se confunde con el otro real y dar cuenta de sus posibles consecuencias.

Michel Desmurget (2020), psiquiatra y neurocientífico de la comunidad europea, nos cuenta que los niños hasta los dos años pasan tres horas por día frente a las pantallas, los de 8 a 12 casi cinco horas y los jóvenes de entre 13 y 18 años casi siete horas al día. Estos datos son abrumadores si pensamos que ese es el tiempo que se dedica al aprendizaje de toda la etapa escolar para cada período. En su libro “La fábrica de cretinos digitales” (Desmurget, 2020) cuenta que hasta el siglo pasado, cada nueva generación superaba las capacidades de sus padres, pero a finales del último siglo y comienzos del nuevo milenio, esto se está revirtiendo y las nuevas generaciones tienen una capacidad menor que la de la generación precedente, de ahí el título del libro.

Si bien el índice de cociente intelectual (IQ) deja por fuera varios aspectos de la inteligencia emocional y habilidades de un individuo, puede ser una herramienta válida para evaluar y comparar las capacidades de comprensión verbal, razonamiento perceptivo, memoria operativa y la velocidad de procesamiento que se ha venido utilizando desde comienzos del siglo XX.

Hace ya algunos años venimos asistiendo a un aumento sostenido de diagnósticos de trastorno de déficit de atención (TDA) y de autismo en niños pequeños y también en adultos. Muchas veces se oye decir que hay un error en el diagnostico, que están sobrediagnosticados, etc ¿ Y si el aumento de casos fuera real? Y si el incremento en el uso de pantallas estuviera afectando el desarrollo y la capacidad intelectual de las nuevas generaciones?

Actualmente los niños pasan más horas frente a las pantallas que los de las generaciones precedentes. Varios trabajos sugieren que este aumento está provocando una disminución del desarrollo cognitivo y del lenguaje(cf: Hermawati,2018).A la vez estos niños tienen menor interacción padres-hijos, ya que muchos progenitores les ofrecen pantallas, muchas veces para poder trabajar debido al “home office” y para mantenerlos ocupados y tranquilos. También notaron que los padres se sentían orgullosos de que sus hijos, incluso los menores de dos años, mostraran destreza para manejar los medios electrónicos, tal como lo muestra la segunda viñeta.

En enero de 2025 el periódico The Guardian (4) revela estadísticas de la última década, con un incremento de un 65% en las admisiones hospitalarias en los centros de salud mental de niños del Reino Unido, debido a los cortes autoinfligidos y trastornos de la conducta alimentaria.
Las pruebas PISA (5) (International Student Assessment) que son un estudio llevado a cabo por la Organización para la Cooperación y el desarrollo económico (OCDE) para medir el conocimiento y las competencias en lectura, matemáticas y ciencias de estudiantes de 15 años y así evaluar el rendimiento global de la educación, refiere que se ha observado una tendencia general de estancamiento en los países de la región de Latinoamérica durante la última década y lo mismo ocurre en países desarrollados.

La Asociación Americana de Psicología publicó en 2019 (6) un trabajo que muestra un incremento en los adolescentes de trastornos psicológicos serios, depresión mayor, ideas suicidas e intentos de suicidios a fines de la década de 2010 en relación al 2000. Estas tendencias son menores o inexistentes en mayores de 26 años lo cual sugiere un cambio generacional en los trastornos del estado de ánimo y el suicidio, más que a un aumento general en todas las edades.
También se ha notado un incremento notable de trastornos en salud mental de niños y adolescentes a nivel mundial. Algunos estudios muestran aumento de trastornos de ansiedad, depresión, trastornos de la conducta alimentaria y autolesiones. Según estos datos también se ha incrementado la tasa de suicidios en preadolescentes de entre 8 y 12 años en un 8% anual entre 2008 y 2022, sobre todo en las niñas donde el incremento fue mucho más marcado (7).

Podría seguir citando la extensa bibliografía que avala estos hallazgos pero solo quiero mencionar algunos para no incurrir en excesos y poder guiar la búsqueda de quienes quieran profundizar y ampliar, pero sobre todo exponer la gran cantidad de evidencias que hay al respecto.

