Ensayos psicoanalíticos

La potencia de la imagen. El fracaso de un sueño. Reflexiones sobre la muerte de Aylan Kurdi y los refugiados en Europa

Christian Lopardo
Christian Lopardo

“La creencia en la ´bondad´ de la naturaleza humana es una de esas miserables ilusiones que, según los hombres esperan, embellecerán y aliviarán su vida, cuando en realidad sólo les hacen daño.” S. Freud (1933a, p.96)

1.

Hace unos años atrás, más específicamente el 2 de septiembre de 2015, las imágenes del cuerpo sin vida de un niño de tres años llamado Aylan Kurdi se viralizaban en la red impactando en la opinión pública. Las diferentes tapas de los diarios y webs más renombradas del mundo las expusieron, los presentadores de radios hablaban de ello y los noticieros una y otra vez, como suelen hacer con las noticias de impacto, hacían mención a las mismas y trataban de encontrar algún tipo de sentido; en una de ellas el cuerpo del niño sirio yace sobre la húmeda arena observado por un incrédulo oficial de la policía turca, en otra, este mismo guardia -con mirada evasiva y gestos de desolación en su expresión facial-, sostiene entre sus brazos el pequeño cuerpo del niño.

Los periodistas y especialistas de diferentes medios locales e internacionales, movilizados por este acontecimiento, se pronunciaron al respecto que dieron lugar a diferentes debates: “¿Es correcto que se muestren tan horrorosas imágenes?” “¿Sirve para algo publicar las imágenes en las tapas de los diarios?” “¿Cómo es posible que sucedan estas cosas en el siglo actual?” Nótese que muchas de estas opiniones pusieron el acento ya no en la precariedad en la que viven miles de personas, sino en el uso que de estas imágenes se hiciera. Entre los comentarios e incógnitas que se sucedieron me llamó la atención uno especialmente; “¿Por qué esta imagen conmocionó al mundo y no otra, siendo que, lamentablemente, sobran las imágenes de la fragilidad a la que es expuesta el ser humano?”

En su libro “La interpretación de los sueños”, especialmente en el capítulo 7, Freud da cuenta de la génesis de la formación del sueño y por ende de las imágenes del dormir, conceptualizando, entre otras cosas, cómo es que algunas de ellas tienen un impacto mayor que otras, provocando lo contrario a lo que el sueño se propone; el dormir. Las imágenes oníricas cargan sentidos, mensajes del inconsciente que fueron desfigurados para evadir la censura y así hacerse conocer por la consciencia. Este fue uno de los mayores descubrimientos de Freud y uno de los pilares en los que aún hoy se sostiene el psicoanálisis.

Brevemente podemos recordar que el sueño, para ser tal, tiene que haber sido desfigurado por el proceso primario, vía regresión, para engañar al censor y ser visto por la consciencia y de este modo cumplir con la máxima: “el sueño es el guardián del dormir” (Freud 1900a [1899] p.245). Sin embargo, los llamados sueños de angustia poseen una característica particular, el soñante se despierta al fallar el disfraz que alerta al censor provocando en él malestar e incomodidad, se despierta por la angustia que detiene su dormir, al aparecer de un modo “desnudo” lo que se quería ocultar.

La tesis de Freud de que los sueños son el intento de satisfacciones de deseos inconscientes es ampliamente discutida por los aportes del psicoanalista Á. Garma que pone el acento no ya en el cumplimiento de deseo, sino en el factor traumático que portan los sueños. Para este autor todos los sueños son, en primer término, traumáticos y en segunda instancia un intento de satisfacción de deseos; y si no lo aparentan es gracias a su desfiguración, arriba mencionada.