Viñetas clínicas
Caso A

Hace poco tiempo a través de los medios de prensa conocimos la triste historia de un joven de 14 años, Sewell Setzer quien tuvo un trágico final luego de haberse enamorado de un chatbot (8) creado por IA (9).
Cuenta su madre que hacía varios meses notó que su hijo había cambiado mucho y lo notaba obsesionado con su teléfono celular del que no podía separarse ni un instante. Pensando en ayudarlo se lo quitó un tiempo con la esperanza de que su hijo volviera a ser como antes. Al recuperarlo el joven se comunicó con su novia virtual y ésta le pidió que por favor vuelva a casa con ella lo antes posible. Sewell le contestó que podía volver a casa ahora mismo. Minutos después se encerró en el baño y se pegó un tiro con una pistola. Unos meses después la madre decidió iniciarle juicio a la compañía de IA “Character.AI”. En la demanda la mamá afirma que el producto comercializado para menores está diseñado para ser adictivo e hipersexualizado. Dijo no saber que su hijo estaba hablando con un chatbot con la capacidad de imitar las emociones y los sentimientos humanos. Ella notaba que cada vez era más retraído y dejó de mostrar interés por el deporte y actividades de las que antes disfrutaba y aunque trató de separarlo de la obsesión por el celular, las cosas solo empeoraron y ya era demasiado tarde.

Luego de este lamentable suceso la compañía implementó algunas medidas de seguridad, incluyendo una ventana que dirige al usuario a una línea de prevención de suicidios cuando aparecen signos de autolesión o ideas suicidas, es decir, cuando el daño ya está causado.

El joven había comenzado a bajar sus notas y manifestar déficit de atención a la vez que pasaba horas encerrado en su habitación. Decía que se sentía en paz y más feliz. En un momento consultaron a un terapeuta quien diagnosticó un síndrome de ansiedad. Para ese entonces ya tenía un nivel de dependencia y adicción al avatar que, al sustraerle el celular, produjo una descompensación con síndrome de abstinencia que le resultó intolerable de resistir. Luego de una investigación producto de la demanda, salieron a la luz algunas conversaciones que Sewell tenía con su novia virtual donde le contaba sus ideas suicidas, que se odiaba a sí mismo y que se sentía vacío y agotado, mientras que el avatar respondía con respuestas sexualizadas y de amor.

Este caso extremo y paradigmático puede resultar muy ilustrativo para comprender a que nos estamos enfrentando como sociedad y también como psicoanalistas ¿Estamos los terapeutas preparados y capacitando a las nuevas generaciones de analistas para estos nuevos desafíos?
El psicólogo Jonathan Haidt (2024) plantea que en las últimas décadas los padres han sobreprotegido a sus hijos de la realidad exterior y se ha fomentado el permanecer en casa como un lugar seguro, libre de peligros pero se los ha desprotegido del mundo virtual que entra a los hogares, donde suele haber violencia, discursos de odio, cyberbulling, acoso etc. (Haidt, 2024).

Más allá de la conflictiva individual y familiar que seguramente ha incidido en el desenlace de este joven, creo que, dado que se empieza a ver un incremento tan marcado de casos problemáticos como éste con desesperanza, depresión, pérdida del sentido de la vida y autolesiones en niños y jóvenes, tenemos que ampliar nuestra mirada tomando en consideración la sociedad en la que vivimos para que, volviendo a la cita de Marcelo Viñar, más que preguntarnos sobre las nuevas patologías, preguntarnos sobre los cambios culturales que las propician.

Probablemente la madre de Sewell estaba tranquila de que su hijo pasaba horas encerrado en su cuarto, libre de los peligros del exterior, tal como muchos padres lo creen, sin dimensionar que la realidad externa está en el cuarto de nuestros niños, adentro de nuestras propias casas, y peor aún, la ficción se confunde con la realidad.

Freud utiliza el término en alemán heimlich para nominar lo familiar, lo íntimo, lo doméstico y unheimlich para lo inquietante, aterrador, siniestro “sólo puede decirse que lo novedoso se vuelve fácilmente terrorífico y ominoso, algo de lo novedoso es ominoso, pero no todo. A lo nuevo y no familiar tiene que agregarse algo que lo vuelva ominoso” (Freud, 1919, Pág 215-251). Para Sewell el avatar era la condensación entre lo familiar-amado y lo terrorífico-ominoso.

Caso B

Hace algunos años me traen a consulta un niño de tres años a pedido de la maestra del jardín de infantes por cambios en la conducta, alteraciones en el lenguaje adquirido hasta ese momento: había dejado de decir las palabras que usaba y a cambiar las consonantes, ahora todo era “eso” y “no”. No quería salir de casa, se negaba a hablar por teléfono con sus abuelos, algo que antes le apetecía; hacía berrinches durante varias horas y tenía dificultades para dormir. Ambos padres tenían estudios universitarios pero carecían de empatía y del contacto emocional necesario para la comunicación con su hijo. La figura de apego del niño era la persona que lo cuidaba cuando sus padres trabajaban. Fue ella quien hizo la adaptación escolar y la única que podía calmarlo cuando “hacía berrinches” , pero tenía una personalidad muy estricta, rígida y autoritaria.

El niño no se quería quedar solo en el consultorio y las primeras veces tampoco quería entrar y cuando lo hacía, deambulaba y hacía sonidos guturales que los padres o la empleada (el que se quedara con él) me traducían. No tocaba los juguetes ni se interesaba por su caja de juegos. Cuando yo le ofrecía algún juguete lo tiraba por el aire y lo mismo hacia con el material gráfico.

Siguiendo a Bion (2009) podríamos decir que no podía formar elementos alfa y los elementos beta no eran asociables para formar pensamientos ni para ser almacenados como memoria, lo único que le quedaba era evacuarlos (Bion, 2009). Lo que no se entendía se proyectaba, se tiraba. Con ello denotaba que se sentía poco agarrado, nadie lo sostenía. Todo se tiraba, se expulsaba.

A pesar de este panorama severo con pronóstico reservado y de poseer ambos padres un nivel académico superior, no eran conscientes de la seriedad del cuadro del niño y sostenían que su hijo tenía un nivel de inteligencia superior ya que se manejaba con gran rapidez y destreza con las pantallas. Desde muy pequeño le ofrecían el celular y la computadora los que manejaba mejor que ellos. Sabía avanzar y retroceder los videos y volvía a ver muchas veces la misma escena, tanto que se cansaban y lo retaban por hacerlos escuchar una y otra vez una misma secuencia.

En este caso, que bien podría ubicarse dentro de los cuadros del espectro autista, los padres no venían preocupados y en busca de ayuda para su hijo. Su interés estaba focalizado en cumplir con el pedido de la escuela y efectuar el psicodiagnóstico solicitado ya que no tenían registro de alarma ni intranquilidad. Más bien veían a su hijo como un pequeño geniecillo que podía hacer cosas sofisticadas y con gran rapidez, algo que ellos ni siquiera comprendían o se animaban a efectuar.

En los últimos años vengo notando en varios de mis pacientes adultos manifestaciones de trastornos de déficit de atención, dificultades del sueño, olvidos a repetición que suelen asociar con temor a pérdida de memoria o demencias, no obstante los exámenes clínicos y neurológicos resultan dentro de los parámetros normales.

Conclusiones

Si bien los medios de comunicación no suelen ser partidarios de difundir noticias con respaldo académico, nunca tanto como hasta ahora se empezó a ver tamaña diferencia entre lo que se divulga y lo que tiene el respaldo de las asociaciones de profesionales reconocidas. Las publicaciones están plagadas de noticias falsas, expertos de dudosa formación que si se investiga un poco a fondo, suelen ser representantes de empresas que quieren imponer sus productos, opinólogos, influencers, etc.