Teniendo en cuenta lo dicho, podemos llegar a pensar que las imágenes de los diarios han impactado en la opinión pública del mismo modo que impacta un sueño de angustia a un soñante recién despierto. Se despierta conmocionado con palpitaciones, invadido por su propio interior, intenta expulsar aquello que proviene de adentro. Las imágenes que circularon en los diversos portales poseen este carácter de traumáticas en tanto no están del todo desfiguradas, son, por así decirlo, explícitas. ¿Qué es lo que explicitan? Pues, conmocionan a la opinión pública por portar cierta condición ominosa (familiar) ya que revelan la fragilidad de la condición humana frente a la amenaza de los designios de la naturaleza, los otros y nosotros mismos, recordándonos aquel estado infantil y primario donde la dependencia hacia el otro era extrema y necesaria para poder sobrevivir. Lo que realmente impacta no es la fachada de la imagen, sino lo que está detrás, lo que ella carga, la ausencia de otro que alivie los padeceres y satisfaga las necesidades más básicas; alimento, cuidado, contención. Cuando estas necesidades no se cumplen se produce el quiebre de la protección anti estimulo que Freud conceptualiza en “Más allá del principio del placer” (1920g, p.27) y es tan característica de los “sueños traumáticos” y la compulsión de repetición.

Sin embargo, quizás se ajuste más pensar las imágenes del niño sin vida como francas pesadillas. Entiendo que estas -en concordancia con Jorge Winocur (2010) y tal como estuve desarrollando recientemente (Lopardo, 2021a)- se caracterizan por ser un sueño del que no se puede salir y del cual, en ocasiones, se necesite de otro para lograrlo. El soñante que tiene una pesadilla se encuentra encerrado en una escena, intenta salir de la misma y no puede, incluso cuando parece conseguirlo. Así, una pesadilla lograda -y con final extremo- lleva a la muerte.

En las imágenes, lo que estaba oculto, velado y secreto para muchos, sale a la luz figurado en imágenes fotográficas tomando un matiz, insisto, no menos que siniestro. Quizás sea por este carácter que, al otro día de la publicación de las fotos, varios caricaturistas del mundo -creadores de imágenes oníricas por excelencia- debieron “disfrazar” las imágenes al modo de la elaboración secundaria agregándole elementos que embellecían y velaban las imágenes divulgadas. En una de ellas, se podía observar al niño, ya no yaciendo sobre la playa muerto, sino descansando sobre una confortable cama. En otra, muchos otros niños dormían plácidamente en la playa mientras las olas los tapaban (1). Disfrazando lo traumático del acontecimiento, enmascarando la muerte del niño por un “dulce sueño”. Se apeló, también, al simbolismo religioso convirtiendo al niño en un ángel al adornar, por ejemplo, su cuerpo con alas o elevando al mismo hacia el cielo. Un intento de parte de los caricaturistas de restaurar la protección anti estimulo y con ello el imperio del principio del placer.

2 (2).

El circuito por el que atraviesa un migrante que intenta llegar a Europa y se encuentra en estas zonas de conflicto armado o político es poco menos que una aventura, las más de las veces, trágica. Desde Europa se desalienta la salida del país de origen, si se sobreponen a esta advertencia el migrante tiene dos vías posibles para llegar al continente; por tierra o cruzando el Mediterráneo, ambas formas conllevan implícitos sus peligros y por supuesto, ninguna asegura la llegada. De lograrse este periplo, el migrante es depositado luego, en espacios de exclusión, centros de detención o campos de refugiados. Se estima que alrededor de 7 millones de sirios huyeron de su país en los últimos años, -el 25 por ciento de la población total- y son, además, la población que más pedidos de asilo tiene en la Unión Europea. Es uno de los mayores éxodos de la historia reciente y se convirtió en un verdadero “mercado de personas”. El 80 por ciento de los refugiados vive en los países limítrofes a su país de origen, por lo que Turquía es el mayor receptor de habitantes sirios.

Para tener una idea cabal de la magnitud de la situación en los últimos años: en el año 2015, 1.032.408 personas aproximadamente cruzaron el Mediterráneo y llegaron con vida a las costas de Europa. Casi 4000 personas murieron, entre ellas Aylan Kurdi, su hermano de 5 años y su madre. La cifra de muertes se incrementó el año siguiente, 5096 personas y arribaron con vida a Europa 373.652 personas. Se observa a partir de 2016 un descenso en las muertes y también en las llegadas (2017: 3139 muertes, 185.139 llegadas. 2018: 2277 muertes, 141.472 llegadas, 2019: 1335 muertes, 123.663 llegada). Sin embargo, el porcentaje de muertes en relación a las llegadas se incrementa año a año. Este descenso no parece correlacionarse con el alojamiento de los migrantes por parte de Europa -salvo honrosas excepciones- sino muy por el contrario, por políticas de restricción que obligan a los exiliados a quedarse en su país y someterse a la furia de sus conciudadanos o a una vida de privaciones producto de los enfrentamientos internos, guerras y demás en los países de origen. Políticas llamativas como la que se denominó el “pacto de la vergüenza” acrecientan el malestar. El acuerdo firmado en 2016 entre la Unión Europea y Turquía establece que los sirios que llegaban a la costa de Grecia serían trasladados a Turquía a cambio de 6000 millones de euros y convertir a Turquía en el guardián de la frontera europea. Plan que a todas luces fracasó. Del mismo modo que fracasa el guardián que anida en el preconsciente y es burlado por el sueño cuando no es disfrazado eficientemente.

Desde la muerte de Aylan Kurdi y hasta finales del 2018, 700 niños aproximadamente perdieron la vida en el Mediterráneo. Como es habitual, los niños son los más vulnerables, se estima que el 28 por ciento de las personas que llegaron a Europa por las rutas del Mediterráneo en 2019 eran menores que viajaron solos o con algún miembro de su familia; ellos son los más propensos a ser víctimas de abuso, explotación y maltrato.

La solución europea no parece garantizar las legislaciones vigentes en materia de derechos humanos, que suscribieron los países desarrollados; más bien pareciera intentar detener el flujo migratorio hacia Europa, utilizando políticas restrictivas hacia afuera de sus fronteras y desalentando la asistencia al prójimo hacia dentro (3).

Los datos son por demás elocuentes. Se despende de ellos que, el Mediterráneo se establece como límite de dos realidades muy distintas: de un lado de la orilla se amurallan las fronteras físicas y simbólicas, se erige el rechazo, el repudio y el desprecio, del otro lado, hambre, conflictos internos, guerras, destrucción y en el medio, los sueños de miles de personas que se ahogan en el Mediterráneo. Invitan al desánimo generalizado, haciendo eco las palabras de Freud cuando al referirse a la guerra decía: “Así, ese ciudadano del mundo culto (…) puede quedar desorientado y perplejo en un mundo que se le ha hecho ajeno, despedazada su patria grande, devastado el patrimonio común, desavenidos y envilecidos sus ciudadanos” (1915b p. 283).

3.

Si bien parece que la epidemia de coronavirus paralizó los movimientos y la vida de las personas en todo el mundo, ni la pandemia ni el confinamiento en las ciudades de Europa logró evitar el flujo migratorio y mucho menos las muertes. En el año 2020 se produjeron 1166 muertes y 94950 llegadas y en lo que va del año 2021 alrededor de 5833 personas llegaron por tierra y agua a Europa y al menos 59 murieron o están desaparecidos (4). Vivir en los campos de refugiados se tornó aún más difícil; condiciones precarias, hacinamiento, falta de agua potable y carencia en el acceso a la atención médica, combinación ideal para la trasmisión de covid-19 y una bomba de tiempo para las relaciones humanas. Un ejemplo: Al declararse el cierre de Moria -el mayor campo de refugiados de Europa, con capacidad para 3000 personas en la que vivían alrededor de 20000 ubicado en la turística isla griega Lesbos- a causa de casos de coronavirus, la tirante relación entre “los de adentro” y “los de afuera” se recrudeció aún más, dando como resultado incendios en el asentamiento que provocaron la destrucción casi total y la evacuación de los refugiados. La crisis sanitaria desatada por la epidemia de coronavirus soló puso de manifiesto la desprotección y fragilidad en la que viven millones de personas.

4.