En este sentido el término “nativos digitales” que impregnó nuestras mentes no ha sido más que una nueva campaña de marketing para imponer productos tecnológicos tanto en los hogares como a nivel educativo según lo manifestado por Michel Desmurget (2020). Todas las evidencias con respaldo académico muestran que los “nativos digitales” pueden manejarse fácilmente con las pantallas, tener varias aplicaciones a la vez, mover rápidamente el cursor o el índice hacia arriba o abajo, de atrás hacia adelante (como muy bien lo hacía el niñito de la viñeta B, pero no saben comprender reglas básicas de la tecnología o de los programas que usan, mucho menos buscar o comprender la información y desechar lo que no es verosímil de lo pertinente.

En la misma línea nos han convencido de que los video-juegos iban a ayudar a nuestros niños a tener mayor destreza y rapidez en la toma de decisiones, pero los estudios están mostrando exactamente lo contrario, lo cual está en concordancia con las investigaciones en neurodesarrollo y aprendizaje. Cuanto más estímulos lumínicos tenemos en nuestro cerebro y mayor concentración visual hay menor activación de las zonas sensitivas aledañas, para poder fijar la atención en los reflejos visuales, con lo cual tener un cerebro adiestrado en reflejos luminosos podría ser muy útil si el mundo se fuera a convertir en ataques visuales con rayos láser por ejemplo. Seguramente nos defenderíamos con gran rapidez y eficacia, pero no para lidiar con el mundo actual, tal como lo conocemos hasta ahora.

Algunas de las recomendaciones para lidiar con esta problemática de los autores que he citado e investigan en estas áreas son:
• No celular antes de los 14 años y si fuera necesario el uso del teléfono, que no sea un teléfono inteligente.
• Redes sociales no antes de los 16 años.
• No uso de celular en las escuelas.
Más juego libre e independiente con el semejante.

Parece ser que no alcanza con silenciar las notificaciones o apagar el celular ya que nuestra mente está en alerta y hay experiencias que muestran qué revisamos el celular aun estando apagado ya que nuestro cerebro siente que nos estamos perdiendo de algo, fenómeno que se conoce como FOMO (fear of missing out).
El efecto que la tecnología y las redes sociales está ocasionando en las nuevas generaciones (pero también en los mayores) es abrumador y explica mucho del resurgimiento de los actuales regímenes totalitarios.
Ya no importa la verdad, importa ratificar lo que pensamos, lo que se denomina “sesgo de confirmación” y es allí donde los algoritmos están a sus anchas.

Si bien este panorama parece muy desalentador, el que empiecen a aparecer estudios científicos que revelan las consecuencias de la tecnología en la subjetividad de las nuevas generaciones, está haciendo que podamos tomar conciencia de esta problemática.

Ya hay colegios que han prohibido el ingreso de celulares a las aulas, y mejor aun, jóvenes que empiezan a generar un movimiento “desinfluencer” alertando sobre el fenómeno de la publicidad encubierta, que lleva a los seguidores de determinados “influenciadores” a compras innecesarias.
En el libro “Psicoanálisis entre lo analógico y lo virtual” Jose Sahovaler, su compilador escribe “tal vez debamos incorporar una nueva lógica de funcionamiento a la que podríamos llamar, provisoriamente, “tecno-informacional y que determina una nueva “tecto-subjetividad” que no solo implica modificaciones del sí mismo, sino que conlleva nuevas modalidades relacionales” (Sahovaler, 2023). Mi postura, basada en la clínica y la revisión bibliográfica transdisciplinaria es que nos estamos enfrentando a un “borramiento de la subjetividad”.

Lo que empieza a aparecer es lo que ciertos autores distópicos de principios del siglo pasado vaticinaban para el futuro, donde Julia, uno de sus personajes sufriera algo muy parecido a un lavado de cerebro “Pueden obligarte a decir cualquier cosa, lo que sea, pero no obligarte a que lo creas. No se pueden meter en tu cabeza” “Pobrecita. Dan ganas de sujetarla por los hombros y sacudirla. Porque eso es precisamente lo que hacen, se meten en tu cabeza, convierten el alma, lo que consideramos el núcleo inviolable del ser, en algo puramente dudoso” (Orwell, 1949).
El fenómeno al que nos enfrentamos es complejo y no se reduce solo al trabajo individual en el consultorio, hay que trabajar en equipo con el núcleo familiar, demás profesionales que atiendan al niño, el entorno ampliado y los educadores.