Las sociedades se erigieron en base a la unión de sus miembros débiles por sobre los individuos fuertes y poderosos. A condición de que ninguno detente el poder irrestrictamente surgió la justicia y la noción de comunidad. Se trocaron las pulsiones egoístas e individuales por seguridad y bienestar social. Las familias se transformaron en castas, las castas en pueblos, los pueblos en países y aquello que se quiso evitar en un principio, la violencia entre individuos, reaparece, cuando flaquean los lazos libidinales, en forma grupal. Una paradoja, un defecto constitutivo de esta unión donde queda siempre alguien por fuera, sobre el que se deposita la agresión innata del ser humano. Lo que fue individual, el otro como factor para desencadenar violencia y sometimiento, se tornó grupal, los otros, los grupos que no forman parte de mi bandera, ideales o principios, que no comparten el shibbolet, que no son parte de mi kinship o no se identifican con los valores del grupo son segregados y marginados. También, en ocasiones, se los observa indiferentes echados a su propia suerte. El que está del otro lado del mar es potencialmente un enemigo que pudiera invadir la armonía del grupo, en invasor que atenta contra la comunidad, en rival al que hay que aniquilar. Mecanismo antiguo y conocido: todo aquello que no es placentero viene de afuera, fundamentalmente lo que es propio y fue rechazado. Caldo de cultivo de los nacionalismos, suscitado por representes inescrupulosos que bajo leyendas engañosas, promueven y perpetúan el segregacionismo mientras flamean banderas-slogans que se cristalizan como falsas verdades (las ahora llamadas fake news).

Bajo escenarios favorables se desvisten los ropajes con los que se suelen ocultar los habitantes de la civilización emergiendo la agresividad innata del ser humano y el otro -aquellos desfavorecidos- se convierten en una tentación “para satisfacer en él la agresión, explotar su fuerza de trabajo sin resarcirlo, usarlo sexualmente sin su consentimiento, desposeerlo de su patrimonio, humillarlo, infringirle dolores, martirizarlo y asesinarlo” (Freud 1930a, p.108), en última instancia: un ataque directo a la autoconservación.

Si en algún lugar de cada uno de nosotros se albergó la idea o creencia de que los estados democráticos y los avances tecnológicos iban a prevenir y garantizar el buen desarrollo del estado de inmadurez inicial, pudiendo saldar la paradoja antes mencionada, alojar las diferencias y permitir el desenvolvimiento individual y social, la situación de los refugiados – como tantas otras crisis que se están produciendo en simultaneo alrededor del mundo- pone en cuestión una vez más esa ilusión recordándonos que la regulación de los vínculos sociales es pobre y deficiente, dejando al refugiado a merced de los poderes de la naturaleza, apartándolos hacia las orillas para no percibirlos. Otra paradoja, el término “refugiado” se convierte en un oxímoron, aquel que se refugia de los peligros externos e internos, se lo vuelve a exponer a ellos.

Vale decir que, tal como sucede con las guerras, la situación de los refugiados nos desilusiona con respecto a lo que suponíamos avances de la cultura, dejando al desnudo que, para una porción importante de la población, ella no da respuesta, discrimina ciudadanos de primera clase de ciudadanos de segunda o tercera clase, sumerge en la desesperación y el odio a familias enteras, arrasando con la subjetividad de los implicados, haciendo de ellos meros datos estadísticos. Y es que si las ilusiones -para muchos consideradas “el patrimonio más importante de la cultura” (1927c, p.20)- tienen como finalidad la preservación de la humanidad ante el desvalimiento infantil y el poder de la naturaleza, además de corregir las imperfecciones de la cultura, no queda más que pensar que la desilusión, en esta ocasión, tiene rostro de refugiado y que los caricaturistas apelen a las representaciones religiosas para disfrazarla no hace más que confirmarlo, intentando reestablecer el statu quo, es decir, ahorrarnos sentimientos que por su cualidad son displacenteros para el yo para volver soportable el desvalimiento humano. Claro está, esto tiene un costo; el de alejarnos de la realidad efectiva acercándonos al escenario de los deseos infantiles.

5.

Las imágenes que circularon de la muerte de Aylan Kurdi han causado indignación y malestar tanto en aquellos que conocían la condición de los refugiados que se dirigen a Europa, como los que se anoticiaron por medio de ellas. También han generado respuestas reflejas por parte de los mismos políticos que hasta ayer se granjeaban abiertamente en la televisión de expulsar a los inmigrantes en nombre de leyes o imposibilidades supuestas propias de esos países.

Esas imágenes y otras tantas que han ido apareciendo con el correr de los años acrecentaron el debate acerca de las políticas inmigratorias, pero estos solo serán fructíferos en la medida que se pueda pensar de que hablamos al referirnos a diversas categorías como “inmigrante”, “refugiado”, “extranjero”, “residente” etc. En definitiva, poder pensar quién es el otro, a quién se expulsa, sea el nombre que se le quiera poner, reconocer la diversidad y los padeceres que ella conlleva, el extranjero que vive en el interior de cada uno de nosotros, que nos habita y segrega, sea disfrazado de niño o de político.

Ante tamaña situación quizás sea un “contento barato” (Freud, 1930a, p. 87), más no por eso menos necesario, pensar que la desilusión generada sea una primera respuesta al conflicto, siempre que ella nos acerque a la realidad y nos permita “soportar la vida” (Freud, 1915b p. 301).

Tal vez sea un error pensar esas imágenes como a un sueño de angustia y haya que conceptualizarlas como a los sueños traumáticos. Esos sueños que retrotraen al soñante una y otra vez a la situación traumática. O como una pesadilla que se caracteriza por el encierro, tal como puede ser el querer llegar a la orilla y que ésta se aleje. La pesadilla de familias enteras que buscan refugio y encuentran cárceles, intentando escapar de un infierno para terminar en otro, tal vez, aún peor.

(1) Ver anexo (2) Los datos transcriptos son de ACNUR, organismo de la ONU. https://www.acnur.org/ (3) Ejemplos hay de sobra: vale recordar que en 2019 detenían a Carola Rackete en Lampedusa, Italia, por desobedecer a la policía marítima de dicho país luego de que rescatara a 40 migrantes de las aguas del Mediterráneo y esperara respuesta por más de 48 horas de parte de la justicia italiana. (4) Datos de febrero de 2021

Bibliografía

Freud, S. (1900a [1899]): La interpretación de los sueños. AE. 4 y 5.
- (1912-1913). Tótem y tabú. AE, 13.
- (1915b). De guerra y muerte. Temas de actualidad. AE, 14.
- (1919h). Lo ominoso, AE, 17.
- (1920g). Más allá del principio del placer, AE, 18.
- (1927c): El porvenir de una ilusión. AE, 21.
- (1930a [1929]). El malestar en la cultura, AE, 21.

Garma, A. (1940). Psicoanálisis de los sueños, El Ateneo, 5ª edición, Paidós, Buenos Aires, 1974.
Jones, E (1931b). La pesadilla. Ed. Hormé, Buenos Aires, Argentina, 1967.
Lopardo, C. (2021a). El encierro onírico. La pesadilla en Relatos de la práctica psicoanalítica. Trasmitiendo experiencias. Comp. Sara Arbizer, Ricardo Vergara Ediciones, Buenos Aires, Argentina.
Winocur, J. (2010). Sueños y muerte en Garma en Revista Argentina de Psicoanálisis, n°4 (2010), p.855-860, Buenos Aires, Argentina.

Autor:

Christian Lopardo

Descriptores: SUEÑO / PESADILLA / CRISIS / MIGRACION

Candidatos a descriptor: REFUGIADOS / ENCIERRO

Directora: Mirta Goldstein de Vainstoc

Secretario: Jorge Catelli

Colaboradores: Claudia Amburgo

José Fischbein

María Amado de Zaffore

ISSN: 2796-9576

Los descriptores han sido adjudicados mediante el uso del Tesauro de Psicoanálisis  de la Asociación Psicoanalítica Argentina

Presidenta: Dra. María Gabriela Goldstein

Vice-Presidente: Dr. Rafael Eduardo Safdie

Secretario: Dr. Adolfo Benjamín

Secretaria Científica: Lic. Cristina Rosas de Salas

Tesorero: Dr. S. Guillermo Bruschtein

Vocales: Dr. Carlos Federico Weisse, Dra. Leonor Marta Valenti de Greif, Lic. Mario Cóccaro, Dr. Néstor Alberto Barbon, Psic. Patricia Latosinski, Lic. Roxana Meygide de Schargorodsky, Lic. Susana Stella Gorris.