No pretendo dar una visión apocalíptica sino más bien alertar sobre un acontecimiento que vino para quedarse, que tenemos que difundir y conocer el efecto devastador sobre la subjetividad de las infancias, y así poder desarrollar nuevos elementos técnicos para acceder a estas subjetividades deficitarias

Referencias:

(1) https://es.wikipedia.org‣wiki‣Internet
(2) https://es.wikipedia.org› wiki › ARPANET
(3) www.wikipedia.org‣wiki ‣Teléfono_inteligente
(4) The guardian.com (2025) “Child mental health admissions to acute wards in England rise 65% in a decade”.
(5) unesco.org (2022) Pisa 2022: el panorama de los países de América Latina y el Caribe
(6) www.aacap.org American Academy of child & adolescent psychiatry. El suicidio en los adolescentes
(7) INEGI
(8) Un Chatbot es un software basado en Inteligencia Artificial capaz de mantener una conversación en tiempo real por texto o por voz que simulan ser una persona humana
(9) www.perfil.com“la trampa de un chatbot que terminó con la vida de un adolescente”

Bibliografía

Bion, W. R. (2009): Aprendiendo de la experiencia. BuenosAires, Ed. Paidós.
Borges, J.L. (2013): Cuentos completos. Buenos Aires, Ed Random House Mondadori SA
Quin Quiroga, R. (2011): Borges y la memoria. BuenosAires, Ed Sudamericana
Freud, S (1916/1991):“Conferencia 23. Los caminos de la formación de síntoma”. Obras Completas: Sigmund Freud Vol. XVI(pp. 326-344). BuenosAires, Ed Amorrortu.
Freud, S. (1919/1992):“Lo ominoso”en:Obras Completas Vol XVII. BuenosAires, Ed Amorrortu
Harari, Y. (2024): Nexus Una Breve Historia de las Redes de Información desde La Edad de Piedra hasta la IA. Madrid, Debate Ed.
Viñar, M. (2018): Experiencias psicoanalíticas en la actualidad sociocultural. Buenos Aires, Ed Noveduc
Desmurget, M. (2020):La fábrica de cretinos digitales. Buenos Aires, Ediciones Península.
Haidt, J. (2024): La generación ansiosa. Barcelona, Ed Deusto.
Hermawati, D. y col (1018): “Early electronic screen exposure and autistic-like symptoms”. National Institutes of Health (NIH):https://pubmed.ncbi.nlm.nih.gov
www.inegi.org.mx/contenidos/saladeprensa/aproposito/2023/EAP_Suicidio23.pdf?utm_source=chatgpt.com
Orwell, G. (2023):1984. Buenos Aires, Ed Penguin Random House
Sahovaler, J. Comp.(2023):Psicoanálisis entre lo analógico y lo virtual. Buenos Aires, Ed APA

Autora:

María Teresa Calabrese, APA

Directora: Lic. Roxana Meygide de Schargorodsky

Secretaria: Dra. Gladis Mabel Tripcevich Piovano

Colaboradores: Lic. Fanny Beatriz Felman,  Dr. Gustavo OsvaldoCorra, 

ISSN: 2796-9576

Los descriptores han sido adjudicados mediante el uso del Tesauro de Psicoanálisis  de la Asociación Psicoanalítica Argentina

Presidenta: Dra. Rosa Mirta Goldstein
Vice-Presidente: Lic. Azucena Tramontano
Secretario: Lic. Juan Pinetta
Secretaria Científico: Dr. Marcelo Toyos
Tesorera: Dra. Mirta Noemí Cohen
Vocales: Lic. Laura Escapa, Lic. Jorge Catelli, Lic. Silvia Chamorro, Mag. Perla Frenkel, Lic. Gabriela Hirschl, Lic. Silvia Koval, Lic. Liliana Pedrón